Fronteras de aire

Pintura del autor © Vladimir Kush.

Pintura del autor © Vladimir Kush.

Creo que fue durante la época en la que el ébola “parecía” convertirse en la mayor amenaza de nuestro tiempo  cuando este relato surgió.

La literatura romántica no es mi especialidad pero, igualmente, creo (y espero) que Fronteras de aire es un buen cuento para los soñadores.

¿Atravesamos los límites?

Fronteras de aire

En la televisión no se hablaba de otra cosa. Una terrible enfermedad llegada de un país lejano comenzaba a cobrarse unas primeras víctimas condenadas a permanecer en ataúdes de cemento sin una brizna de aire puro, jorobadas por las bombonas que les permitían exhalar suspiros de plástico.

En la soledad de un jardín moteado por las flores del jazmín descuidado, Rafael encendió su ordenador esperando poder verla, a ella, a la mujer que aún después de once años seguía soplando dientes de león en sus entrañas. Encendió la cámara del ordenador, pestañeando varias veces para retar a sus miedos. Su imagen distorsionada, envuelta por la oscuridad decadente, mostraba a una mujer pálida, enfundada en una mascarilla conectada al oxígeno. En aquellos momentos al marido se le caía el mundo encima. “Y pensar que la brisa de las playas acuñó nuestro amor”, pensaba. Pero debía demostrar seguridad, aunque Ofelia ya lo hiciera por los dos.

 – ¿Cómo te encuentras?

– Bien.

– ¿Seguro?

– Sí, amor mío.

Sus mejillas dormidas indicaban lo contrario. Después, se hizo un silencio incómodo.

– No tienes de qué preocuparte.

– No hay más que verte.

Otro silencio.

– Te quiero, ¿sabes?

– Y yo a ti.

Ofelia se mordió los labios, confirmando las sospechas de su esposo.

Rafael cerró la pantalla del ordenador y lloró sobre el mismo, conquistado por una intuición que ni siquiera una mujer curtida en malabarismos emocionales había conseguido confundir. Miró a su alrededor y se dejó mecer por el último ronroneo del mar. En el aire flotaban cuchillos invisibles y su corazón palpitaba más fuerte que nunca, buscando los páramos rosados de su piel. Rafael vagó por el jardín mientras fumaba un cigarrillo con los ojos clavados en la luna, su oráculo en los momentos oscuros.

No podía más. Entró en la casa y subió las escaleras, dispuesto a acabar con todo, a aniquilar la opresión en el pecho. Recorrió los pasillos blancos de la casa aún dubitativo, secando sus lágrimas en las paredes. Abrió la puerta de la tercera planta y, con decisión, la cerró rápidamente, quedando suspendido en la oscuridad. Rafael penetró en la prisión en la que una simple puerta era el mayor insulto al amor hasta reconocer el aroma del agua de rosas, esa ternura erosionada en su voz. Los amantes se fundieron dejando volar los escrúpulos, pensando que nadie vendría a buscarlos ni a preguntarles por qué un hombre había decidido sacrificar su vida por una última noche en el paraíso.

Fronteras de aire fue escrito en 2015 y publicado días después en la red Falsaria, donde tuvo muy buena aceptación. Espero que os haya gustado.

Un abrazo,

A.


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Literatura

Alberto Piernas

Amante de la literatura exótica (Arundhati Roy, Thiong'o, Gabo) y escritor de viajes y literatura. Como autor de ficción he publicado Cuentos de... Ver perfil ›

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