Movimientos Literarios

Miguel de Cervantes y el Renacimiento.

Miguel de Cervantes y el Renacimiento.

A lo largo de la historia, distintos movimientos literarios se han instaurado dentro del mundo de las letras. Cada uno en su momento, sintetizando las búsquedas y anhelos de la humanidad. Así como sus más profundos miedos y temores. Después de todo, el arte siempre ha funcionado como un reflejo de la realidad.

Muchos de los movimientos son autoconscientes. Cuentan con documentos fundacionales y manifiestos que dan cuenta de motivaciones, objetivos y necesidades. En la mayoría de los casos, el título responde a una revisión histórica que no incluye únicamente a la literatura o al arte.

Periodo Clásico: mesura

Todo comenzó en Grecia y después se extendió a Roma. Por supuesto que esta es una visión enteramente eurocentrista. El clasicismo comprende los siglos V a. C. hasta el V d. C. El equilibrio y la armonía eran los principales valores. Los autores se preocupaban por el espectador. Entretener era una de las motivaciones. Pero también enaltecer el alma.

La Iliada de Homero y Edipo Rey de Sófocles son dos emblemas de este tiempo. De una forma u otra, a lo largo de los años, la literatura siempre regresa a estos autores. Además que la “estructura aristotélica” sigue siendo el gran paradigma a la hora de contar historias. Concepto que desde la invención del cine a finales del siglo XIX ha reafirmado su vigencia.

La Edad Media: ¿oscuridad?

La belleza dejó de ser importante. Todo empezó a girar en torno a Dios… bueno, más bien en el miedo que se le tenía. Un periodo tan controvertido como extenso. Comprende desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta la llegada de Colón a América. Esto coincidió cronológicamente con la caída del Imperio Bizantino y la invención de la imprenta.

Los autores medievales, en líneas generales, cumplían una función didáctica. Su “trabajo” era promover patrones morales y que el pueblo conociese las reglas sociales a las que debía someterse. Muchas de las obras sobrevivieron gracias a la transmisión oral, lo que le aumenta el grado de imprecisión al análisis de este periodo. Aun así, piezas fundamentales llegaron a nuestros días. El Cantar de mío Cid es prueba de ello.

Renacimiento (de la humanidad)

El regreso de la luz. Muchos definen lo ocurrido en buena parte de Europa durante los siglos XV y XVI con esta frase. Una reivindicación para los movimientos clásicos que se gestaron en la Antigua Grecia. Es uno de los momentos artísticos más emblemáticos en la historia de la humanidad. Y aunque las artes plásticas y la arquitectura acaparan todos los focos, la literatura es un aspecto que no se puede obviar.

La naturaleza adquiere protagonismo. Lo mismo que una renovada mirada a la filosofía, pero entendida ahora como un elemento del cristianismo. Son los días de Leonardo Da Vinci y de Miguel Ángel. Este último, un destacado poeta, además de su conocida faceta de pintor y escultor. Shakespeare, Maquiavelo y Lutero también aparecen en escena. Lo mismo que la obra en castellano más importante de todos los tiempos: Don Quijote de Cervantes.

La recarga barroca

El barroquismo apareció para romper con la aparente normalidad imperante durante el Renacimiento. Vigente durante el siglo XVII, si bien mantuvo el espíritu del clasicismo, las voces de protesta dieron lugar en la literatura a narraciones más complejas. En donde no solo se prestaba atención a las formas. La elección de los temas a tratar era un asunto vital

Las historias de caballerías continuaron en boga, dejando también espacio para los relatos pastoriles y picarescos. En su interior se fraguaron varios movimientos autoconscientes, muchos de ellos contrapuestos entre sí. Como lo ocurrido en España con el Culteranismo, representado por Luis de Góngora y Argote y el Conceptualismo, que tuvo en Francisco de Quevedo su máximo exponente.

Neoclasicismo: una nueva revisión a los valores de siempre

Con el transcurrir de los siglos, la humanidad ha venido desarrollando un ritmo cada vez más frenético. Esto se refleja a la perfección en las artes: mientras “más modernos los tiempos”, la inconformidad y los cambios aparecen más rápido. La recarga que supuso el Barroco encontró una respuesta casi inmediata con el Neoclasicismo. Otra vuelta a lo que propusieron griegos y romanos.

Durante el siglo XVIII las letras recuperaron su finalidad moralizante, aunque esta vez focalizadas en la razón. Las formas siguieron siendo importantes, pero la meta era conseguir una comunicación depurada, clara y sencilla. Los adornos superfluos quedaron de lado. Fausto de Goethe es una de las piezas más representativas de este periodo.

Romanticismo y el arte de soñar

Durante la primera parte del siglo XIX el capitalismo y el pragmatismo empezaban a erigirse como los paradigmas vigentes. La literatura no mostró demasiado entusiasmo ante este panorama y respondió con surgimiento del Romanticismo. La defensa a la libertad individual fue uno de los principales motores de esta corriente. Así como la reivindicación del subjetivismo, la fantasía y el intimismo.

Aparecen los primeros reportajes periodísticos desarrollados no solo con visión informativa o como protesta. Estos también son vistos como una forma de manifestación artística. La lista de nombres de este periodo es tan extensa como heterogénea: Mary Shelley, Bram Stoker, Edgar Allan Poe, Gustavo Adolfo Bécquer y un larguísimo etcétera.

Realismo

El “reinado” del romanticismo no duró demasiado. En el mismo siglo XIX encontró oposición en el Realismo. No más subjetivismo, ni intimismo. El análisis de la realidad y de las experiencias humanas colectivas copan la escena. Los sentimientos y la necesidad de evasión son condenadas al olvido.

Madame Bovary de Gustave Flaubert representa en non plus ultra de este periodo. Una novela que además de controversial, resultó tremendamente revolucionaria. Destacan igualmente nombres como los de Alexandre Dumas y Henry James, entre muchos otros.

Modernismo

Rubén Darío y el Modernismo.

Rubén Darío y el Modernismo.

Los “tiempos modernos” finalmente llegaron. A inicios del siglo XX, después de una vorágine de movimientos y contramovimientos que aparecieron durante la centuria previa, el modernismo literario evoca, en cierta medida, otra vez al pasado. El amor y el erotismo copan la escena. Evadir el paso del tiempo está nuevamente permitido.

Las letras latinoamericanas ya están bastante maduras para este momento. Ya no solo se imita lo que llega de España, sino que también se propone. Tanto que el gran referente de las letras de este periodo nació justo en medio de un continente que ha reclamado desde siempre su originalidad. Hablamos del nicaragüense Rubén Darío y de su pieza fundamental: Azul.

El Avant – Garde

Franz Kafka y el Vanguardismo.

«Todos contra el mundo». Quizá un poco exagerada esta frase, pero las vanguardias artísticas nacieron para romper con todo lo previo. Surgen también para cuestionar el valor del academicismo. Es un periodo tremendamente inconforme donde la principal reivindicación se centra en la libertad de expresión.

Nació en paralelo con el modernismo, y el mismo istmo que le puso freno a su  “contemporáneo” (la Segunda Guerra Mundial) obligó a que se revisara su pertinencia. Nombres tan dispares como determinantes en la historia de las letras aparecen entre sus exponentes. Cuatro ejemplos:

  • André Bretón.
  • Julio Cortázar.
  • Franz Kafka.
  • Ernest Hemingway

La era de los “Post”

En cierta medida, es el periodo que estamos viviendo. Hablamos de un posmodernismo, además de posvanguardismo. Dentro de ambos, abundan otros movimientos esenciales en la historia de la literatura. Particularmente importante para las letras latinoamericanas, el realismo mágico, con Gabriel García Márquez como uno de sus máximos referentes.


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