Empezamos año en la Surprise. Serie Aubrey y Maturin, de Patrick O’Brian

La fragata Surprise (fotografía del libro The making of Master and Commander – The far side of the world, de Tom McGregor. El escritor británico Patrick O’Brian (1914-2000)

La Nochevieja estuvo imposible para los que no somos de confeti y lentejuelas, así que opté por buen cine. La elección, una que no falla: Master and Commander. La costa más lejana del mundo, de Peter Weir (2003). La aventura naval perfecta de una serie literaria perfecta.

De paso me hice otro propósito para este recién estrenado 2017: releerme mis títulos preferidos de esta magnífica serie. Escritas por Patrick O’Brian cuarenta años después de su primera novela, las aventuras del capitán Jack Aubrey y el doctor y espía hispano-irlandés Stephen Maturin son imprescindibles para todo buen amante del género. Esta fue mi historia de amor con ellas.

Recuerdo haber visto los libros y quedarme mirando las bonitas ilustraciones de las portadas. Ya me sonaban y a la vez me enteré de que Peter Weir iba a llevar al cine esas portadas. Me faltó tiempo para empezar a leer, coleccionar y maravillarme con una saga de aventuras navales sin parangón e imposibles de superar. Así que sí, lo admito y no me importa en absoluto: gracias a esa noticia las descubrí.

Pero también este género —tanto literario como cinematográfico— me fascina desde que tengo uso de razón. Además, he tenido la oportunidad (y la suerte) de navegar y conocer cómo puede ser la vida en el mar.

Las expectativas eran inmejorables. Unas aventuras fascinantes con un trasfondo histórico que abarca desde la Revolución francesa hasta el final de imperio napoleónico. Un lenguaje complejo para lectores profanos de la jerga marinera en general, pero tan atractivo como atrayente de usar y escuchar. Y unos personajes inolvidables.

Sobre Jack Aubrey y Stephen Maturin, los protagonistas, o el resto de personajes que los acompañan se ha escrito ya casi todo. Pero dejando aparte las características universalmente reconocibles de su construcción, la percepción que se pueda tener de ellos es tan distinta como el propio lector. Solo faltaba convertir sus semblantes en carne y hueso.

Esa es la magia del cine, independientemente a las imágenes que pueda poner cada lector. Esa magia no pudo ser mejor ni estar más acertada en la excelente adaptación cinematográfica que hizo el  director australiano Peter Weir de La costa más lejana del mundo.

Excepto esos cambios que se hicieron en el guion —el barco norteamericano original del libro se convirtió en francés porque cómo iban a ser los yankis los malos de la peli—, el resultado fue espectacular. Aunque quizás basta con una palabra: belleza. La luz, el color, la música de cada escena en la imaginación y las que se recrean en pantalla son exactamente las mismas. E igual de bellas.

Parte de mi colección de la serie Aubrey-Maturin.

Para los menos aficionados o todo aquel que no se vea capaz de ponerse con esas 20 novelas llenas de acción, intriga, espionaje, naufragios, escenarios exóticos, batallas navales sin parangón puede pasar directamente a las imágenes. Seguramente le entren ganas de leerlas. Y si se es un amante de este género literario, esta serie es obligada y merecedora del mejor sitio en la estantería preferida.

Los actores les prestaron los gestos y almas exactos a los personajes literarios. Yo entonces no vi a ninguno de ellos. Simplemente eran el señor Allen (el contramaestre), el eficiente y valeroso capitán Pullings, el inefable y entrañable Killick, el veterano y supersticioso marinero Joe Plaice, el dispuesto señor Mowett… Y por supuesto los dos protagonistas principales, una de las parejas literarias de más contraste, mejor avenidas y extraordinarias.

Por un lado, mi admirado y complejo doctor Maturin, espía medio catalán medio irlandés además de excelente médico y músico. Racional, preciso, austero y a la vez reservado, idealista y vehemente.

Por el otro, Jack. Perdón, el capitán Jack Aubrey el Afortunado. Tan lleno de bonhomía, de un particular humor y su estruendosa risa. Con sus pasiones y excesos como con el alcohol, con su mirada de astuto pirata tras la presa, su sentido del honor, del deber y el sacrificio, del mando pero también del respeto. Y esa sensibilidad tan interior y contenida pero tan evidente en su amor por la música, su barco, esa maravillosa fragata Surprise, y sus hombres.

Paul Bettany y Russell Crowe simplemente desaparecieron en ellos. Solo se les pudo poner un pero: intercambiaron la altura de los personajes literarios, un matiz únicamente apreciable para los lectores de las novelas. Por lo demás, todos estuvieron perfectos.

Ni entonces ni ahora puedo ser objetiva y tampoco me da la gana. Para mí es la mejor serie de aventuras navales de todos los tiempos. Y quería empezar este nuevo año repitiendo una travesía tan gloriosa. Invito a todos a que también embarquen en alguno de sus títulos.

Serie Aubrey y Maturin

  1. Capitán de mar y guerra
  2. Capitán de navío
  3. La fragata Surprise
  4. Operación Mauricio
  5. Isla Desolación
  6. Episodios de una guerra
  7. El ayudante del cirujano
  8. Misión en Jonia
  9. El puerto de la traición
  10. La costa más lejana del mundo
  11. El reverso de la medalla
  12. La patente de corso
  13. Trece salvas de honor
  14. La goleta Nutmeg
  15. Clarissa Oakes, polizón a bordo
  16. Un mar oscuro como el oporto
  17. El comodoro
  18. Almirante en tierra
  19. Los cien días
  20. Azul en la mesana
  21. The Final Unfinished Voyage of Jack Aubrey, no publicada en español

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