Reseña: “Insularidad, el viaje interior de un corredor”, de Ralph del Valle

Reseña: "Insularidad, el viaje interior de un corredor", de Ralph del Valle

Hace un tiempo os hablé de Insularidad, el viaje interior de un corredor, de Ralph del Valle, finalista del Premio Desnivel de Literatura 2014.  Desde la editorial tuvieron la amabilidad de enviarme un ejemplar del libro, que ha cumplido con creces las expectativas que tenía sobre él. Han pasado casi tres meses desde aquello. Pero no penséis que he tardado casi tres meses en leerlo: es que le he leído y releído durante todo ese tiempo varias veces. Y volveré a hacerlo. Los pensamientos, las situaciones, las reflexiones, la historia en sí misma me ha impresionado tanto que una y otra vez siento la necesidad de releer los párrafos varias veces, y quedarme “relamiendo” frases en la cabeza como el que da vueltas a un caramelo en la boca.

Si corres, si alguna vez has corrido, si sientes la necesidad de empezar a correr, si necesitas entender por qué la gente se lanzar a devorar la carretera con sus zapatillas (o con su bicicleta, con sus bastones, qué más da) o simplemente sientes curiosidad por saber por qué la gente corre, entonces tienes que leer este libro. Tal vez la afirmación con la que comienza el relato, “un hombre que corre es un hombre que huye” te parezca demasiado radical. Pero entenderás muchas cosas si lees este libro, y no solo sobre el hecho de correr. Porque Insularidad es un viaje interior que explora muchas cosas, y que, corras o no, seguro que te sientes identificada con alguna de ellas, en mayor o menor medida. 

Insularidad es un libro un poco extraño. Y eso, en literatura, es un elogio, al menos ahí está mi intención.  Es la historia de un hombre joven que plasma sus reflexiones a la vez que nos va contando poco a poco una historia que, como lectores, tenemos que reconstruir. Pero la historia es sencilla. Nuestro protagonista es un hombre separado que, tras el fracaso amoroso, un fracaso que no ha conseguido superar, se muda cerca de Berlín, al menos eso se supone, porque realmente nunca dice exactamente dónde está. Realmente, todo está envuelto en una especie de halo de misterio. No sabemos su nombre, y solo emplea iniciales para mencionar a otras personas, salvo a aquellas que no resultan relevantes y son simples personajes que se cruzan en algún momento en su vida para no volver más.

El relato está escrito como si fuera un diario. En este sentido, no tiene una estructura aparente muy definida, sino que el protagonista avanza, unas veces escribiendo más y otras menos, e intercalando retazos de su vida que le sirven para alumbrar sus pensamientos e intentar encontrar una explicación a su vida, a lo que ha vivido y a lo que está viviendo.

El protagonista empieza su relato en mitad del “invierno prusiano”, corriendo. Pero, ¿por qué corre? Esta es una de las grandes incógnitas que él mismo intenta descifrar: los motivos que le llevan a entrenar con la intensidad que lo hace, los motivos que le empujan, las razones por las que lo necesita como el respirar. A medida que avanza el relato, el protagonista nos va desvelando que, con motivo de su fracaso sentimental y nada más a llegar a su nuevo destino, decide ponerse un reto: correr una media maratón en un plazo de aproximadamente 6 meses. Pero nuestro protagonista ni si quiera es deportista.

¿Alguna vez te has propuesto alcanzar un reto que te pareciera imposible? Porque esta es uno de los grandes temas de los que habla este libro: del poder de superación, del esfuerzo y de la necesidad de ponerse metas para superar las propias limitaciones.

“La vida es ir saldando cuentas pendientes”

Para mí, esta es la frase que mejor resume la esencia de esta historia, al menos la que más me ha calado, y que no deja de sonar en mi cabeza, como esas frases motivacionales que gustan tanto a todo el mundo y que pueden convertirse en un faro en medio de la noche. Y eso que el libro está plagado de sentencias y fragmentos maravillosos.

En realidad, todo el libro gira en torno a esta idea. Y al final, después de haber arrastrado la idea inicial (correr para huir), llegamos a una resolución cargada de esperanza. Porque, al final, podemos saldar esas cuentas pendientes.


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