Cómo escribir una novela: el tratamiento del espacio

Mapa y fotos

Como venimos apuntando a lo largo de este monográfico sobre la creación narrativa, la verosimilitud es uno de los rasgos esenciales de toda novela que se precie. Por ello uno de los factores que debemos de cuidar con más mimo es el tratamiento del espacio.

El enclave espacial en el que transcurre la novela es el escenario que los lectores deben visualizar. Por descontado, en una novela hay múltiples escenarios, pero todos ellos deben de estar bien construidos si queremos que sean reconocibles como reales.

Por ello, es quizá uno de los puntos en los que más necesaria se antoja la labor de documentación, especialmente si decidimos ambientarla en un lugar que no nos es especialmente familiar. Si decides ambientar tu novela en una ciudad concreta, has de documentarte sobre dicha ciudad para tratar de ser lo más fiel posible a ella.

Por otro lado, el tipo de entorno requiere su propia documentación, si pretendes usar un espacio natural, has de tener nociones básicas acerca de factores tales como la vegetación, mientras que si has escogido un espacio urbano debes dominar el funcionamiento y la distribución de los diferentes tipos de ciudad para saber cuál se amolda a lo que estás buscando.

Por supuesto, es aquí donde las descripciones juegan un papel de gran importancia, ya que son la forma que tenemos de construir ante los ojos del lector el espacio en el que nuestros personajes desarrollan sus acciones. Elaborar fichas espaciales, una para cada escenario posible, es una buena herramienta que nos puede facilitar la labor de describirlas de manera rica y acertada. Recuerda que aspiramos a que el lector se sienta dentro de ese espacio al que estamos haciendo referencia, que lo vea con sus propios ojos.

Mujer escribiendo en un ordenador

Además, como todos sabemos, los espacios ejercen influencia directa sobre las personas que los habitan, por lo que de cara a lograr la mentada verosimilitud, es crucial que trabajemos a conciencia dicho aspecto, permitiendo que exista cierta transferencia de rasgos entre los espacios y los personajes que allí se encuentran, y también en la dirección contraria, ya que muchas veces éstos amoldan sus entornos a sus necesidades: los espacios también evolucionan.

Finalmente, apuntar que el espacio puede usarse en muchos casos de manera alegórica e incluso puede llegar a ser un personaje colectivo, como lo sería el Madrid de posguerra en la célebre y celebrada La Colmena, de Camilo José Cela.

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