Sentir sobre lo que se escribe.

Tras hacerse conocida por su imaginación al escribir ” Como agua para chocolate” Laura Esquivel continuó su faceta literaria un poco apartada de los grandes medios y de las adaptaciones cinematográficas, aún así sigue creando cierta expectación ante nuevas ediciones y sigue bien situada entre los superventas elegidos por lectores condenados a enriquecer su mente en lugares tan dispares como los trayectos en metro, vacaciones playeras o preludios a vigilias nocturnas.

Cercano al estilo de los cuentos de Isabel Allende, Esquivel publicó en 2001 ” Tan veloz como el deseo”, una especie de relato sobre el valor incalculable de los mensajes, de las palabras y del esfuerzo de una hija  y un padre por mantener viva la esencia de una historia que los une de por vida. La novela dedicada a su padre puede que tenga más de la propia autora que las típicas huellas que imprimen el desarrollo de un escritor; En este caso, por encima de esas características genéricas que todos lo que crean aportan, Esquivel marca estilo con sentimientos que llegas a calcular como los suyos aunque no te lo digan.

Júbilo es un personaje humilde, un padre que en puertas de la muerte repasa ayudado por su hija como ayudó a su abuela y su madre a pesar de las diferencias culturales y después como trabajador del telégrafo sigue ayudando de la única manera que él conoce interpretando palabras y dándole significados que unan a los emisores y a los receptores, así va sucediéndose esta hermosa historia que tiene en la figura de su hija Lluvia la otra cara de la moneda que Júbilo necesita para no perder esa pasión de sentir sobre lo que se interpreta.

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