Toti Martínez de Lezea presenta «Voces», quince relatos que viajan por la historia y el presente

  • "Voces" reúne quince relatos breves de Toti Martínez de Lezea, publicados en castellano y euskera con la editorial Erein.
  • Las historias abarcan desde el siglo X hasta un futuro siglo XXII, con tramas históricas y contemporáneas marcadas por el humor y la reflexión.
  • Destaca un relato dedicado a la madre de la autora, pionera de la natación femenina en la posguerra española, y otro sobre el bombardeo de Durango.
  • La obra reflexiona sobre temas como el feminismo, la memoria histórica y el impacto de la tecnología, a través de voces muy diversas.

Retrato de escritora

La escritora alavesa Toti Martínez de Lezea vuelve a las librerías con un nuevo título que se aleja de sus habituales novelas largas para adentrarse de lleno en el relato breve. En su nuevo libro, Voces, la autora recupera la esencia de los cuentos, un formato que, como reconoce ella misma, le entusiasma, aunque no sea el terreno en el que más se ha prodigado a lo largo de su trayectoria.

Esta vez, la también muy leída narradora histórica ha optado por reunir quince historias independientes que recorren distintas épocas, escenarios y sensibilidades. Amor, humor, soledad, ambición, memoria familiar y conflictos sociales se entremezclan en una obra donde cada texto está concebido como una pequeña pieza autónoma, pero con la ambición y complejidad de una posible novela condensada.

Un libro de relatos que podría albergar quince novelas

Portada libro de relatos

En Voces, que llega a las librerías también en euskera con el título Ahotsak, Toti Martínez de Lezea reúne quince cuentos de extensión breve pero de tramas muy desarrolladas. La autora insiste en que cada uno de ellos «podría convertirse en una novela», ya que las historias están planteadas con profundidad argumental, personajes complejos y contextos muy definidos.

La obra aparece una vez más de la mano de la editorial vasca Erein, sello con el que la escritora lleva colaborando en exclusiva desde hace alrededor de dos décadas. Una de las razones de esa fidelidad, explica, es la posibilidad de publicar de manera simultánea en castellano y euskera, algo que considera poco habitual en el panorama editorial y que valora especialmente por su vínculo con la cultura vasca.

El punto de partida del libro fue un periodo en el que la autora atravesaba un momento personal complicado y no se veía con ánimos de embarcarse en otra novela extensa. Aprovechó que tenía ya dos relatos escritos, guardados en un cajón a la espera de ver la luz, y decidió seguir por ese camino, completando las trece historias restantes hasta conformar el volumen actual.

Martínez de Lezea reconoce que disfruta más escribiendo relatos cortos que novelas largas, aunque el mercado, según ella, no siempre acompañe. Aun así, percibe un creciente interés por este tipo de lecturas, quizá porque muchas personas prefieren historias intensas que puedan leerse en menos tiempo, adaptadas al ritmo de vida acelerado de hoy en día.

En su opinión, el relato exige una escritura especialmente depurada: hay que condensar lo mismo que en una novela con menos palabras, sin renunciar a la ambientación ni a la profundidad de los personajes. De ahí que considere el libro como un desafío profesional, casi una prueba de oficio para comprobar hasta dónde puede llegar con este formato.

Líneas temporales que van del siglo X al siglo XXII

Las historias de Voces se despliegan a lo largo de un amplio arco temporal, desde el siglo X hasta un hipotético siglo XXII. Esa variedad de épocas permite a la escritora moverse con soltura por territorios que conoce bien, como la Edad Media o la Guerra Civil, pero también explorar escenarios más contemporáneos y futuros.

Entre los relatos de ambientación histórica aparece “Kamila”, el texto que abre el libro, situado en la época de Sancho de Navarra. En él se cuenta la historia de una mujer musulmana acusada de haberse acostado con cristianos, judíos y correligionarios, cuando en realidad ha sido víctima de abusos por parte de todos ellos. El cuento señala la doble moral y la desigualdad religiosa y de género, ya que la juzgada es ella, pese a haber sido la persona agredida.

Otro de los relatos históricos se centra en un machete conservado en la iglesia de San Miguel de Vitoria-Gasteiz, objeto que da nombre a la conocida plaza de la capital alavesa. Ante ese arma juraban los procuradores que respetarían las leyes, lo que sirve de punto de partida para abordar las tensiones políticas y sociales de la época, en plena crisis causada por la peste negra.

La autora incluye también una recreación literaria del bombardeo de Durango, el que considera un episodio injustamente relegado frente al mucho más conocido ataque a Gernika. Relata cómo la aviación nazi arrasó la localidad vizcaína durante la Guerra Civil, semanas antes del bombardeo que Picasso inmortalizó en su célebre cuadro. Martínez de Lezea subraya así una herida de la memoria vasca que, a su juicio, ha quedado en un segundo plano en el imaginario colectivo.

Junto a estos paisajes históricos, el libro da cabida a tramas más próximas al presente e incluso al mañana. En textos como “El programador”, por ejemplo, la escritora aborda la obsesión contemporánea con la tecnología y las pantallas, mostrando cómo la dependencia digital puede colonizar la vida cotidiana hasta extremos casi delirantes. Hay también historias que miran hacia un futuro siglo XXII, donde la autora especula con las transformaciones sociales y personales que podría traer el progreso.

Mujeres, memoria familiar y feminismo en «Voces»

Buena parte de los relatos están protagonizados por personajes femeninos de muy distinto perfil, algo que la escritora justifica de forma sencilla: conoce mejor lo que supone ser mujer y, por lo tanto, se siente más cómoda dando voz a esas experiencias. Eso no significa que los hombres queden relegados, pero la presencia de mujeres fuertes, contradictorias o vulnerables es especialmente notable.

Uno de los textos con mayor carga personal está dedicado a la madre de la autora, Julia García Martínez de Albéniz, primera mujer en ganar el Campeonato de España de 100 metros libres femeninos en 1945. Este relato, titulado “La nadadora”, se sitúa en los años de la guerra y la posguerra y reconstruye la trayectoria de una deportista que nadó, entrenó y viajó con hombres en un momento en que la sociedad veía con muy malos ojos ese tipo de comportamientos.

La escritora relata cómo su madre llevaba trajes de baño sin falda que se pegaban al cuerpo al salir del agua, algo que chocaba frente a las normas imperantes, que imponían faldas hasta la rodilla y horarios de piscina separados por sexos. En Vitoria-Gasteiz, recuerda, las críticas hacia ella fueron feroces, lo que no impidió que siguiera compitiendo y defendiendo su derecho a practicar el deporte que amaba.

Aunque Toti Martínez de Lezea reconoce que evita escribir sobre su propia familia para no implicarse en exceso, en esta ocasión ha hecho una excepción. Considera a su madre una de las mujeres que más ha admirado en su vida y ve en su historia un ejemplo claro de lo que hoy llamaríamos feminismo: luchar por disfrutar de las mismas oportunidades que los hombres y por poder desarrollar una vocación sin renunciar a la propia identidad.

Más allá del ámbito familiar, el libro recoge otras vidas de mujeres que pelean por abrirse paso en contextos hostiles: jóvenes que se enfrentan a la rigidez de la moral religiosa, mujeres marcadas por la caza de brujas y la paranoia inquisitorial, personajes que abandonan casi todo por el éxito y descubren la soledad al otro lado del triunfo, o figuras anónimas que sostienen la vida cotidiana en silencio. Todas ellas contribuyen a un retrato coral de la experiencia femenina a lo largo de los siglos.

Relatos actuales: tecnología, poder y deseo de ascenso social

En el terreno más contemporáneo, Voces se adentra en cuestiones que resuenan especialmente en la sociedad española y europea de hoy. En el relato “El programador”, por ejemplo, la autora refleja la vida de alguien absorbido por el mundo digital, incapaz de desconectar de dispositivos y pantallas. A través de este personaje, plantea una crítica a la llamada “ceguera tecnológica”, esa dependencia que, en ocasiones, impide mirar más allá de lo inmediato.

Otros cuentos se detienen en tensiones por el poder, el dinero y la fama. Hay historias de parejas enfrentadas por el control y el reconocimiento público, relatos de jóvenes cuya relación termina de forma trágica, tramas sobre la lucha por un ascenso social a cualquier precio y episodios en los que la avaricia desdibuja la frontera entre la ambición razonable y la obsesión.

La escritora no renuncia al humor, pero lo utiliza con cuidado para no frivolizar. Muchos pasajes están impregnados de ironía y guiños cómicos que alivian la tensión narrativa, sin perder de vista la gravedad de los temas de fondo. El resultado son relatos que pueden leerse de manera ágil, pero dejan un poso de reflexión sobre el comportamiento humano, las relaciones de poder y las contradicciones de la vida moderna.

En el volumen también hay espacio para personajes que emigran, como el indiano que vive aventuras lejos de casa, símbolo de tantas personas que dejaron sus pueblos europeos en busca de un futuro mejor. Sus experiencias sirven para explorar la nostalgia, los choques culturales y las expectativas, cuestiones que siguen muy presentes en una Europa marcada por las migraciones.

La vida cotidiana, especialmente la de muchas mujeres que sostienen familias y trabajos sin apenas reconocimiento, aparece como un hilo continuo. A través de estas historias, Martínez de Lezea pone el foco en realidades aparentemente pequeñas pero muy frecuentes, que a menudo quedan fuera de los grandes relatos históricos y políticos.

Mitos, Biblia y relecturas desde la perspectiva de género

El último relato del libro propone una especie de fábula sobre el origen de la primera mujer, en la que la autora dialoga con los textos bíblicos y las tradiciones místicas. Parte de la idea de que, en el idioma original de la Biblia, no se habla de la creación «del hombre» sino del «ser humano», y desde ahí se adentra en las interpretaciones de la Cábala judía.

En esta tradición se menciona a Lilith como la primera mujer creada junto a Adán, una figura que se rebela ante la sumisión y termina desterrada, convertida simbólicamente en la “madre de todas las brujas”. La autora rescata ese mito para plantear una reflexión sobre la independencia femenina, la marginación de quienes no aceptan los roles establecidos y la construcción cultural de la desobediencia.

El relato traslada a la Eva del Génesis a la actualidad, jugando con los contrastes entre la narrativa religiosa clásica y las preocupaciones del presente. De este modo, el libro enlaza el imaginario bíblico con debates muy vivos en Europa, como la igualdad de género, el peso de la tradición religiosa en la vida cotidiana y la reinterpretación de los mitos desde perspectivas más inclusivas.

Martínez de Lezea aclara que escribe principalmente sobre mujeres «porque es lo que conoce» y sobre vascos «porque es lo que es», asumiendo una mirada localizada pero con resonancia universal. A través de sus personajes, revisita símbolos, leyendas y pasajes históricos que han marcado la cultura occidental, proponiendo lecturas alternativas y más abiertas.

Esta combinación de elementos religiosos, históricos y cotidianos aporta al conjunto una dimensión simbólica que complementa la trama de los relatos, sin convertir el libro en un ensayo. Todo se articula desde la ficción, lo que permite al lector acercarse a estas cuestiones sin necesidad de conocimientos previos especializados.

Oficio, imaginación y la apuesta por el relato breve

A lo largo de la presentación de Voces, la autora insiste en una idea: la escritura es un oficio. Cambiar de época, de personajes y de escenarios en cada relato requiere, según cuenta, una mezcla de disciplina e imaginación. Ese salto constante de contexto forma parte de su manera de entender el trabajo literario, más allá de la inspiración puntual.

El editor J.A. Iturri, de Erein, subraya en este sentido la capacidad de Martínez de Lezea para sorprender con nuevas historias y su talento al recuperar el espíritu clásico del cuento. En su opinión, los textos de Voces son como «quince mininovelas» donde la autora despliega la misma fuerza narrativa que en sus obras de mayor extensión, pero adaptada a otra escala.

La escritora reconoce que el relato puede ser juzgado con más dureza que la novela, precisamente por esa concentración de elementos en pocas páginas. En una novela, apunta, hay espacio para detenerse en descripciones detalladas de paisajes y situaciones; en un cuento, en cambio, hay que ir al grano sin renunciar a la atmósfera, lo que exige un cuidado extremo en la elección de cada frase.

Pese a que durante años el público ha mostrado cierta preferencia por las novelas, Martínez de Lezea percibe un cambio de tendencia entre los lectores, que agradecen encontrar historias intensas que se puedan leer en intervalos más cortos. En ese contexto, su apuesta por el relato no es solo personal, sino también una respuesta a nuevas formas de lectura que se consolidan en España y en otros países europeos.

Con Voces y su versión en euskera Ahotsak, Toti Martínez de Lezea suma un nuevo capítulo a una trayectoria marcada por la narrativa histórica y la atención a la memoria de su entorno. El libro reúne quince relatos que se mueven entre el pasado y el futuro, con un hilo conductor claro: la exploración de las vidas de personas corrientes y extraordinarias, especialmente mujeres, que se enfrentan a su tiempo con humor, coraje y contradicciones muy humanas.

Mujeres en la historia
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