1. Una de policías e investigadores «buenos» (o bastante correctos)

Acabo de empezar El último barco, la nueva y muy esperada novela de Domingo Villar con su inspector vigués Leo Caldas como protagonista. Caldas es uno de los poquísimos policías patrios a los que sigo con devoción hace mucho tiempo, porque soy más de agentes de la ley o investigadores de otros lares. Así que he vuelto a recuperar su bonhomía, su buen hacer y buenas maneras, su naturaleza nostálgica y tan gallega, y a la vez su eficacia. Y me he acordado de otros colegas contemporáneos parecidos. Para lectores de novela negra que prefieren a esos honrados, abnegados, rectos e incorruptibles servidores del orden y la justicia.

Un norteamericano, un noruego, un italiano, un francés y un germano-escocés

¿Qué comparten?

Hay muchos más, pero me he decidido por estos seis. Son todos de series reconocidas y escritores con sus nacionalidades. Y uno no pertenece a la Policía, sino que es investigador aficionado, pero entra en la lista por ser uno de esos personajes positivos, amables, simpáticos, generosos y sacrificados por sus amigos y allegados. Todos comparten virtudes parecidas independientemente de sus caracteres y orígenes.

Son eficientes, íntegros, sacrificados por su equipo, su gente o sus amigos, aunque se hayan convertido en unos canallas como el caso de Luca Betti y Marco Tanzi, el poli «bueno» y el poli «malo» de la serie de Milán Negro que firma Romano De Marco.

También tienden a la soledad y a la melancolía, incluso a la depresión, precisamente porque se reconocen esa naturaleza honrada y generosa. Pero sin duda todos comparten la necesidad de no sucumbir al atractivo y poderoso lado del mal con el que tanto conviven. Sí, posiblemente es un reto más difícil ser bueno que malo en la novela negra.

Martin Servaz – Bernard Minier

El comandante francés de la policía de Toulouse Martin Servaz sufre especialmente esa depresión y necesita tratamiento profesional en un momento determinado muy traumático. Es lo que tiene enfrentarse durante cuatro novelas a una némesis despiadada con la que, de momento, no parece que haya manera de acabar.

Bernard Minier nos lo presentó en Bajo el hielo y continuamos con El círculo, No apagues la luz y Noche. Y se ha convertido en uno de los más seguidos del género. A Servaz se le aprecia su compasión (demasiada quizás ya sobre todo en el último título) y cómo ha sacrificado buena parte de su estabilidad emocional por su trabajo.

Su lucha es más encarnizada por el contraste con ese psicópata invencible que atrapa a tantos y lo persigue sin tregua. Y sufrimos con él por su hija, por sus pérdidas y por su constante empeño en superar sus miedos, pero hacerlo bien.

Jan Fabel – Craig Russell

Jan Fabel es comisario jefe de la policía de Hamburgo. Medio escocés y medio alemán, tiene esas mitades justas que comparte con su creador, el escocés germanófilo y expolicía Craig Russell.

Fabel es recto hasta decir basta, impoluto en sus maneras y firme pero considerado con un equipo que lo respeta y lo admira. Él, a cambio, siempre está pendiente de ellos así como de su hija, que más de una vez corre peligro. Incluso se lleva estupendamente con su exmujer, aunque los lectores podamos sospechar que ella no es trigo limpio en varios momentos.

Solo lo hemos visto medio flaquear una vez (que tampoco) en el terreno personal, cuando echó una inesperada cana al aire en El Señor del Carnaval. Ante tanta rectitud tal vez Russell le concedió un respiro aprovechando ese ambiente carnavalero de Colonia. Pero demuestra controlar férreamente todos sus sentimientos, incluso los que queremos adivinarle por una componente de su equipo. Para mí es el más incólume.

Myron Bolitar – Harlan Coben

El norteamericano Harlan Coben creó en el exjugador de baloncesto, representante deportivo e investigador aficionado Myron Bolitar a ese amigo que todos querríamos tener. No se le puede pedir más simpatía ni disposición a ayudar y atender a los demás en cuanto tienen un problema. Además, es el hijo perfecto con amor absolutamente devoto por sus padres. Y por supuesto el mejor novio y el más enamoradizo, siempre para bien.

Pero lo más interesante es la relación de afecto y apoyo incondicionales con su mejor amigo Win Lockwood, el reflejo opuesto, oscuro y siniestro del mismo espejo. Juntos son invencibles por complementarios y son una de las mejores parejas literarias contemporáneas del género.

Luca Betti – Romano De Marco

Es lo mismo que ocurre con Luca Betti y Marco Tanzi. Romano De Marco creó a estos dos policías en la serie Milán Negro que componen Desaparecida y Ciudad de polvo. Hay que ser muy buena gente, y muy al modo italiano, para terminar ayudando a tu compañero y mejor amigo que un día se pasó al lado oscuro y además te engañó con tu mujer, pero que ha acabado viviendo en la calle y entonces desaparece su hija.

El bueno de Luca Betti no solo recoge y ayuda a Tanzi, sino que tiene que lidiar con esa ya exmujer de la que aún sigue enamorado, más su hija, más una nueva compañera que llega al departamento. La cuestión es que enternece su honradez y cómo acepta que no puede evitar ser así, pese a más complicaciones y la posibilidad de volver a salir escaldado. Así que tú tampoco puedes evitar admirarlo.

Holger Munch – Samuel Bjørk

Munch es ese comisario veterano, comprensivo, buen padre, marido y abuelo. Y en su trabajo se encarga de un equipo del que también se siente mentor. El noruego Samuel Bjørk creó en Viajo sola y El búho al prototipo poco visto en esos lares nórdicos del policía apacible, que intenta llevar los peores casos con el mayor control.

Munch es otro ejemplo con su contraparte en Mia Krüger, la joven pero inestable inspectora a la que debe volver a recurrir para trabajar. Así que agradeces su particular tranquilidad.

Leo Caldas – Domingo Villar

Más gallego que el pulpo a feira y más bueno que ese pan tan rico de su tierra. Y con ese toque de morriña, nostalgia y retranca que caracteriza a sus paisanos. Leo Caldas, además, es eficiente, incansable, intuitivo y con mucha mano izquierda. Pero es que también es un gran gourmet, un hijo atento y preocupado por su padre además de muy marcado por la temprana muerte de su madre. Y sobre todo muy herido por una ruptura sentimental.

Si también le contrapones a un ayudante aragonés sin freno ni medida, desquiciado por la retranca gallega, pero fiel, leal y de resolución contundente, te sale una de las mejores parejas del género negro patrio. Ya tienen su trilogía con Ojos de agua, La playa de los ahogados y este El último barco.

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