Resumen de obras literarias simbólicas imprescindibles

Resumen de obras literarias simbólicas imprescindibles

Resumen de obras literarias simbólicas imprescindibles

Como hemos visto en los artículos anteriores sobre este tema tan fascinante, el Simbolismo busca vestir las ideas en el arte con trajes sensibles, poniendo sobre la mesa intenciones metafísicas que sumergen cualquiera de sus obras en el misticismo y el misterio. Los textos simbolistas muestran la verdad del mundo a través de diálogos y recursos indirectos, invitando al lector a descubrirlos.

No obstante, para hablar de este movimiento propiamente dicho, es necesario recurrir a sus artífices, aquellos autores que lo impulsaron e hicieron de él una constante en el resto del bagaje literario universal. Por ello, en el presente artículo, te mostramos un resumen de las obras literarias simbolistas imprescindibles.

Resumen de obras literarias simbólicas imprescindibles

Les Fleurs du mal en Wikisource — Las flores del mal (1857), de Charles Baudelaire

Las flores del mal es un libro cumbre en la poesía simbolista francesa y universal. El texto ha pasado por muchas ediciones a lo largo de los años, pero la más aceptada —por ser la menos «inmoral», valga decir— contiene unos 151 poemas que se constituyen en una estructura compleja y rigurosa introducida por el famoso poema «Al lector». Aquí, el autor explora temas como la belleza, el pecado, el erotismo, la melancolía y la decadencia espiritual.

En Las flores del mal, al poema citado con anterioridad le siguen otras seis partes. Estas serían: «Esplín e ideal», «Cuadros parisinos», «El vino», «Flores del mal» y «Rebelión», la cual conlleva como conclusión «La muerte». De este modo, el libro es, como el mismo autor lo llamó, un diccionario de la melancolía y el crimen. Aquí, el lenguaje es musical, y las imágenes, sensuales, tesoros que sentaron las bases de lo que harían otros escritores.

Fragmento de «El viaje» (CXXVI):

«Para el niño, enamorado de mapas y estampas,

El universo es igual a su vasto apetito.

¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas!

¡Para las miradas del recuerdo, el mundo qué pequeño!

Una mañana zarpamos, la mente inflamada,

El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos,

Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda

Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.

Algunos, dichosos al huir de una patria infame;

Otros, del horror de sus orígenes, y unos contados,

Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer,

La Circe tiránica de los peligrosos perfumes…».

Contes cruels — Cuentos crueles (1883), de Auguste Villiers de L’Isle Adam

Como la mayoría de los autores de esa época, de L’Isle Adam llevaba una vida tumultuosa, un hecho que lo llevó a escribir la colección Cuentos crueles con el fin de encontrar un hueco en la industria, algo que no consiguió. En este sentido, nació una combinación de ironía y elementos fantásticos a favor de criticar la hipocresía social, el materialismo y la mediocridad burguesa.

El libro está narrado a través de un estilo refinado y provocador, donde los relatos exponen lo absurdo de la existencia moderna, revelando situaciones en las que el sufrimiento, la muerte o lo grotesco muestran la verdad oculta. Villiers de L’Isle Adam mezcla lo macabro con lo sublime y lo trágico con lo satírico, anticipando el Decadentismo y el Surrealismo. Cada cuento, con su crueldad elegante, es una reflexión sobre el arte, el alma y el fracaso de la razón.

Fragmento de «Vera» (traducida por Manuel Granell, Espasa, 2003):

«El día de fiesta nacional, la muchedumbre rodea a un hombre que no se descubre y mantiene el sombrero puesto. Empiezan los insultos, luego los empujones, hasta caer al suelo: el hombre, sin brazos, no puede cubrirse ni defenderse. La turba, al descubrir su condición de inválido de guerra, se detiene en silencio, avergonzada. Pero el daño ya está hecho; los golpes han rodado sobre su cabeza y su cuerpo. Vera, espectadora muda, siente un odio extraño: el miedo le hiela la sangre, y nadie parece responsable».

Les Chants de Maldoror — Los cantos de Maldoror (1870), del Conde de Lautréamont

Los cantos de Maldoror es una obra poética en prosa que narra las visiones y pensamientos de Maldoror, un ser misántropo y rebelde que encarna la maldad absoluta. Dividida en seis cantos, la novela despliega un lenguaje oscuro, violento y surrealista para desafiar la moral, la religión y la razón. Maldoror rechaza a Dios y la humanidad, abrazando lo monstruoso y lo abyecto como forma de afirmación individual.

El libro —de características góticas y satíricas, pero con una profunda base simbolista— es un gran disruptor en lo referente a la convención literaria, en la mayoría de los casos, exaltando lo irracional como una forma extrema de expresión poética.

Fragmento del Canto IV (traducción de Ángel Pariente, Alianza Editorial):

«Estoy sucio. Los piojos me roen. Los cerdos vomitan al mirarme. Las costras y las escaras de la lepra han descamado mi piel, cubierta de pus amarillento. No conozco el agua de los ríos ni el rocío de las nubes. En mi nuca … mis miembros desde hace cuatro siglos. Mis pies han echado raíces … que ha dejado de ser carne. Sin embargo, mi corazón late … Bajo mi axila izquierda una familia de sapos … Cuando alguno se mueve, me hace cosquillas … Dos pequeños erizos … arrojaron a un perro … el interior de mis testículos … El ano ha quedado obstruido por un cangrejo … y me produce mucho daño!».

L’après-midi d’un faune — La siesta de un fauno (1865), de Stéphane Mallarmé

Se trata de un poema simbólico y musical que, como su nombre lo indica, narra el despertar de un fauno tras una siesta, confundido entre el sueño y la realidad. En este contexto, el ser evoca encuentros sensuales con ninfas, sin saber si realmente ocurrieron o fueron fruto de su deseo y ensoñación. La obra explora el arte, el erotismo y la ilusión, utilizando un lenguaje hermético y sugerente que anticipa el Simbolismo.

A través de imágenes vaporosas y ritmo melódico, muy propio del movimiento que estamos examinando, Mallarmé crea una atmósfera ambigua donde el mito y la fantasía se funden, cuestionando los límites entre lo real y lo imaginario. Esta técnica es algo que se volvería más común con el pasar del tiempo, pero, en su momento, significó una verdadera revolución, siendo considerada la corriente por excelente de la literatura francesa.

Fragmento (traducción al español de Mauricio Bacarisse):

«El Fauno relata: “La ninfa que deseo evocar… ¿fue sueño mío o tuyo? —No, el sopor claro de la siesta, aún tibio de tu aliento, desmiente la inocencia suspendida en azul. Desperto el canto en esta flauta hueca; sus notas, largas, en el aire dorado, ondulan un sopor donde el deseo se mece. Quiero perpetuar, con arte sutil, la huida de las bellas infieles y, entre los lirios, incendiar el recuerdo de besos nunca dados”».

Une saison en enfer — Una temporada en el infierno (1873), de Arthur Rimbaud

Se trata de la única obra publicada por el propio Rimbaud, un material que, según piensan los expertos, el autor creó para sí mismo, implicando un alto contenido autobiográfico. Aquí, el perturbado escritor relata su descenso personal a través del sufrimiento, la rebelión y la búsqueda espiritual. En su libro, Rimbaud expone su ruptura con la moral, la religión, el arte tradicional y la idea de sí.

La obra refleja su experiencia como poeta vidente, su relación destructiva con Paul Verlaine y su desilusión con el mundo. Para contarnos su historia, utiliza un estilo fragmentario e intenso, donde hace una performance exquisita de la caída y la redención, logrando que este libro sea un manifiesto de la modernidad literaria y la angustia existencial.

Fragmento de «Delirios I: Una noche» (traducción de Juan Carlos Villavicencio):

«En otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos fluían. Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. —Y la encontré amarga. —Y la insulté. Me armé contra la justicia.

Huí. ¡Oh hechiceras, oh miseria, oh aversión, es a ustedes solamente que confié mi tesoro! Logré diluir en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre todo júbilo, para estrangularlo, hice el salto cauteloso de la bestia feroz. Llamé a los verdugos para, en pereciendo, morder las culatas de sus fusiles. Llamé a los flagelos para ahogarme con arena, con la sangre. […]».

Poèmes saturniens — Poemas saturnianos (1866), de Paul Verlaine

Este es el primer libro de poesía publicado por el que, para muchos, es uno de los mejores escritores simbolistas de todos los tiempos. El autor fue responsable de marcar un estilo melancólico, musical y abocado a lo indirecto. Influido por la astrología, el título alude a los nacidos bajo el signo de Saturno, asociados con la tristeza y la introspección.

La obra se divide en secciones que alternan lo romántico, lo irónico y lo nostálgico, abordando temas como el amor imposible, la soledad y el paso del tiempo. Con un lenguaje delicado y un ritmo armonioso, Verlaine crea atmósferas sutiles y evocadoras, anticipando la poesía moderna y alejándose de la grandilocuencia del Romanticismo, el cual despreciaba.

Fragmento de «Il pleure dans mon cœur» (traducción de Emilio Carrère, ed. 1921, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes):

«Llora en mi corazón

como llueve en la ciudad.

Qué languidez invadió mi alma

como el llanto de la lluvia.

Oh dulce ruido de la lluvia

sobre techos y aceras,

para este corazón tan triste,

qué canción más plena.

Llora sin motivo

en este corazón abatido;

¿es traición este sentir?

Nadie lo entiende bien.

Y la pena, sin culpa,

cae sin razón,

y en mi pecho derrama el llanto

como la lluvia en la ciudad».

Les Poètes maudits — Los poetas malditos (1884), de Paul Verlaine

Si bien esta no es una obra simbolista hecha y derecha, es un referente para aprender un poco más sobre los autores que conformaron los inicios del movimiento. En su ensayo, Verlaine honra a seis poetas muy específicos: Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L’Isle-Adam, y Pobre Lelian, este último, siendo un anagrama del mismísimo Paul Verlaine.

En suma, el texto trata varios comentarios de dichos autores,a los que, en su mayoría, Verlaine conoció de manera íntima. Asimismo, se explora el estilo de la poesía de cada uno de ellos, así como anécdotas personales vividas entre todos en aquella época de inicios, incertidumbre y arte, donde todos los citados eran propensos a una existencia agitada.

Fragmento (traducción de Mauricio Bacarisse, ed. Mundo Latino):

«Stéphane Mallarmé es la encarnación más imposible del purismo lírico. Su palabra busca el silencio, el hueco, el espacio donde el verso se siente más espíritu que sonido. En su rostro se descubre una idea tan pura que asusta. No actúa, espera; no canta, susurra. De su poema el lector retiene un sabor de tabaco y de campanas. La belleza, según él, surge en lo que no se explica. Y esa belleza callada dejó su eco entre los jóvenes malditos, sembrando un camino sin retorno hacia la poesía del vacío y del misterio».