Principales obras de Juan Ramón Jiménez

Frase de Juan Ramón Jiménez.

Frase de Juan Ramón Jiménez.

Cuando un internauta busca “principales obras Juan Ramón Jiménez”, los resultados apuntan a sus tres títulos más conocidos. Es decir, La soledad sonora (1911), Platero y yo (1914) y Diario de un poeta recién casado (1916). En ellos es posible identificar los rasgos más notorios de su estilo: subjetividad, perfeccionismo, contemplación, búsqueda de eternidad y “la belleza de la fealdad”.

Sin embargo, dentro de cualquier revisión literaria podría resultar muy sesgado limitarse únicamente a las publicaciones mencionadas. Al fin y al cabo, se trata de las letras de un ganador del Premio Nobel de Literatura. Además, en cada una de sus etapas creativas —sensitiva (1889 – 1915), intelectual (1916 – 1936) y verdadera (1937 – 1958)— publicó varios escritos trascendentales en su tiempo.

La vida de Juan Ramón Jiménez

Nacimiento y estudios

Nació en Moguer, España, el 23 de diciembre de 1881. Sus padres, Víctor Jiménez y Purificación Mantecón López-Parejo, se dedicaban al comercio de vino. El pequeño Juan Ramón cursó primaria en el Colegio de Primera y Segunda Enseñanza de San José. Luego, pasó al Instituto “La Rábida” (Huelva) y estudió bachillerato en la academia San Luis Gonzaga del Puerto de Santa María.

Inicialmente, Jiménez creyó que su vocación era la pintura; con ello en mente, se trasladó a Sevilla en 1896. No obstante, al poco tiempo completó sus primeros escritos en prosa y en verso y luego se hizo colaborador de varios periódicos y magazines andaluces. En paralelo, inició —por imposición paterna— la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla (la abandonó en 1899).

Depresión

En 1900 se mudó a Madrid, en donde publicó Ninfeas y Almas de violeta, sus primeros dos libros. Ese mismo año se sumió en una profunda depresión tras la muerte de su padre y posterior pérdida de todo el patrimonio familiar en un litigio con el Banco de Bilbao.

En consecuencia, Jiménez fue internado en un hospital psiquiátrico en Burdeos y posteriormente en el Sanatorio del Rosario de la capital española. De hecho, la depresión fue un padecimiento frecuente a lo largo de la vida del poeta. Especialmente, tras el estallido de la Guerra Civil con la posterior consolidación de la dictadura franquista y la muerte un sobrino en ese conflicto bélico.

El rompecorazones

Previo a convertirse en un verdadero casanova, el escritor andaluz estuvo muy enamorado de Blanca Hernández Pinzón, referida en sus versos como la “novia blanca”. Después, él “no discriminó” ni procedencia, ocupación o estado civil para sus conquistas amorosas. Las tuvo de todo tipo: mujeres casadas, solteras, extranjeras, e incluso —según José A. Expósito, su editor— hasta con monjas.

Etapas literarias de Juan Ramón Jiménez

Etapa sensitiva (1898 – 1915)

Las vivencias de donjuán de Jiménez fueron importantes debido a las letras que las reflejan, especialmente en Libros de amor (1911-12), estructurado en 104 poemas. Esta etapa fue la más prolífica del literato oscense. En ella reflejó la corriente modernista y el simbolismo literario de aquel tiempo junto al evidente influjo de Gustavo Adolfo Bécquer.

Asimismo, al final de esta etapa se nota la influencia simbolista francesa encarnada por intelectuales como Charles Baudelaire o Paul Verlaine, entre otros. Por consiguiente, en sus trabajos hay mucha relevancia del paisaje y de los recursos idealizados, en donde la melancolía es un sentimiento constante.

La soledad sonora (1911)

Este es uno de los poemarios menos estudiados de Jiménez, pero, no por ello menos relevante. Puesto que las formas presentes en la pieza, así como su contenido, reafirman el distanciamiento del poeta con la “herencia” modernista. Por ende, esta obra representa la apertura de una renovación poética muy audaz para su época.

Fragmento:

“El oro de la tarde se va poniendo rosa;

la verdura está quieta y el azul está frío;

y en la ilusión del sol, vuela una mariposa

elegiaca, indolente, transparente”…

Platero y yo (1914)

Es considerado por los académicos como uno de los textos líricos más importantes en español de todos los tiempos. Igualmente, para Jiménez significó una pieza de transición desde el modernismo literario hacia una forma expresiva cargada de sentimientos nobles y de densidad descriptiva. Por ello, Platero parece una historia para niños, pero, ciertamente, no lo es (afirmado por el propio autor).

Por otra parte, a pesar de las constantes referencias a su Andalucía natal y de ciertas coincidencias personales, tampoco es un relato autobiográfico. En realidad, Jiménez creó una poesía en prosa verdaderamente sublime, carente de un orden cronológico. Mas, el tiempo parece transcurrir eternamente hacia adelante, en donde los comienzos y los finales están representados por las estaciones.

Fragmento:

“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría que es de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro” (…) “Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…, pero seco y fuerte por dentro como una piedra”.

Rebajas Platero y yo (Clásica)
Platero y yo (Clásica)
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Otras obras de la etapa sensitiva de Jiménez

  • Rimas (1902).
  • Arias tristes (1902).
  • Jardines lejanos (1904).
  • Melancolía (1912).
  • Laberinto (1913).

Etapa intelectual (1916 – 1936)

En este período —bautizado así por él mismo— el poeta andaluz fue marcado profundamente por varios hechos trascendentales. El primero, su primera expedición a América y el acercamiento hacia la poesía anglosajona de autores como Blake, Yeats, E. Dickinson y Shelley, entre otros.

El segundo suceso fue su matrimonio con Zenobia Camprubí, su fiel compañera hasta sus últimos años. Por último, el mar se convirtió en una motivación crucial, pues para Jiménez el océano significó vida, intimidad, soledad, dicha y el tiempo presente perpetuo.

Diario de un poeta recién casado (1917)

Como su nombre lo indica, en esta obra Jiménez manifestó el impacto producido por su recién consumado matrimonio con Camprubí. Del mismo modo, la modernidad de New York transformó su concepción del mundo y propició el surgimiento de una lírica desprovista de adjetivos ornamentales. En donde el uso de sustantivos desnudos tiene el propósito de evocar imágenes elementales.

Adicionalmente, Juan Ramón Jiménez se distanció de las formas poéticas tradicionales en detrimento de una mezcla sorprendente e innovadora de subgéneros (de allí su trascendencia). Semejante combinación simbolizó el ajetreo caótico incesante de una metrópoli llena de contrastes. Específicamente, en esta obra coinciden las formas líricas mencionadas a continuación:

  • Poemas en prosa
  • Versos
  • Microrelatos
  • Axiomas
  • Greguerías
  • Escritos extrapoéticos

Otras obras de la etapa intelectual de Juan Ramón Jiménez

  • Estío (1916).
  • Sonetos espirituales (1917).
  • Eternidades (1918).
  • Piedra y cielo (1919).
  • Belleza (1923).
  • Canción (1935).

Etapa verdadera (1937 – 1958)

Inició con el exilio de Jiménez junto a su esposa hacia el continente americano debido a la Guerra Civil española. Por consiguiente, se hizo palpable un cambio de energía en las letras un poeta muy afectado y triste por los acontecimientos de su país. En concordancia, sus creaciones se volvieron más místicas, reflexivas y espirituales.

Para empeorar la situación, su esposa falleció en 1956 después de una larga lucha contra el cáncer. Por ello, su depresión fue tal, que ni siquiera acudió a recibir el Premio Nobel de Literatura obtenido pocos días antes de enviudar. Esa introspección y desolación acompañó al poeta hasta el día de su muerte, ocurrida el 29 de mayo de 1958.

Títulos de la etapa verdadera de Jiménez

  • Voces de mi copla (1945).
  • La estación total (1946).
  • Romances de Coral Gables (1948).
  • Animal de fondo (1949).
  • Una colina meridiana (1950).

Leyenda (1978 – post mortem)

Este libro merece una mención especial debido a que es la revisión completa realizada por el propio Juan Ramón Jiménez de su obra (1896 – 1956). Fue publicado por Antonio Sánchez Romeralo y posteriormente recibió una edición corregida en 2006 de María Estela Arretche.


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