Machado publica en 1903 su obra «Soledades» y acaba ampliĂ¡ndola en 1907 bajo la denominaciĂ³n «Soledades, galerĂas y otros poemas», obra de carĂ¡cter mĂ¡s intimo y sobrio en el que los aspectos excesivamente sonoros son reemplazados por otros que denotan una mayor interioridad y sencillez, fruto de la reflexiĂ³n y del paso del tiempo entre el lanzamiento de «Soledades» y la ampliaciĂ³n de la misma.
En esta obra estĂ¡n presentes como en todas, las obsesiones de un Machado al que el paso del tiempo le traĂa de cabeza, con el constante recuerdo de la juventud perdida y la presencia constante y muda de la muerte que acecha en todos los rincones recordĂ¡ndonos nuestra transitoriedad y el hecho de que todos acabaremos muertos algĂºn dĂa, algo que se repite una y otra vez de diferentes maneras en los versos del escritor sevillano.
AdemĂ¡s de las preguntas lanzadas al aire por la voz poĂ©tica, encontramos en esta exquisita obra varios sĂmbolos que no tienen un solo significado sino diversos ecos, lo cual los hace mĂ¡s ricos y semiotizados. La tarde serĂa uno de ellos. Esta Ă©poca del dĂa se muestra siempre triste y melancĂ³lica y hace referencia al inexorable declive que a todo ser vivo espera en esta vida y que tanto obsesiona a Machado.
El agua, sin embargo es vida, aunque cuando esta suena, nos transporte a un mundo monĂ³tono y repetitivo en que el hastĂo se confunde casi con el dolor. Las fuentes son el recuerdo de la niñez perdida, un tiempo feliz pero doloroso en tanto que irrecuperable, lo mismo que el jardĂn y el huerto. Finalmente los caminos, su sĂmbolo mĂ¡s famoso son sendas que nos conducen al final de la vida pero en cuyo recorrido estĂ¡ lo verdaderamente importante.
MĂ¡s informaciĂ³n – La vida de Antonio Machado
Foto – Cumbre2b
Fuente – Oxford University Press