Sol de sangre, de Jo Nesbø. Reseña

Sol de sangre es la última novela recién publicada aquí de Jo Nesbø. Llega después de cuatro años y falta por venir The kingdom (El reino), que ya ha salido en Noruega y otros países. Pude leerla entonces y esta fue mi reseña que apenas he modificado después de su relectura. Para los que somos incondicionales de Nesbø y leemos lo que haga falta de él. Y para los que no.

Sol de sangre — Jo Nesbø

Yo me quedo con el título original, Sol de medianoche, cambiado aquí por cuestiones de marketing y coincidencia con otro de una famosísima saga de vampiros. Pero, sinceramente, no creo que los lectores de uno y otro se confundan con lo que quieren leer.

El caso es que el título original define exactamente el lugar, el clima y la transición continua entre oscuridad y luz que hace el protagonista, Jon Hansen —o Ulf, como dice llamarse bajo su apariencia poco conseguida de inocente y despistado cazador— cuando llega a un pueblo diminuto perdido al norte más al norte de todos los nortes.

Allí se encuentra y se siente con una mezcla de fuego, aire, fe, ateísmo, fanatismo, crimen, miedo, soledad, oscuridad con la claridad perpetua de ese sol de medianoche en pleno agosto, cobardía, rendición, redención, amor en todas sus formas, paternidad, pérdida, dolor, desesperanza y esperanza. A ello contribuye que la comunidad que habita el pueblo es tan cerrada como ultraconservadora.

Hansen va a dar con Knut, un niño de diez años, y su madre Lea, una mujer con una historia personal llena de drama y sorpresas.

Dijeron eso, pero no lo sabían. Nadie lo sabe. Ni yo, ni tú, ni un cura, ni un ateo. Por eso tenemos fe. Creemos, porque es mejor que darse cuenta de que solo hay una cosa esperándonos en lo más profundo, y eso es la oscuridad, el frío. La muerte.

La huida hacia ningún sitio de Hansen llega también a su fin. Volvemos a estar en los años 70 y le ha hecho una jugada al Pescador, el pez gordo más importante de la mafia de Oslo (conocido en Sangre en la nieve), y ahora van a por él. Todo por su incompetencia, o más bien, por su incapacidad para matar. Él se considera un cobarde, un perdedor patético que ha cometido muchos errores, y al llegar a ese lugar al lado ya casi del Ártico, presiente que puede ser su última escapada.

Su relación con la hermética población, pero sobre todo con el pequeño y preguntón Knut y su reservada pero intuitiva madre lo van a obligar a tomar una decisión de una vez por todas. O a rendirse del todo.

Aquí estoy y te quiero. Échame si tienes que hacerlo, si puedes. Pero yo estoy aquí ofreciéndote mis manos, y aquí está mi corazón que late.

Así tenemos que Jo Nesbø se ha convertido definitivamente en el último romántico. Escribe novela negra, sí, pero en el fondo es eso, un romántico. Quizás pueda ser la edad, la necesidad de contar historias más cortas e íntimas tal vez para sí mismo más que para el lector (la primera persona narradora es ideal para eso), o hacerse reflexiones propias sobre creencias y sentimientos. A veces necesitamos eso y simplemente cogemos una historia ya conocida para contarla a nuestro estilo. Y el estilo del señor Nesbø ya sabemos cómo es.

Por una parte al final me temía lo peor, pero me extrañaba que pudiera ocurrir después de Sangre en la nieve. Por otra parte, me ha vuelto a sorprender esa capacidad para estar leyendo una cosa que luego es otra, el suspense mantenido hasta el último minuto, y ese toque grotesco (quien la haya leído se acordará de esa tremenda y escatológica escena en Headhunters) que aquí va más a lo gore en otra imagen muy gráfica. Una pista: hay una parecida en la película Rob Roy.

He leído que se ha vuelto blando, que se está aficionando a la primera persona de criminales con buen fondo, que estas últimas novelas son demasiado cortas o previsibles o cuentos de hadas sin sustancia. Y también a los acérrimos de Harry Hole, que opinan que, salvo sus historias, lo demás no les convence (Macbeth, El heredero…). Yo también soy de Hole hasta la médula, pero el que lo escribe es Nesbø. Y aquí y en toda su obra se mantiene firme en su criterio que repite una y otra vez: que el amor y la muerte son los temas fundamentales sobre los que gira todo.

Así que, qué le voy a hacer. Me gusta. En todo.


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