“La lectura debe ser una forma de la felicidad.”

BIblioteca-Borges

Borges expuso durante esta entrevista, mucho antes de que yo naciera, una reflexión que consiguió abrirme los ojos. Comprendí, gracias a las palabras del genio argentino, que durante mi viaje para convertirme en escritor profesional había perdido el foco. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que había convertido la lectura (y por extensión la escritura) en una obligación, en un trabajo. Tal vez uno agradable, y que emprendía de buena gana, pero trabajo al fin y al cabo. Si leía era para mejorar, para aprender a construir personajes y tramas interesantes, para obtener material para mis reseñas, para empaparme de buena literatura, o para no cometer los errores de la mala. Pero me había olvidado de lo más importante, de la razón por la que, siendo niño, comencé a leer: porque me hacía feliz.

El placer no es obligatorio

“Creo que la frase lectura obligatoria es un contrasentido, la lectura no debe ser obligatoria. ¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado. ¿Felicidad obligatoria? La felicidad también la buscamos.”

El problema de los que nos dedicamos a la literatura es que la frontera entre nuestro trabajo, y nuestro pasatiempo, es muy fina. En mi caso, la literatura es mi pasatiempo, pero también mi trabajo (como dijo, en cierta ocasión, el escritor japonés Nisio Isin), y por eso me lo tomo muy en serio. Hasta el punto de que (ahora me doy cuenta de ello), me he forzado a leer libros, y a escribir sobre ciertos temas, sólo porque, tal vez a un nivel subconsciente, pensaba que los lectores, el mundo y, en definitiva, la sociedad esperaba eso de un escritor. Y de esta manera, todo lo que había de lúdico, de apasionante, en fin, de íntimo, alegre y divertido en la literatura fue muriendo lentamente dentro de mí.

A algunos de nosotros nos educaron para pensar que el trabajo debe ser aburrido, y que existe algo de indecoroso y repugnante en disfrutar de él. Tal vez éste sea el motivo por el que, a la hora de leer y de escribir, me he saboteado a mí mismo. ¿Y qué he sacado de todo esto? Lecturas que no me han hecho feliz, tiempo perdido, la infructuosa búsqueda de cumplir las expectativas de otros. He comprendido, tras mucho pensarlo, que el escritor-lector (pues no concibo el uno sin el otro) sólo puede sentirse realizado a través de una búsqueda casi hedonista de la felicidad. Que debe leer los libros que quiere leer, y escribir sobre lo que quiere escribir, en la medida de sus posibilidades, para no sentir cómo su arte, su trabajo, y su vida, se hunden en el sin sentido más absurdo.

Biblioteca de Babel

Leemos para ser felices

“Si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. La lectura debe ser una forma de la felicidad.”

En definitiva, creo que todo este asunto se resume en una cuestión de prioridades y de tiempo, porque todos nosotros moriremos algún día. Aunque de esta afirmación lapidaria no debemos extraer ningún mensaje nihilista. Al contrario: debemos ser consciente de que la vida es muy corta, de que los años vienen y van, y de que es absurdo aferrarse a vanas apariencias. Por mi parte, no quiero volver la vista atrás y arrepentirme de mi pasado. A día de hoy persigo el arte puro, la dicha infantil de descubrir nuevos mundos en la lectura, el placer inconmensurable de crear mis propias historias. Eso, para mí, es la literatura. Eso, para mí, es la vida.

Sin embargo, estas son mis conclusiones, que desde luego no tienen por qué coincidir con las tuyas. He fracasado en mi intento de comportarme de forma racional, responsable, y adulta; de convertir mi trabajo de escritor en el de un funcionario u oficinista. Sólo soy feliz cuando escucho a mi corazón, y mi corazón le dice a mi mente que se equivoca. Así que, por una vez, le haré caso. No quiero servir de modelo, ni te recomiendo que sigas los pasos de este soñador inmaduro e incorregible; pero permíteme la arrogancia de recomendarte a ti, que eres lector, y a ti, que tal vez eres escritor, que recuerdes las palabras de Borges: “la lectura debe ser una forma de la felicidad”.

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