Sebastià Alzamora gana el Premio Nacional de Poesía con una obra que une memoria histórica y afecto familiar

  • El escritor mallorquín Sebastià Alzamora ha sido reconocido con el Premio Nacional de Poesía 2026 por su doble poemario 'Sala Augusta seguit de Llengua materna'.
  • La obra combina dos grandes poemas: uno que recupera la memoria de la represión franquista en Palma y otro que rinde homenaje a su madre y a las mujeres que cosían zapatos.
  • La entrega del galardón coincide con un momento en el que el autor reivindica la necesidad de preservar la memoria histórica frente al auge de discursos de odio y la diversidad lingüística.

Poesía y memoria histórica en el Premio Nacional de Poesía

La poesía española tiene nuevo referente. El escritor mallorquín Sebastià Alzamora ha sido distinguido con el Premio Nacional de Poesía 2026, un galardón que concede el Ministerio de Cultura y que está dotado con 30.000 euros. El jurado ha querido reconocer así su obra Sala Augusta seguit de Llengua materna, publicada por la editorial Proa, un libro que transita con solvencia entre la crónica histórica más descarnada y la intimidad del recuerdo familiar.

No es un premio menor. El fallo del jurado destaca la capacidad del autor para moverse con la misma solvencia por el lenguaje de la denuncia y por la ternura del espacio doméstico. En palabras de los miembros del jurado, Alzamora logra trenzar con destreza la historia colectiva y la memoria más personal, algo que no siempre es fácil de conseguir en un mismo libro y menos con dos poemas largos de tono y registro tan diferentes.

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Un cine que fue prisión y la memoria de los olvidados

El primero de los poemas, Sala Augusta, rescata del olvido un episodio oscuro de la Guerra Civil en Mallorca. El cine que da nombre al poema, ubicado en pleno centro de Palma, fue durante la contienda uno de los escenarios de la represión franquista. Hasta allí llegaban presos republicanos que eran torturados y en muchos casos ejecutados. El propio Alzamora ha confesado que descubrió esta historia hace unos seis o siete años gracias a un amigo historiador, y que el hallazgo le removió por dentro: él había pasado gran parte de su infancia viendo películas en esa misma sala sin saber lo que había ocurrido entre aquellas paredes.

El poema, escrito en un único verso largo y libre, se convierte así en un ejercicio de memoria necesaria. El poeta no solo quiere recordar a las víctimas, sino también llamar la atención sobre cómo el paso del tiempo y la rutina de las ciudades pueden borrar las huellas de la barbarie. El jurado ha subrayado que el lenguaje del autor se mueve entre la lírica y la crudeza, y que consigue hacer fluir el relato por un tránsito de muertes inocentes sin caer en el panfleto ni en la sensiblería fácil.

Alzamora ha querido poner el acento en la actualidad de este tipo de memoria. En sus primeras declaraciones tras conocer el fallo, el escritor ha recordado que la memoria histórica no es algo lejano y que, en un contexto en el que vuelven a aparecer discursos de odio y gestos que evocan tiempos pasados, es más importante que nunca cuidar y transmitir a los más jóvenes lo que ocurrió. Una reflexión que gana fuerza si se tiene en cuenta que el autor vive en Baleares, donde el gobierno autonómico actual ha protagonizado polémicas relacionadas con la memoria y la lengua.

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Homenaje a las mujeres que sostenían la vida

La segunda parte del libro, Llengua materna, es la otra cara de esta moneda memorialística. Aquí el poeta se aleja de la gran historia para centrarse en la más pequeña y esencial: la de su madre y las mujeres de su entorno que se ganaban la vida cosiendo zapatos en casa. Con máquinas de pedales y en condiciones precarias, estas mujeres realizaban un trabajo sofisticado y minucioso a cambio de unos pocos céntimos, un esfuerzo que permitía sacar adelante a sus familias en una Mallorca que entonces era un polo de la industria del calzado.

El poema es un homenaje a todas ellas y a una forma de vida que ya apenas existe. En Llucmajor, el pueblo natal de Alzamora, llegó a haber medio centenar de fábricas de calzado. Hoy no queda ni una, absorbidas por el monocultivo turístico que, según el propio autor, ha desplazado otras actividades económicas y ha traído consigo masificación, especulación y desigualdades sociales. El poeta no rehúye esta reflexión, aunque aclara que todo eso ya no está en el poemario, que se centra más en la dimensión humana y afectiva de aquellas mujeres.

A nivel personal, Alzamora ha confesado que este premio le produce una alegría especial porque el libro significa mucho para él. No solo por lo que cuenta, sino porque le permite reivindicar la figura de su madre y de todas las mujeres que, desde el silencio y el trabajo invisible, sostuvieron la economía y la vida de tantos hogares. El jurado ha destacado también esta parte, subrayando que cada verso sostiene el peso de una memoria que convierte la obra en un testimonio imprescindible de la condición humana.

Un reconocimiento con trasfondo lingüístico

Más allá de lo literario, este premio tiene una lectura política y cultural. Alzamora ha querido poner de relieve que un galardón nacional reconozca por fin un libro escrito en catalán por un autor mallorquín. En un momento en el que el gobierno balear ha mostrado una deriva contraria a la diversidad lingüística, el escritor ha señalado que es bueno celebrar esta diversidad y que el reconocimiento llega en un momento oportuno.

El libro, de momento, solo ha sido publicado en catalán, aunque ya hay un proyecto para traducirlo al castellano. Alzamora, que se dio a conocer a mediados de los años noventa con el poemario Rafel, cuenta con una trayectoria sólida y reconocida en el ámbito literario. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y ha recibido premios como el Carles Riba, el Josep Pla o el San Jorge, entre otros. Con este nuevo galardón, el autor afianza su posición como una de las voces más relevantes de la poesía actual en lengua catalana.

La entrega del premio ha sido recibida con satisfacción en el mundo literario, no solo por la calidad de la obra galardonada, sino por lo que representa en términos de memoria, familia y lengua. Una combinación que, sin duda, dará que hablar y que invita a redescubrir la poesía como vehículo para entender el pasado y el presente.

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Libro de poesía catalana con memoria histórica

El jurado ha querido premiar una obra que no se conforma con ser un ejercicio estético, sino que apuesta por una poesía comprometida con la realidad, que mira al pasado para entender el presente y que pone la emoción y la memoria al servicio de una reflexión más amplia sobre quiénes somos y de dónde venimos.

Sebastià Alzamora ha celebrado el galardón con humildad y con una clara conciencia de lo que significa. En un momento de incertidumbre política y social, el poeta reivindica la literatura como una herramienta para recordar, para emocionar y para mantener viva la memoria de quienes no pudieron contarlo. Un premio, sin duda, más que merecido para una obra que ya ha cosechado otros reconocimientos como el Premio de la Crítica en Lengua Catalana o el Cavall Verd.


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