Trilogía de El jinete de bronce. Clásico de novela romántica para estas fechas

La famosa trilogía de Paullina Simons

Sigo en modo san Valentín, que aunque de corazón negro también se me pone rosa cuando de vez en cuando. Esta trilogía de El jinete de bronce, escrita por Paullina Simons, es una de esas que me lo derriten. Y posiblemente de los más famosos títulos del género romántico en este nuevo milenio. Así que si sois almas diabéticas o escépticas de Cupido, absteneos de seguir leyendo. Pero si sois espíritus apasionados y enamorados, esta es vuestra lectura para estas fechas.

La historia de AMOR con mayúsculas entre Tatiana Metanov y el teniente del Ejército Rojo Alexander Belov (Shura para todos los que lo adoraremos siempre) es de las que dejan huella. Si además sois amantes de la Segunda Guerra Mundial y del frente ruso en particular, ya será el remate. En mi caso se dieron todas las condiciones. Fue de esas lecturas en el tren con el libro pegado a la cara para disimular las oleadas de emoción. Eso con la primera novela. Las siguientes fui capaz de leerlas en el teléfono móvil antes de que cayeran en papel.

Paullina Simons nació en la antigua Leningrado, hoy San Petersburgo, en 1963. Le gustaba escribir desde niña y con 10 años se mudó con su familia a los Estados Unidos. Esta trilogía, escrita y publicada en cinco años, es su mayor éxito.

El jinete de bronce (2000)

En la Leningrado de 1941 la guerra en Europa parece lejana. Allí viven dos hermanas, Tatiana y Dasha Metanov, que comparten un minúsculo apartamento con su familia. La vida bajo el gobierno de Stalin es dura, pero se convertirá en un infierno cuando lleguen los alemanes. Pero antes Tatiana, la ingenua hermana menor con apenas 17 años, conoce a Alexander, un teniente del Ejército Rojo de misterioso y turbulento pasado. El flechazo es instantáneo. Pero habrá tantas dificultades que se interpongan entre ellos, desde sus familias hasta el terrible asedio a la ciudad, que su amor casi será imposible. Casi.

Tatiana y Alexander (2003)

Por la guerra, embarazada, enferma y desolada, Tatiana logra llegar a Estados Unidos. Allí tratará de comenzar una nueva existencia con la ilusión de que Alexander, hecho prisionero, consiga escapar del negro destino al que parece condenado. Mientras, Alexander sufre lo indecible. Es solo el recuerdo de Tatiana y su esperanza de que siga viva lo que lo mantiene con fuerzas. Cuando la guerra acaba, ambos lucharán por encontrarse. Y lo conseguirán.

El jardín de verano (2005)

Tatiana y Alexander, junto a su hijo, han podido volver a Estados Unidos. Han sobrevivido a una guerra terrible, pero las heridas que llevan en el espíritu siguen abiertas. Y los años de separación los han convertido en extraños. Por primera vez pueden vivir como una familia, pero no les resultará fácil. Recorrerán el país buscando trabajos temporales, pero esa vida errática es una huida desesperada de esa carga emocional tan dura. Su amor y su felicidad se ven amenazados, y el que más sufre la situación es su hijo.

Por qué leerla

Porque lo tiene todo: gran historia, gran ambientación y grandes personajes, también los secundarios. Por su narración llena de intensidad. Tienes la misma sensación de realismo yendo por las calles congeladas de la Leningrado asediada o viajando por las largas carreteras de los Estados Unidos de los 60.

Y, sin duda, por la calidad y carisma dados a sus personajes principales. Con ellos te ríes y lloras. Te emocionas tan profundamente como sufres ante sus avatares y dramas. Viajas con ellos tanto físicamente como a su interior, y al tuyo. Vives y sientes al máximo sus encuentros y desencuentros, sus secretos, sus decepciones y sus pasiones. Pero sobre todo vives su mismo amor. Un amor que los mantiene unidos desde la adolescencia hasta la vejez. De esos que de vez en cuando necesitas que te cuenten y después ya no olvidas.

En fin, que quienes nos enamoramos con y de Tatiana y Alexander podrán corroborar mis palabras.


2 comentarios

  1. No creo que vuelva a leer jamás unos libros que me lleguen tanto al alma. No me canso de releerlos y siempre me emocionan el primer día. De hecho, es leer el final del tercero y llorar como una magdalena. Sencillamente maravillosos.

    1. Sin duda estamos de acuerdo, Kimberly. Lectura directa al corazón. Muchas gracias por tu comentario.

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