Habitaciones cerradas. 6 misterios policíacos para investigar

Días de reclusión. Y ya son unos cuantos. Muchos, quizá, en habitaciones cerradas, pero espero que no por haber caído enfermos. Estamos cansados también por la rutina rota, pero es posible que hayamos aprovechado para leer. Y a lo mejor ha caído alguno de estos. Misterios y crímenes en habitaciones cerradas es un recurso propio del género policíaco y lo han cultivado muchos nombres y en diferentes maneras e historias. Echemos un vistazo a estas 6 que firman clásicos como Agatha Christie, Gaston Leroux o John Dickson Carr.

Habitaciones cerradas

Recurso muy usado del género, llaman siempre la atención los crímenes (o delitos) ocurridos en espacios cerrados, léase habitaciones, pero también casas, grandes mansiones, apartamentos u otras estancias y lugares. Por parecer irresolubles o imposibles de haber sido cometidos y por el reto de escritores y lectores por darles sentido o descubrir su solución. Estos son algunos títulos escogidos.

La habitación cerrada – Maj Sjöwall y Per Wahlöö

Clásicos y pioneros de la novela negra nórdica contemporánea, esta pareja de suecos creó al inspector Martin Beck y lo puso en este caso. Y es que en un apartamento completamente cerrado por dentro, aparece un cadáver con un disparo en el pecho, pero donde no hay ningún arma.

El misterio de la mandarina – Ellery Queen

Escrita en 1934, es uno de los títulos más relevantes sobre el tema. También nos encontramos un cadáver, con el cráneo aplastado y la ropa del revés, en un habitación cerrada donde todos los muebles están colocados en el lado opuesto al que estaban en un principio.

El misterio del cuarto amarillo – Gaston Leroux

Uno de los primeros títulos. Leroux la escribió en 1907. La protagoniza el periodista Rouletabille, alter ego de su creador, que no investiga el lugar del crimen, y cuando lo hace es para descubrir al asesino. Los hechos suceden en una estancia del castillo de Glandier, llamada el cuarto amarillo, donde la puerta está cerrada por dentro y la única ventana que hay tiene barrotes.

El misterioso caso de Styles – Agatha Christie

La primera novela de ficción de la gran dama británica del misterio, que se publicó en 1920 primero en Estados Unidos. Aparecen los personajes más clásicos de Christie: el detective belga Hercule Poirot y su fiel amigo y compañero el capitán Hastings.

Y tenemos el habitual crimen en una mansión inglesa de Essex, la mansión Styles, donde la millonaria Emily Inglethorp es encontrada muerta en la cama de su cuarto, cuyas puertas estaban cerradas por dentro. Parece una muerte natural, pero el médico de la familia sospecha que la han envenenado.

El hombre hueco – John Dickson Carr

A Dickson Carr se le conoce como “el maestro del cuarto cerrado” y es uno de los grandes del género en cuanto a crear historias donde se resuelven crímenes aparentemente sin solución. En esta novela, también publicada en los años 30 y considerada como de las mejores, tenemos hasta dos. Uno ocurrido en una habitación cerrada donde se ve entrar, pero no salir, al asesino; y otro en una calle solitaria ante dos testigos que en realidad no ven nada.

Es la sexta que protagonizó el detective más popular de los cuatro que creó, el doctor Gideon Fell, un cruce o compendio tanto de Sherlock Holmes (Carr fue el primer biógrafo de Arthur Conan Doyle) y el padre Brown, de su admirado G. K. Chesterton, que también tocó el tema.

Asesinato en la mansión Darwin – Marion Harvey

Marion Harvey era el pseudónimo con el que firmaba sus obras un escritor de quien todavía se desconoce su identidad real. Y esta novela se publicó en 1922. En ella también tenemos el crimen de un millonario en su despacho, donde la única sospechosa parece ser su mujer, aunque ella insiste en su inocencia.

De nuevo un ingenioso detective aficionado en la línea de Sherlock Holmes, Graydon McKelvie, va desgranando las claves hasta dar con el asesino, que tal vez no lo es tampoco.


Un comentario, deja el tuyo

  1.   Interrobang dijo

    El misterioso caso de Styles, con s final.
    Asesinato en la mansión Darwin, 1922 y no 1927

    Saludos.

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