El escritor mallorquín Sebastià Alzamora, nacido en Llucmajor en 1972, ha logrado el Premio Nacional de Poesía que cada año entrega el Ministerio de Cultura. El galardón, que está dotado con 30.000 euros, reconoce la obra Sala Augusta seguit de Llengua materna, publicada por la editorial Proa y que ya había sido distinguida con varios premios de la crítica. El jurado ha destacado la capacidad del autor para combinar un lenguaje intenso sobre la represión histórica con la delicadeza de la vida cotidiana.
El propio Alzamora ha confesado que la noticia le llegó mientras escribía una nueva novela en su domicilio de Llucmajor. Fue la directora general del Libro, María José Gálvez, quien le telefoneó para comunicarle el fallo. “No me esperaba nada parecido”, ha dicho, y ha valorado que este premio sirva para visibilizar una obra escrita en catalán desde Mallorca.
Un poemario doble sobre la memoria
El libro está compuesto por dos poemas que funcionan como dos caras de la misma moneda. Sala Augusta es un único poema de verso largo y libre que rememora el horror de la Guerra Civil a partir de un cine del centro de Palma que fue utilizado como prisión. El texto evoca el trágico destino de personas inocentes y reivindica la necesidad de no olvidar. La otra parte, Llengua materna, es un tributo a la madre del autor y a todas esas mujeres que, como ella, trabajaban cosiendo calzado en sus casas para sacar adelante a la familia.
El jurado ha señalado que la obra “trenza con maestría la historia colectiva y la intimidad familiar” y que representa un testimonio imprescindible de la condición humana. Antes de este premio, el poemario ya había obtenido el Premio de la Crítica, el Cavall Verd y el Serra d’Or, lo que confirma la excelente acogida que ha tenido entre los especialistas. Además, este año el Premio Nacional de Literatura Dramática también ha recaído en una obra en catalán: La brama del cérvol, de Joan Yago.

Reacciones y contexto político
Tras conocerse el fallo, el autor ha hecho hincapié en la relevancia de premiar la diversidad lingüística dentro del Estado. “Es una alegría que la literatura catalana reciba un reconocimiento nacional”, ha afirmado, y ha añadido que esta distinción llega en un momento en el que Baleares cuenta con un gobierno de derecha y extrema derecha que, según él, “odia la diversidad”. Alzamora ha insistido en que no necesita “falsos aplausos” de quienes trabajan contra el catalán, aunque posteriormente la presidenta del Govern, Marga Prohens, se ha sumado a las felicitaciones.
El escritor también ha reflexionado sobre el sentido de la memoria: “Sin memoria no somos nadie”, ha declarado. Para él, este poemario no solo reivindica el recuerdo de los asesinados por el fascismo, sino que también es un homenaje a su madre y a las mujeres que mantuvieron a sus hogares gracias al oficio de ribetear. Ha subrayado que el auge turístico acabó con buena parte de esa industria en Mallorca, un problema que ha derivado en especulación y desigualdad.

Trayectoria y próximos proyectos
Sebastià Alzamora se dio a conocer en el mundo literario con Rafel (1994), que recibió el premio Salvador Espriu. Licenciado en Filología Catalana, ha ido alternando la poesía con la narrativa, con novelas como Rabia (2022) o El Federal (2024). Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y ha obtenido galardones de prestigio, como el Carles Riba o el Josep Pla. En los últimos años, se ha convertido en una voz habitual en el debate cultural y político.
De cara al futuro, el autor tiene una nueva novela titulada provisionalmente Alcohòlic, que está previsto que aparezca en la editorial Proa a principios del próximo año. También trabaja en un ensayo sobre Blai Bonet y Pier Paolo Pasolini, con motivo del centenario del escritor mallorquín, en colaboración con Magdalena Brotons, y que incluirá también un poema. Estos proyectos confirman que Alzamora mantiene una actividad intensa y que su compromiso con la literatura sigue siendo total.

Así, Sebastià Alzamora se convierte en el nuevo nombre de la poesía española tras un galardón que llega en un momento delicado para la creación en catalán. Su obra consigue unir la denuncia histórica con la emoción familiar, y su triunfo refuerza la presencia de las lenguas cooficiales en los premios nacionales. La literatura catalana sigue demostrando vitalidad desde Mallorca, y Alzamora es la prueba de que la memoria personal puede convertirse en un relato colectivo que atraviesa fronteras.


