
El poemario ‘Y de repente abril’ marca el estreno literario de la escritora y profesora manchega Caridad Gómez, una autora que llevaba décadas escribiendo en silencio y que, por fin, se decide a compartir su universo poético. La obra, publicada recientemente, se adentra en un viaje íntimo desde la herida hasta la sanación interior, con el mes de abril como metáfora de ese renacer que llega cuando parece que todo está perdido.
Con una voz sencilla y muy pegada a la emoción, Gómez propone al lector un trayecto que va del dolor a la esperanza, explorando las cicatrices personales, los fracasos vitales y las pérdidas afectivas, pero también la capacidad humana para recomponerse. No se trata solo de un libro sobre el amor romántico, sino de una reflexión más amplia sobre cómo atravesar el sufrimiento y encontrar un espacio de calma propia.
Un primer poemario gestado desde la experiencia y la intimidad
La autora, natural de Fuenteálamo (Albacete) y docente de Lengua y Literatura en secundaria, se ha mantenido ligada a la escritura desde los 12 años, aunque no había dado el salto a la publicación hasta ahora. ‘Y de repente abril’ reúne 53 piezas líricas que nacen de ese largo recorrido vital y creativo, donde la poesía ha funcionado como refugio, como cuaderno de emociones y, finalmente, como herramienta de comunicación con los demás.
Según explica la propia Gómez en una entrevista concedida a Europa Press, la iniciativa de convertir esos textos íntimos en libro llegó hace apenas unos meses, cuando se animó a ordenar y dar forma a todo ese material. Se propuso entonces poner sobre el papel sentimientos muy personales y momentos de tránsito emocional, para que cualquier lector pudiera reconocerse en ellos y acompañarla en ese viaje interior.
La autora subraya que no concibe el poemario como una colección de poemas de amor al uso, sino como un relato poético de renacimiento existencial. En sus versos comparecen distintas heridas: la del desamor, la del fracaso, la de las crisis vitales o existenciales que marcan ciertas etapas de la vida. Lo que le interesaba era mostrar el paso de la herida a la cura, el movimiento desde la oscuridad hacia una luz posible.
Para Gómez, el propio gesto de escribir y publicar forma parte del proceso de sanación. Poner cada emoción en palabras, exponerla a la mirada de otros y asumir que puede ayudarlos a hacer su propio recorrido se convierte en un acto de catarsis. Tal y como comenta, su esperanza es que los lectores entiendan, a través de estos poemas, que todo acaba pasando y que regresar a uno mismo es, en realidad, el núcleo del libro.
La poesía como espejo compartido de lo que sentimos
Uno de los aspectos que la autora remarca es que su motivación nunca fue económica ni ligada al éxito comercial. Su objetivo principal era que el público pudiera por fin entrar en contacto con aquello que llevaba tantos años trabajando en silencio. En su visión de la poesía se cuela una idea que asume como propia: la de que los versos funcionan como una especie de autobiografía colectiva de la especie.
En esa línea, Gómez sostiene que todos transitamos por experiencias y emociones que se repiten: lo que nos llena, nos hiere o nos cura suele tener ecos en otras vidas. La poesía, según su mirada, pone nombre a esas vivencias que casi todo el mundo conoce, pero que a menudo cuesta expresar. De ahí que conciba el libro como un intento de poner en palabras ese repertorio de sentimientos compartidos que atravesamos en mayor o menor medida.
Para acompañar este viaje poético, el volumen cuenta con un prólogo del escritor y crítico Andrés García Cerdán, una figura consolidada en el panorama literario español. El prologuista destaca la capacidad de Caridad Gómez para transformar la tristeza en canto, utilizando la imagen de un jilguero que convierte la pena en música. Esa habilidad para sublimar el dolor a través del lenguaje es uno de los rasgos que, a su juicio, definen el libro.
García Cerdán se refiere al conjunto como un “diario sentimental” y lo presenta como el relato de una aventura interior, tejida desde la honestidad. En su prólogo, invita a veces a guardar silencio y dejar que sea “el corazón quien hable”, subrayando que los poemas de Gómez no se esconden tras artificios retóricos, sino que hablan de lo íntimo con una sencillez que busca conectar con quien lee sin levantar demasiadas defensas.
Estructura del libro: del dolor a la cura pasando por el camino
‘Y de repente abril’ se organiza en tres grandes bloques que reflejan las etapas fundamentales del proceso interior al que alude el título: dolor, camino y cura. La primera parte se centra en aquello que nos duele, tanto a nivel individual como colectivo. Aquí se dan cita poemas que dialogan con pérdidas, desencuentros, desengaños o heridas que arrastramos durante años.
En ese tramo inicial aparece, por ejemplo, el poema ‘Tantas como ella’, donde la autora se detiene en la realidad de la prostitución. A través de este texto, intenta recordar que, incluso cuando uno está completamente inmerso en su propio sufrimiento, no puede olvidar el dolor ajeno. La pieza pone el foco en la necesidad de mantener viva la empatía, una idea que recorre varias composiciones del libro, aunque la autora reconoce que no sabe hasta qué punto se interpretará tal y como ella la concibió.
El segundo bloque del poemario está dedicado al tránsito, entendido como ese camino que es la vida misma. En esta parte, los poemas registran los altibajos, los encuentros y desencuentros, las personas que llegan en momentos poco oportunos o los cambios de rumbo que van dando forma al día a día. Se habla de rupturas, de nuevas oportunidades y de esos estados intermedios en los que uno todavía no ha salido del todo de una etapa ni ha entrado plenamente en la siguiente.
La tercera y última sección se orienta a la cura, donde la mirada se desplaza hacia la luz que puede encontrarse incluso en medio de la oscuridad. La intención de Gómez es mostrar cómo, con el paso del tiempo, las heridas dejan de sangrar tanto y se convierten en cicatriz. Este tramo busca transmitir la idea de que todo proceso emocional tiene un desenlace, y que, aunque duela, termina abriendo una puerta distinta.
Es en esta parte donde se sitúa el poema que da título al libro, ‘Y de repente abril’. En él, la llegada de este mes simboliza el momento en que, tras un largo invierno emocional, vuelven a abrirse las flores y la tierra parece despertar. La autora juega con la imagen de que la risa acaba regresando, de que la vida se rehace poco a poco y de que, tarde o temprano, aquello que parecía insuperable queda atrás, aunque no se olvide del todo.
Una profesora que escribe desde las aulas: proyectos y vocación
Además de poeta, Caridad Gómez es profesora de Lengua y Literatura en el Instituto Miguel Hernández de Ocaña, en la provincia de Toledo. Su día a día transcurre entre libros, exámenes y adolescentes, un entorno que alimenta su escritura y que, al mismo tiempo, le plantea desafíos constantes. Desde esa doble mirada, la autora reconoce que publicar este poemario ha supuesto también dar ejemplo a su alumnado de que la literatura sigue siendo una vía válida para expresarse.
Preguntada por sus planes de futuro, admite que, si se le hubiera planteado la cuestión hace apenas unos meses, probablemente habría respondido que no pensaba sacar otro libro. Sin embargo, ahora confiesa que tiene ya una nueva idea rondándole la cabeza. Esta vez, le gustaría centrar su escritura en el mundo de la docencia: el profesor, el alumno, la convivencia en los centros educativos, las alegrías y frustraciones que atraviesan quienes trabajan en las aulas.
Ese posible proyecto se encuentra todavía en una fase muy inicial, prácticamente esbozado solo en su imaginación, pero la autora reconoce que siente ilusión por explorar literariamente el universo educativo. Considera que ahí hay muchas historias que contar, tanto desde el punto de vista de los docentes como del del alumnado y del resto de profesionales que sostienen el sistema.
Mientras esas ideas se asientan, ‘Y de repente abril’ se convierte en su carta de presentación ante el público lector. Un libro que la muestra tal y como es en lo creativo: cercana, emocional, preocupada por el sufrimiento propio y ajeno, y con una clara voluntad de tender puentes entre la experiencia íntima y ese espacio común donde tantos se pueden sentir reflejados.
Poesía en tiempos de inmediatez y pantallas
La faceta docente de Gómez influye de lleno en su percepción sobre el lugar que ocupa hoy la lectura entre los jóvenes. Desde las aulas, observa con cierta preocupación cómo, en la actualidad, se lee menos y con menos calma. La irrupción de las redes sociales, los vídeos breves y el consumo acelerado de contenidos ha ido desplazando, en muchos casos, el hábito de sentarse con un libro y dedicarle tiempo sostenido.
Consciente de ese cambio de hábitos, la autora ha optado por incorporar en su poemario textos de distinta extensión, incluyendo algunos poemas muy cortos. Lo hace pensando precisamente en los lectores más jóvenes, acostumbrados a formatos inmediatos como los de Instagram u otras plataformas. Sabe que muchas veces se quedan con el mensaje breve y no llegan al texto largo, de modo que busca que también puedan encontrar versos que se ajusten a ese ritmo sin renunciar al fondo emocional.
Aun así, en su diagnóstico general, Gómez considera que la situación no va a mejor. Tiene la impresión de que las redes ocupan prácticamente todo el tiempo de buena parte del alumnado, lo que deja menos espacio para la lectura pausada. Recuerda que, cuando ella estudiaba, quizá no todos leían mucho, pero quienes se enganchaban a los libros lo hacían con una intensidad distinta, encontrando en ellos un refugio que ahora compite con demasiados estímulos.
Eso no significa que renuncie a la esperanza ni que no haya excepciones. Siempre aparecen estudiantes que se acercan con entusiasmo a la literatura, que piden recomendaciones o que se interesan por la escritura creativa. Pero, en términos generales, no cree que el auge de las pantallas favorezca una mejora del hábito lector. De ahí que reivindique la importancia de seguir defendiendo, desde la escuela, la lectura como una forma de conocerse mejor y de ensanchar la mirada.
‘Y de repente abril’ se presenta así como un libro nacido entre pupitres y experiencias vitales, un poemario que recorre el dolor, el tránsito y la cura con un lenguaje cercano y directo. A través de sus 53 poemas, Caridad Gómez hilvana una especie de mapa emocional donde el amor, la empatía y la posibilidad de renacer funcionan como ejes centrales. Para quien se acerque a sus páginas, la propuesta es sencilla pero exigente: detenerse, reconocerse en lo que duele y permitir que la palabra poética abra, poco a poco, una ventana a esa luz que a veces llega, casi sin esperarlo, como un abril que irrumpe de repente.