La Universidad de Salamanca ha decidido echar la vista atrás para rescatar una de las facetas más sorprendentes de su rector más ilustre. A través de una cuidada edición facsímil, la institución ha recuperado Mecanópolis, un relato que demuestra que Miguel de Unamuno no solo estaba preocupado por los conflictos existenciales o el destino de España, sino que también tuvo tiempo para imaginar un futuro dominado por la tecnología mucho antes de que este género fuera bautizado como tal.
Esta iniciativa se presenta como un plato fuerte dentro de una programación cultural que busca humanizar y acercar la figura del pensador a los tiempos modernos. Al final, lo que se pretende es poner de relieve cómo un autor de su talla fue capaz de adelantarse a debates éticos actuales sobre la automatización, dejando claro que su curiosidad intelectual no conocía fronteras ni se detenía ante el avance imparcial de la ciencia y la ingeniería de principios del siglo XX.
El origen de una ciudad dominada por máquinas
El relato vio la luz originalmente un caluroso 11 de agosto de 1913 en las páginas del suplemento literario Los lunes de El Imparcial. En aquel entonces, nadie hablaba de ciencia ficción en las tertulias madrileñas, pero Unamuno ya estaba trazando las líneas maestras de una distopía en la que el ser humano perdía el control frente a sus propias creaciones mecánicas. Es lo que los expertos denominan hoy como protociencia ficción, un testimonio temprano de la inquietud que generaba la industrialización acelerada en las mentes más brillantes de la época.
La historia nos traslada a una ciudad ficticia donde no hay rastro de vida humana, al menos no de forma visible, ya que el entorno está gestionado íntegramente por máquinas. Unamuno se sirvió de esta metáfora para hablar del progreso y de cómo este puede terminar anulando la esencia del individuo si no se maneja con cuidado. Resulta curioso ver cómo, con un lenguaje muy de su tiempo, el autor describe adelantos que hoy llevamos en el bolsillo pero que en 1913 no eran más que fantasías que a muchos les sonaban a chino, recordándonos la atmósfera de obras como Fahrenheit 451.
La conexión británica: Unamuno y H.G. Wells
Uno de los descubrimientos más jugosos que acompaña a este rescate editorial es la profunda conexión entre el autor bilbaíno y el padre de La guerra de los mundos, H.G. Wells. No era una simple admiración a distancia; se ha confirmado que mantenían una relación epistolar y un intercambio de libros que duró años. De hecho, en la biblioteca personal de Unamuno se conserva un ejemplar de Anticipaciones de Wells, un ensayo de 1902 que el rector salmantino subrayó y anotó con verdadera pasión, dejando huella de su sintonía intelectual.
Esta amistad llegó a su punto álgido en febrero de 1936, cuando Wells invitó formalmente a Unamuno a una cena en su casa de Londres. El plan no podía ser más moderno para la época: después de cenar, ambos genios acudirían al Leicester Square Theatre para ver el estreno de la película Things to Come, una cinta basada precisamente en la obra de ciencia ficción del británico. Este hallazgo documental, que incluye la carta manuscrita original, nos permite ver a un Unamuno plenamente integrado en la vanguardia europea, charlando de tú a tú con los grandes faros del pensamiento internacional.
Ciencia, espiritualidad y visitas guiadas
Aunque ambos autores compartían el interés por el futuro, sus caminos se bifurcaban al hablar de la trascendencia. Mientras Wells enfocaba la inmortalidad desde una perspectiva universal y científica, Unamuno la buscaba en lo espiritual y lo personal, creando un contraste fascinante que alimentó sus respectivas obras. Estas diferencias, lejos de alejarlos, parecen haber servido de pegamento para una relación que ahora la Universidad de Salamanca pone bajo el foco con todo lujo de detalles documentales.
Para los que quieran sumergirse de lleno en este universo, la exposición ¡Que inventen ellos! estará disponible en el claustro y la Sala de la Columna de las Escuelas Mayores hasta finales de junio. Es una oportunidad de oro para ver de cerca estos legados, y para ponérselo fácil al público, se han organizado recorridos guiados gratuitos tres tardes por semana. Solo hay que pasarse por la web de cultura científica de la USAL para apuntarse y no perderse esta visión tan particular de un Unamuno que, entre paseo y paseo por Salamanca, también soñaba con ciudades mecánicas.
Toda esta labor de recuperación documental y editorial no hace sino confirmar que el interés por el progreso tecnológico fue un eje vertebrador en la vida del pensador, permitiéndonos hoy redescubrir su obra desde una óptica mucho más rica y actual. Al rescatar estos textos y las pruebas de su amistad con figuras de la talla de Wells, se pone el broche de oro a una investigación que sitúa a las letras españolas en el mapa fundacional de la ciencia ficción europea, demostrando que la curiosidad de nuestro rector no tenía nada que envidiar a la de los grandes visionarios de su tiempo.