Guillermo Aguirre. Entrevista con el autor de Un tal Cangrejo

Fotografía: Guillermo Aguirre, perfil de Facebook.

Guillermo Aguirre es bilbaíno pero vive en Madrid y se dedica a la crítica literaria, además de ser columnista de Ámbito Cultural y coordinador de los cursos de Hotel Kafka. En esta extensa entrevista nos habla de Un tal Cangrejo, su última novela, y de mucho más. Le agradezco mucho que me haya dedicado su tiempo, amabilidad y atención.

Guillermo Aguirre — Entrevista

  • ACTUALIDAD LITERATURA: Tu última novela lleva por título Un tal Cangrejo. ¿Qué nos cuentas en ella y de dónde surgió la idea?

Guillermo Aguirre: Es la historia de un grupo de adolescentes, desde los 12 hasta los 18 años, y en el Bilbao de finales de los noventa, aunque la trama central funciona sobre todo a través de uno de ellos: Cangrejo. Son, todos ellos, muchachos que abandonan los estudios y se lanzan a las calles. Tenemos fracaso a partes iguales: fracaso sentimental, fracaso de la educación en casa y de la reglada y finalmente el fracaso de la violencia como vía para conseguir las cosas. De ella han dicho que es una novela dura, sin concesiones, violenta y también con cierto sentido del humor.

La intención era conseguir explicar mejor a esos adolescentes que se nos salen del tiesto, sus pasiones, sus motivaciones, su modo de pensar, de sufrir, y al tiempo colocar al lector un poco en el lugar de la sociedad: ¿qué hacemos con ellos? ¿Los salvamos, los condenamos? ¿Dónde los ponemos? La idea en sí no es tanto que surja, más bien estaba. Por estaba me refiero a que yo fui un poco un adolescente de aquellos, y cuando vives ciertas experiencias, parece de obligación contarlas si tienes la oportunidad.

En la novela creo una trama de ficción alrededor de una serie de violencias y crímenes que no ocurrieron, o no al menos a mí, pero la intención final es desplegar por detrás aspectos que sí que conozco de primera mano, y que vivifiquen la obra, que puedan hablarle de tú a tú a un adolescente con problemas, a un padre con un adolescente con problemas, o a cualquier ciudadano que sienta curiosidad por este tipo de casos y de adolescencias de cara B, por así decirlo. De las que caminan por el lado salvaje de la vida.  

  • AL: ¿Te puedes remontar a ese primer libro que leíste? ¿Y la primera historia que escribiste?

GA: Creo que se trató de El viento en los sauces, o quizá de Peter Pan. Al menos esos fueron los primeros libros que leí sin ayuda o sin compañía, y que no estaban llenos de dibujos. No recuerdo exactamente mi edad, pero recuerdo leerlos en otro cuarto diferente al mío, el de mi abuelo, para dormir más cerca del cuarto de mi madre (me daba miedo la noche). Creo que de ese miedo a la noche y de la incapacidad de dormirse fue de donde surgió gran parte del apetito por la lectura.

Por aquella época también debí de leer un libro llamado Los muchachos de la calle Pal, de Ferenc Molnár, un título menos conocido que lo anteriores, sobre chavales que a principios de los años XX se disputan a pedradas un descampado del barrio. Me fascinó. Quizás eso tenga algo que ver también con Un tal Cangrejo: La fascinación por lo oscuro, por lo violento, por el antihéroe es algo que lleva a Cangrejo a juntarse con los malotes de turno. Así que cuidado con esas cosa que resultan literarias, porque tanto salvan como condenan.

En cualquier caso, atendiendo a la otra pregunta, la primera historia que comencé a escribir fue en la máquina de escribir de mi abuelo, con las medias páginas del galgo. Era una historia llena de faltas de ortografía en la que tres personas descienden a un pozo y allá encuentran una civilización nueva en la que los animales hablan y viven como nosotros, y en la que los hombres hacen de mascotas. Por supuesto jamás la acabé, ni sabría decir como acaba, porque tendría yo unos nueve años, o así, pero aún anda por casa. A veces me la encuentro en una carpeta de la infancia, así que sé que existe, o que existió.

  • AL: ¿Un escritor de cabecera? Puedes escoger más de uno y de todas las épocas.

GA: Todas las épocas creo que son muchas para tener un escritor de cabecera en cada una de ellas. Si queréis os digo algunos libros de diversas épocas que más o menos me marcaron: El asno de oro, de Apuleyo. El lazarillo, El Adolphe de Benjamin Contant, Las aventuras de Huckleberry Finn o Moby Dick​… Con La vagabunda, de Colette, entraríamos ya en el siglo XX, y ahí la cosa comienza a multiplicare demasiado en relación a autores y autoras que me gustan o interesan: Forster, Evelyn Waugh, la Duras, Marguerite Yourcenar, todos los Roth y, de un tiempo a esta parte Annie Ernaux o Vivian Gornik… son demasiados en el siglo XX.

Escritores de cabecera: Lawrence Durrell, Le Carré y Terry Pratchett. No se parecen en nada salvo en lo inglés, y ni siquiera en eso, porque Durrell estuvo toda la vida intentando espantarse lo británico a base de mamporros exóticos mediterráneos, pero bueno. Son de mis escritores favoritos: el primero por su lenguaje, el segundo por sus historias, el tercero por su humor.   

  • AL: ¿Qué personaje de un libro te hubiera gustado conocer y crear?

GA: En cierta medida es complejo responder a esto sin regresar a las respuestas anteriores: ¿quién no hubiera querido crear a Peter Pan? ¿O al fantástico Sapo hilarante de El viento en los sauces? Mi madre me puso mi nombre por un personaje también de libros infantiles: Guillermo Brown, o el Travieso, creado por Richmal Crompton. ¿Quién no hubiera querido crear a Guillermo Brown?

Yo, si tengo que conocer a alguien, prefiero a cualquiera de los personajes de mis lecturas infantiles que a Madame Bovary o no sé, que a Holden Caulfield, por ejemplo, el de El guardián entre el centeno… Paso de esa peña. Tiene que ser muy mágico crear algo que se meta tanto en la cabeza de un niño. Y ya puestos, ¿por qué conocerles? Yo lo que quisiera es poder ser esos personajes por un ratejo.     

  • AL: ¿Alguna manía o costumbre especial a la hora de escribir o leer?

GA: Escribo medio de pie, porque soy muy nervioso y fumo mucho. También leo medio de pie, por los pasillos y etcétera. A veces blasfemo cuando escribo, o lanzo improperios a la nada. Relaja la mente, eso.

  • AL: ¿Y tu sitio y momento preferido para hacerlo?

GA: Pues cuando era joven pensaba que quedaba muy bien escribir de noche, rollo tipo infame medio borracho y tal. Quedaba como bonito, pero no se escribía un carajote. Hace muchos años que cambié el horario. Escribo sólo por la mañana (si es que escribo, que yo soy de procrastinar mucho), y a ser posible tomando leche manchada de café. Ya, si eso, por la tarde leo. O no. 

  • AL: ¿Hay otros géneros que te gusten?

GA: Claro. Siquiera sé muy bien a qué género pertenece Un tal Cangrejo, por ejemplo, ya que aunque tenga mucho de novela de calle y algo de cosa quinqui y un poco de realismo sucio, también tiene mucho de la fantasía, porque el personaje principal (Cangrejo) reimprime sobre la realidad del Bilbao de los noventa la mitología de su propia imaginación, y así ve el colegio como un castillo medieval, o su presencia en los parques protegiendo a los suyos como si estuviera en la antigua Roma y fuera un funcionario del César. Me gustan algunas novelas históricas, como Yo, Claudio, y en esa dirección.

También me gusta la fantasía gótica costumbrista, rollo Shirley Jackson. Me gusta también, como se ha visto antes por Le Carré, el género de espías, (recomiendo El topo). Algo menos la novela bélica, pero uno debe leer al menos una vez Los desnudos y los muertos, de Mailer.

Me gustó mucho en un tiempo las historias de piratas o del mar, y también leo bastante Western (recomiendo a Oakley Hall y a McCarthy). Por ejemplo, en mi pasada novela, El cielo que nos tienes prometido, intenté traerme el género del Western a la España de los años ochenta, y en otra novela anterior, Leonardo, había en medio de una infidelidad de pareja en la actualidad una historia de piratas. En fin, me gusta jugar con diversos géneros también al escribir. Es algo que hacemos para divertirnos los que no le sacamos cuartos a esto de las novelas. 

  • AL: ¿Qué estás leyendo ahora? ¿Y escribiendo?

GA: Demasiadas cosas a la vez, porque abro muchos libros, leo de modo disparatado, desordenado, caótico. Ahora tengo en lectura La gran ola, de Albert Pijuan, Pensilvania, de Juan Aparicio Belmonte, Trajiste contigo el viento, de Natalia García Freire, Lo demás es aire, de Juan Gómez Bárcena y En la celda había una luciérnaga, de Julia Viejo.

Se entiende que con todo eso que ando leyendo, más la promo de Un tal Cangrejo, ahora mismo no estoy escribiendo nada. Ando en fase de dejar que asienten ideas, pero jugueteo con volver al western moderno, esta vez trabajando con la figura del Redneck pero en Castilla y León (existen), o bien a una historia de espías mileuristas, amigos, amor y celos locos de pareja. Habrá que ver.  

  • AL: ¿Cómo crees que está el panorama editorial y qué te decidió a ti para intentar publicar?

GA: Bueno, cuando uno escribe quiere que le lean. Así que todo el mundo que escribe quiere publicar, no es tanto que se decida o no por ello. Vamos, uno desea publicar sin importar demasiado cómo esté el panorama editorial. Además, se dice que está en crisis desde siempre, pero el panorama editorial no tiene que ser cosa de los autores, creo yo, o no al menos en exceso. Cada mochuelo a su olivo. Del panorama editorial que se preocupen los editores, los escritores a escribir. 

  • AL: ¿Te está siendo difícil el momento de crisis que estamos viviendo o podrás quedarte con algo positivo para historias futuras?

GA: Al momento de crisis le pasa un poco al panorama editorial, ¿no? Desde el 2008 que andamos de una en otra, parece que la crisis ya está desde siempre, vamos. Yo a menudo digo que el escritor es un poco un testigo del mundo. No ha venido a arreglarlo, más bien a mirarlo y narrarlo como buenamente pueda, así que en los problemas siempre existe carnaza para la escritura. Pero también cierta contradicción: para la escritura el conflicto y la falta suelen ser buen asunto, pero cuando ya han pasado y uno escribe desde la distancia, y ya tiene modo de poner comida en la mesa y de calentarse los pinreles. 


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