“Tractatus Logico-Philosophicus”. Lo que los escritores podemos aprender de Wittgenstein. (II)

Segunda entrega de nuestro repaso al Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein desde un punto de vista literario. Podéis leer la primera parte aquí. Veamos lo que el filósofo puede enseñar a los escritores.

Lenguaje y lógica

4.002 El hombre posee la capacidad de construir lenguajes en los cuales todo sentido puede ser expresado sin tener una idea de cómo y qué significa cada palabra. Lo mismo que uno habla sin saber cómo se han producido los sonidos singulares. El lenguaje corriente es una parte del organismo humano, y no menos complicada que él. Es humanamente imposible captar inmediatamente la lógica del lenguaje. El lenguaje disfraza el pensamiento. Y de tal modo, que por la forma externa del vestido no es posible concluir acerca de la forma del pensamiento disfrazado; porque la forma externa del vestido está construida con un fin completamente distinto que el de permitir reconocer la forma del cuerpo. Los acomodamientos tácitos para comprender el lenguaje corriente son enormemente complicados.

Este punto es particularmente interesante. Debemos comprender que el lenguaje es, y será siempre, imperfecto, un pálido reflejo de nuestras ideas. La labor del escritor es recrear, de la forma más acertada posible, su mundo interno a través de las palabras.

5.4541 Las soluciones de los problemas lógicos deben ser sencillas, pues ellas establecen los tipos de la simplicidad. […] Una esfera en la cual sea válida la proposición: ‘simplex sigillum veri’ [la sencillez es el signo de la verdad].

Muchas veces pensamos que usar palabras complejas, y una sintaxis rebuscada, es sinónimo de buena literatura. Nada más lejos de la realidad: «lo bueno, si breve, dos veces bueno». Sin ninguna duda, esto es aplicable en el ámbito estético y artístico, pues una frase de cinco palabras puede trasmitir mucho más al lector que tres párrafos que den vueltas en círculos.

El sujeto y el mundo

5.6 Los ‘límites de mi lenguaje’ significan los límites de mi mundo.

No me cansaré de decirlo: para aprender a escribir, hay que leer. Es la mejor manera de aumentar nuestro vocabulario. Sólo el necio pretende hablar de otro mundo, una subcreación de su mente, si haber adquirido antes las herramientas necesarias para describirlo. De la misma manera que el pez piensa que los límites del mundo son los del lago donde vive, nuestra falta de vocabulario es una cárcel que aprisiona nuestro pensamiento, y limita nuestra percepción, junto con nuestro raciocinio.

5.632 El sujeto no pertenece al mundo, sino que es un límite del mundo.

Como seres humanos, no poseemos omnisciencia. Lo que sabemos del mundo (en definitiva, de la realidad) es limitado. Aunque nuestros personajes son parte de su mundo, tienen un conocimiento impreciso de él porque sus sentidos imperfectos impiden que vean la “verdad”. Si es que eso de la “verdad absoluta” existe pues, como relativista convencido que soy, es un concepto en el que no creo. Esto es importante a la hora de contraponer puntos de vista entre distintos individuos de nuestra historia, y dar realismo a la trama.

6.432 Cómo sea el mundo, es completamente indiferente para lo que está más alto. Dios no se revela en el mundo.

Para nuestros hijos, es decir, para nuestros personajes, somos un dios. Y como tal, ni nos revelamos, ni nos inmiscuimos en sus vidas. O por lo menos esa es la teoría, pues cada vez es más común encontrar obras que rompen la cuarta pared. Algo similar a cuando Moisés encontró una zarza ardiendo. Se trata de un recurso que produce extrañeza en el lector, y como tal debe utilizarse con cuidado.

Literatura y felicidad

6.43 Si la voluntad, buena o mala, cambia el mundo, sólo puede cambiar los límites del mundo, no los hechos. No aquello que puede expresarse con el lenguaje. En resumen, de este modo el mundo se convierte, completamente, en otro. Debe, por así decirlo, crecer o decrecer como un todo. El mundo de los felices es distinto del mundo de los infelices.

Termino con esta cita del Tractatus Logico-Philosophicus para daros el mejor consejo posible a los que queréis mejorar como escritores: divertíos escribiendo. Porque «el mundo de los felices es distinto del mundo de los infelices».

“¡Vive felizmente!”

Ludwig Wittgenstein, 8 de julio de 1916.

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Ensayo

Novelista y escritor. Amo las buenas historias, el poder de las palabras, y las mezclas de géneros. Me muevo entre la fantasía, la ciencia ficción, el drama, la comedia, la ficción histórica, la novela psicológica, el terror, la épica y el relato paranormal. Aspiro a escribir los libros que a mí me hubiera gustado leer.

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