Stephen King vuelve a la primera línea con ‘La vida de Chuck’ y un aluvión de nuevas adaptaciones

  • El estreno en Prime Video impulsa el éxito de ‘La vida de Chuck’ en España tras su discreto paso por cines.
  • Mike Flanagan se aleja del terror clásico de Stephen King y apuesta por un drama fantástico y melancólico.
  • El autor de Maine vive una nueva ola de adaptaciones con proyectos como La larga marcha, Bienvenidos a Derry o The Running Man.
  • La relación entre King y el cine deja luces y sombras, de ‘El resplandor’ a fracasos como ‘La fosa común’.

Stephen King autor de terror y adaptaciones

El nombre de Stephen King vuelve a sonar con fuerza entre los espectadores españoles gracias al desembarco en streaming de una de sus adaptaciones más peculiares. Tras un recorrido bastante tibio por las salas, La vida de Chuck ha encontrado en Prime Video el altavoz que parecía faltarle, colándose en los primeros puestos de lo más visto en la plataforma en España.

Este renovado interés llega en un momento en el que la obra del escritor de Maine vive otra edad dorada en cine y televisión. Entre nuevas series, películas en marcha y relecturas de clásicos, el catálogo audiovisual basado en sus historias sigue creciendo, mientras se reabren debates antiguos sobre qué funciona y qué no cuando se traslada a King a la pantalla.

‘La vida de Chuck’: del ruido de los festivales al boca a boca en streaming

‘La vida de Chuck’ llegó precedida de un aval importante: el Premio del Público del Festival de Toronto 2024, un galardón que a menudo apunta a títulos con aspiraciones en la temporada de premios. Sin embargo, tras retrasos y cambios de calendario, la película acabó estrenándose en cines sin conseguir apenas tracción comercial ni un gran eco mediático.

Lejos de la etiqueta de terror que suele acompañar al autor de It o El resplandor, la cinta se basa en la novela corta incluida en la colección If It Bleeds y se atreve con un enfoque híbrido: mezcla fantasía, drama y una reflexión melancólica sobre la vida. La narración se articula alrededor de un contable, Charles “Chuck” Krantz, cuya existencia se reconstruye a través de tres relatos interconectados que van de su muerte hacia su infancia.

En pantalla, ese punto de partida se traduce en una sucesión de desastres naturales, apagones globales y la misteriosa desaparición de Internet, mientras aparecen anuncios y mensajes públicos que felicitan a Chuck por su 39 cumpleaños. A partir de ahí, la película va saltando por diferentes momentos de su vida, intercalando cronologías y dejando poco a poco de lado el misterio para centrarse en el retrato íntimo del personaje.

Tom Hiddleston encarna a Chuck y lidera un reparto con nombres muy reconocibles para el público europeo: Chiwetel Ejiofor, Karen Gillan, Mark Hamill, Mia Sara, Jacob Tremblay, Carl Lumbly y Benjamin Pajak, con Nick Offerman como voz narradora en la versión original. Sobre el papel, todos los ingredientes apuntaban a un título llamado a ser conversación obligada entre cinéfilos.

El problema es que, en su paso por salas, la película quedó en tierra de nadie. Algunos críticos destacaron su sensibilidad y la ambición de alejarse del terror más evidente, pero también se le reprochó cierta monotonía emocional y una tendencia al sentimentalismo que no terminaba de casar con la estructura fragmentada del relato.

Uno de los puntos más discutidos fue el desenlace. Como ha ocurrido con otras adaptaciones de King, el final de La vida de Chuck se ha considerado poco satisfactorio, más cercano a una nota suspendida en el aire que a una conclusión redonda. El resultado ha dejado a parte del público con la sensación de que la historia se queda a medio camino entre la reflexión existencial y el puro experimento narrativo.

Con todo, la llegada de la película a Amazon Prime Video ha cambiado el panorama. Desde su estreno en la plataforma el 4 de abril, y tras su lanzamiento en cines españoles el 17 de octubre, el filme se ha instalado entre las producciones más vistas en España, aprovechando mejor el boca a boca y un contexto más propicio para que esta clase de historias, menos ruidosas, encuentren su público en casa.

Mike Flanagan y su giro íntimo dentro del universo Stephen King

Uno de los grandes atractivos del proyecto es la figura de Mike Flanagan, director y guionista que se ha ido ganando un lugar destacado en el terror contemporáneo gracias a trabajos como La maldición de Hill House, Misa de medianoche o Doctor Sueño. Con La vida de Chuck, sin embargo, decide rebajar la intensidad del miedo para explorar otros tonos.

Flanagan ya había demostrado en títulos anteriores que, más allá de los sobresaltos, le interesa profundizar en personajes marcados por la pérdida, el duelo o la culpa. Aquí lleva esa vertiente un paso más lejos: la película está menos pendiente de asustar que de mirar de cerca una vida aparentemente corriente, preguntándose qué queda de nosotros en los demás cuando todo se desmorona.

Esa apuesta tiene ventajas y riesgos. Por un lado, permite una lectura más adulta de la obra de King, alejándose del cliché de que cualquier adaptación suya tiene que venir cargada de monstruos y sangre. Por otro, la renuncia a un conflicto más claro y a un clímax contundente deja a algunos espectadores con la impresión de que Flanagan se ha quedado corto a la hora de rematar las ideas que plantea.

En la vertiente positiva, muchos seguidores del director y del escritor han valorado que la película mantenga la estructura en tres movimientos de la historia original, respetando el orden inverso de la biografía de Chuck y preservando su mezcla de fantasía sutil y realismo cotidiano. Ese respeto por el material de partida ayuda a entenderla como una adaptación poco complaciente pero fiel al espíritu del texto.

En paralelo, el premio del público en Toronto demostró que existe un sector del público dispuesto a conectar con propuestas que interpretan a King desde la emoción y no solo desde el sobresalto. Que luego esa conexión no se tradujera en nominaciones a los Oscar ni en grandes cifras de taquilla habla tanto de los límites del sistema de premios como de la dificultad de vender un proyecto que no encaja en ningún molde claro.

Un historial de adaptaciones: de joyas indiscutibles a tropiezos sonados

La trayectoria de Stephen King en la pantalla es tan amplia que resulta imposible entenderla como un bloque homogéneo. Conviven en ella obras veneradas, experimentos interesantes y fracasos que ni el propio autor está dispuesto a defender, lo que la convierte en un terreno especialmente atractivo para repasar qué funciona y qué no al trasladar sus historias al audiovisual.

Entre los casos que King prefiere olvidar se encuentra La fosa común (Graveyard Shift), película de 1990 basada en uno de sus relatos cortos. Con un presupuesto de algo más de diez millones de dólares y una recaudación que apenas superó los once, el film fue un fiasco comercial y crítico. Hasta el día de hoy, arrastra un 0 % en Rotten Tomatoes, un dato que ilustra bien su mala acogida.

El propio escritor ha sido especialmente duro con ella. En declaraciones al medio Deadline llegó a afirmar que es una cinta que le produce cierta repulsión, describiéndola como “una película de explotación hecha a toda prisa”. El argumento gira en torno al dueño de un viejo molino textil que contrata a unos trabajadores para limpiar los sótanos del edificio; allí les esperan hordas de ratas y muertes extrañas que terminan por desatar el horror.

En el extremo contrario aparecen títulos que han calado en el imaginario colectivo, como El resplandor. A finales de los setenta, Stanley Kubrick buscaba un proyecto de terror que le permitiese conectar con el gran público tras el pobre rendimiento en taquilla de Barry Lyndon. Se cuenta que, durante un tiempo, devoró novelas del género y las iba descartando una tras otra, hasta que dejó de oírse el golpe de los libros contra la pared: se había quedado enganchado al manuscrito de El resplandor.

Kubrick decidió adaptar la novela con una condición contractual clara: quería libertad total para cambiar lo que considerase necesario. Stephen King aceptó, y el cineasta escribió un guion mucho más ambiguo que el texto original, acentuando la sensación de inquietud a través de un hotel que parece no tener proporciones lógicas y unos pasillos que no encajan con el exterior del edificio.

En entrevistas posteriores, Kubrick explicaba que le fascinaba la manera en que la historia equilibraba lo psicológico y lo sobrenatural, llevando al espectador a pensar que quizá todo se debía a la locura del protagonista. Esa ambigüedad le permitía tratar lo paranormal casi como una prolongación de los estados mentales, algo que el director aprovechó para construir una de las películas de terror más influyentes de la historia.

La nueva ola de proyectos de Stephen King en cine y televisión

Mientras adaptaciones como La vida de Chuck encuentran su hueco en el streaming, la maquinaria alrededor de la obra de King no se detiene. En los últimos años, la industria ha redoblado su interés por llevar a la pantalla sus novelas, ya sea en forma de largometraje, miniserie o serie de largo recorrido.

El propio Mike Flanagan es una de las figuras más activas en este frente. Antes de esta última película, ya se había encargado de El juego de Gerald y Doctor Sueño, dos títulos que abordan la obra de King desde perspectivas distintas pero con un cuidado especial en el desarrollo de personajes. Además, el director trabaja en una nueva serie vinculada a Carrie, el clásico debut del escritor.

En paralelo, otras plataformas han apostado por novelas que, durante años, parecían relegadas a un segundo plano. Es el caso de La larga marcha, publicada originalmente bajo el seudónimo de Richard Bachman. Esta historia presenta una distopía en la que un grupo de jóvenes se ve obligado a caminar sin descanso, con reglas letales: solo puede quedar uno en pie. Su llegada reciente a HBO Max confirma el interés por explorar el lado más político y pesimista del autor.

A esto se suma el desarrollo de una nueva versión de The Running Man, que dirige Edgar Wright, y proyectos como The Monkey, a cargo de Osgood Perkins, que apuntan hacia un futuro en el que el catálogo de King seguirá ampliándose. Buena parte de estas producciones se mueven en el terreno del terror y del suspense, pero también hay ganas de explorar subgéneros y tonos diferentes, como demuestra el propio caso de La vida de Chuck.

Otro ejemplo es Bienvenidos a Derry, serie concebida como precuela del universo de It. La idea es profundizar en el pasado de la localidad y en la figura de Pennywise, expandiendo un mundo que ya ha demostrado su potencia comercial con las últimas películas. Para el público europeo, acostumbrado a ver a King asociado a grandes producciones de terror, esta diversificación abre la puerta a historias más corales y ambiciosas en formato seriado.

Que tantas plataformas y estudios apuesten por sus obras no es casual. El universo King ofrece un equilibrio atractivo: reconocimiento de marca, historias muy visuales y un abanico de géneros que va del terror puro al drama fantástico. Eso sí, el historial irregular de adaptaciones recuerda que no basta con tener su nombre en los créditos; la clave está en encontrar el tono adecuado para cada relato.

En este contexto, el caso español de La vida de Chuck sirve como síntoma de algo más amplio: las adaptaciones de Stephen King ya no dependen solo de la taquilla ni de la campaña de premios. El boca a boca digital, las plataformas y el gusto del público por descubrir contenido en casa están redefiniendo qué títulos acaban dejando huella y cuáles se quedan por el camino.

Todo este movimiento confirma que Stephen King sigue siendo una figura central en el entretenimiento audiovisual, capaz de inspirar propuestas muy distintas entre sí: desde hitos como El resplandor hasta experimentos irregulares como La fosa común, pasando por apuestas singulares como La vida de Chuck, que ahora encuentra en España y en Europa un público dispuesto a acercarse a su faceta más íntima y menos encasillable dentro del terror al uso.

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