Raimon. Este yo que soy yo: retrato total de un artista indomable

  • Nueva biografía de Raimon que recorre toda su trayectoria, de los primeros recitales a los conciertos de despedida en 2017.
  • Libro de Miquel Alberola que combina periodismo narrativo y ensayo, con fuerte contexto sociopolítico.
  • Retrato de Raimon como figura disruptiva, de carácter indomable y con proyección internacional en catalán.
  • Análisis de su relación compleja con el poder, especialmente en Valencia, y de su papel en la defensa de la lengua y la cultura.

Libro sobre Raimon

El cantautor valenciano Raimon vuelve a situarse en el centro del debate cultural con la publicación de una nueva biografía que reivindica su figura en toda su complejidad. Bajo el título Raimon. Este yo que soy yo, el volumen aspira a fijar, con calma y sin tópicos, quién ha sido realmente este músico que marcó la Nova Cançó y que, décadas después, sigue despertando interés y controversia.

La obra, firmada por el periodista valenciano Miquel Alberola y editada por Ara Llibres, repasa desde los primeros recitales de Raimon hasta sus conciertos de despedida en 2017, deteniéndose tanto en su evolución artística como en su impacto político, cívico e identitario. Lejos de ser solo un recorrido cronológico, el libro adopta un enfoque que mezcla el periodismo narrativo con el ensayo, y ofrece un retrato de un creador incómodo para la dictadura y también para buena parte de la democracia.

Un libro que Raimon reconoce como propio

En la presentación en Barcelona, celebrada en la sede de Abacus en el Raval y con la sala repleta de público y caras conocidas del ámbito cultural, el propio Raimon no escatimó elogios hacia el trabajo de Alberola. Observando la cubierta, donde aparece una fotografía suya en el Olympia de París en 1966, el cantante, nacido en Xàtiva en 1940, comentó con ironía y un punto de asombro: han pasado seis décadas desde aquella imagen y, aun así, se sigue discutiendo sobre quién es él y qué representa.

El músico aseguró que el volumen está “muy bien hecho” y recalcó que no se reconoce en la caricatura simplificada del cantautor en blanco y negro que durante años ha circulado. Según explicó, al leer el libro se ve reflejado sin distorsiones, con sus dudas, contradicciones y cambios de rumbo, algo que para él resulta fundamental. Para cualquiera que quiera entender su trayectoria completa, añadió, este título ofrece una versión clara y honesta.

La complicidad entre autor y biografiado se nota desde el inicio. Alberola y Raimon se conocen de hace años, comparten origen valenciano y una larga relación de confianza. Esa proximidad, sin embargo, no deriva en hagiografía: el periodista insiste en que ha trabajado con libertad absoluta, apoyándose tanto en testimonios directos como en una gran cantidad de documentación, buena parte de ella recopilada y ordenada por Annalisa Corti, compañera de vida del cantautor.

Raimon, con su habitual socarronería, subrayó que el autor ha escrito “el libro que le ha pasado por la cabeza”, sin someterse a consignas ni a indulgencias, pero desde la buena fe. Para el cantautor, el resultado es una obra que permite a cualquier lector hacerse una idea precisa de quién ha sido él “hasta ahora”, una especie de mapa vital y artístico que deja poco espacio a las simplificaciones.

El método de Alberola: entre el periodismo narrativo y el ensayo

Alberola define Raimon. Este yo que soy yo como una mezcla de periodismo narrativo y ensayo con fuerte anclaje histórico. El libro recorre la carrera del autor de “Al vent” desde antes del primer recital hasta después del último concierto en el Palau de la Música de Barcelona, en 2017, estableciendo un doble foco: por un lado, las tensiones internas y contradicciones del propio Raimon; por otro, el contexto sociopolítico que rodea cada etapa y que, en su caso, resulta imposible separar de su obra.

El periodista valenciano se apoya en una bibliografía previa que considera fundamental para entender al personaje. Entre las referencias clave cita el temprano volumen Raimon que Joan Fuster publicó en 1964, cuando el cantautor apenas contaba 23 años, y el estudio más académico La construcció d’un cant (2005), de Antoni Batista, que analiza su trabajo desde la óptica de un musicólogo y periodista. Ambos títulos sirven de base para afinar las claves interpretativas de esta nueva biografía, que aspira a reunir en una sola obra la trayectoria completa.

El resultado es un texto que no se limita a enumerar discos y fechas, sino que intenta derribar la “foto fija” del cantante asociado a un único momento histórico. Alberola se propone romper esa estampa en blanco y negro del Raimon joven, contestatario y casi congelado en los años sesenta, para mostrar una trayectoria evolutiva llena de cambios musicales, vitales y políticos. De ahí que la narración avance enlazando recitales, prohibiciones, giras internacionales, decisiones incómodas y silencios significativos.

Otro rasgo distintivo del libro es la atención al proceso de construcción de la memoria. Gracias al trabajo minucioso de cronología hecho por Annalisa Corti, la biografía consigue situar cada acontecimiento en su momento preciso, evitando anacronismos y lecturas simplistas. Esta precisión temporal permite ver cómo se va transformando el propio Raimon, cómo se adapta el entorno y cómo se reinterpreta, con los años, cada una de sus canciones más emblemáticas.

El prólogo corre a cargo del propio cantautor, que reivindica el orgullo de haber desarrollado su obra “en la lengua de Xàtiva” y de haberla llevado a escenarios tan dispares como Tokio, Nueva York o París. Esa declaración inicial, que sitúa la lengua y el territorio en el centro de su proyecto artístico, sirve de hilo conductor al resto del libro y de punto de partida para la lectura que propone Alberola.

Raimon, un clásico disruptivo más allá de la Nova Cançó

Para Miquel Alberola, Raimon es, por encima de todo, un carácter indomable y un creador disruptivo. Lo presenta como un clásico equiparable a figuras internacionales que también construyeron su obra desde una lengua propia y, en muchos casos, minoritaria: Léo Ferré, Georges Brassens, Jacques Brel, Bob Dylan, Joan Baez, Leonard Cohen o Violeta Parra son algunos de los nombres que cita a modo de espejo. Salvador Espriu lo definió en su día como “un fenómeno complejísimo”, y el libro hace suya esa idea para explicar un personaje que desborda cualquier etiqueta simple.

Alberola insiste en que Raimon no es solo un cantante ni solo un músico ni solo un poeta. Su impacto se proyecta en campos muy diversos: lengua, literatura, música, movimiento cívico y político. Cada una de estas dimensiones aparece entrelazada en su trayectoria, hasta el punto de que sus canciones han contribuido a despertar o reforzar el sentimiento de pertenencia a una comunidad —de País Valencià a Baleares y Cataluña— que, según el autor, ha sufrido durante décadas la presión centrípeta de un Estado fuertemente centralista.

La biografía también repasa la manera en que se ha construido el imaginario público sobre Raimon. Durante años, cierta iconografía lo redujo a una imagen en blanco y negro, casi estática, del cantautor de una época marcada por la represión franquista. Alberola considera que esa postal, aunque comprensible en su contexto, ya no se corresponde con la realidad de una trayectoria larga y en constante transformación. Su objetivo es precisamente mostrar los matices que esa simplificación oculta.

En cuanto a su producción musical, el libro destaca que el lenguaje de Raimon evoluciona desde una intensidad existencial más desnuda a una complejidad armónica y estilística que incorpora registros diversos. Del canto directo y combativo que quedó asociado a sus primeras grabaciones, pasa a explorar el rhythm’n’blues, el contrapunto melódico, el free jazz, el minimalismo contemporáneo, el pop o el rock. Esa pluralidad estilística, a menudo eclipsada por su faceta de símbolo político, recibe en esta biografía una atención especial.

Todo ello se combina con una lectura de Raimon como figura incómoda, tanto para el franquismo como para la democracia posterior. El libro recoge la idea de que nunca estuvo dispuesto a sacrificar su coherencia para agradar al poder, ni cuando este era abiertamente represivo ni cuando se revestía de formas democráticas. Su guion vital nunca fue previsible ni domesticable, algo que le generó admiraciones intensas y también conflictos persistentes.

Internacionalización, lengua y patrimonio cultural

Uno de los ejes fundamentales del volumen es la reivindicación de Raimon como figura clave del patrimonio cultural en lengua catalana, con una proyección exterior poco habitual. Alberola recuerda que el cantautor ha realizado giras en Japón, Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, varios países de Centroamérica y Sudamérica, así como en diferentes puntos de Centroeuropa, convirtiéndose en uno de los nombres más internacionales de la canción en catalán.

El libro subraya hitos como su actuación en el Olympia de París, donde fue el primer artista en cantar en la lengua de Ausiàs March sobre un escenario tan emblemático. Esa presencia en circuitos internacionales de prestigio contribuyó a situar la cultura catalana en un mapa global en el que, en aquellos años, apenas tenía visibilidad. No se trataba solo de exportar canciones, sino de mostrar que esa lengua y esa tradición literaria eran perfectamente capaces de ocupar espacios centrales.

Otro aspecto destacado es su papel pionero en la musicalización de poesía. Raimon fue, según recuerda Alberola, el primero en publicar un disco completo con textos de un único autor, en este caso Salvador Espriu, con el álbum Cançons de la roda del temps (1966). Esa experiencia abrió una vía creativa que más tarde seguirían otros cantautores: se cita, por ejemplo, cómo Joan Manuel Serrat, unos años después, grabaría trabajos dedicados a Antonio Machado y Miguel Hernández, una línea que se convirtió en seña de identidad de la canción de autor en el ámbito hispánico.

En el prólogo, Raimon enfatiza que ha desarrollado buena parte de su carrera “en la lengua de Xàtiva” ante públicos de todo el mundo, desde Tokio y Nueva York hasta París. Esa insistencia en cantar en catalán —o en su variante valenciana— incluso en escenarios alejados de su entorno inmediato, se presenta como un acto de fidelidad a una comunidad lingüística y como una forma de resistencia simbólica frente a décadas de marginación oficial.

Alberola recoge igualmente el testimonio de quienes vivieron la presión contra el uso del valenciano en la vida cotidiana. En los institutos y otros espacios formativos, era habitual escuchar que la lengua propia servía “para ir por casa”, como unas zapatillas, mientras que para salir a la calle y ocupar la esfera pública había que ponerse “los zapatos”, es decir, el castellano. El libro conecta este clima con la actitud del cantautor, que optó por convertir justo esa lengua relegada en vehículo principal de su obra.

Esa defensa de la lengua se articula en paralelo a una trayectoria de compromiso colectivo. La biografía habla de fidelidad a sí mismo y a una colectividad amplia, que va más allá de fronteras administrativas. En este sentido, Raimon aparece como una figura que, sin militar orgánicamente en partidos, ha contribuido a construir un imaginario compartido en torno a la cultura y la memoria histórica en los territorios de habla catalana.

Conflictos con el poder y una relación áspera con Valencia

Otro bloque central del libro aborda las variadas fricciones de Raimon con instituciones y partidos, tanto en la etapa franquista como en la democrática. En los años de la dictadura, el régimen trató de evitar por todos los medios que pudiera consolidarse como cantante, a través de vetos, presiones y controles constantes. En ese contexto, Barcelona se revela como un refugio decisivo para su eclosión artística, mientras que Valencia aparece como un entorno mucho más hostil.

Alberola atribuye esta diferencia a la composición de las clases dirigentes y a la realidad sociocultural de cada lugar. Según explica, en la Barcelona de aquellos años existía una burguesía cultural dispuesta a apoyar propuestas como la de Raimon, invitándolo a actuar y a integrarse en determinados círculos. En Valencia, en cambio, el peso de la castellanización y de una élite poco favorable a la lengua propia hizo que un proyecto en valenciano tuviera muchas más dificultades para encontrar apoyos visibles.

La biografía se adentra también en episodios concretos de desencuentro con el poder durante la democracia. Uno de los más significativos se sitúa en 1980, cuando Raimon rechaza peticiones de diferentes partidos —PSOE, PSUC o Convergència Democràtica, entre otros— para actuar en mítines electorales. El cantautor reprocha entonces que solo se acuerdan de los referentes culturales cuando llega la campaña, manteniendo así una distancia consciente frente a cualquier intento de instrumentalización partidista.

Otro momento tenso fue la polémica en torno a la Creu de Sant Jordi en 1982. Raimon mostró reticencias a aceptar la distinción, temiendo que se interpretara como una especie de cierre de etapa, casi de “liquidación de existencias” de la Nova Cançó. En sus palabras, corría el riesgo de ser enviado “a un museo de la resistencia antifranquista” justo cuando el nuevo poder institucional parecía dar por amortizado ese movimiento. El libro recuerda su sensación de pasar de la lucha contra la dictadura a una actitud de prevención frente a la administración y de cierta decepción con el rumbo tomado por algunas instituciones.

La relación con el poder en la Comunidad Valenciana, tanto durante la dictadura como después, también recibe un análisis detallado. Alberola destaca que los desencuentros con los gobiernos autonómicos, especialmente bajo mayorías del Partido Popular, han mantenido un tono casi “marciano” y extremadamente radical. Esa trayectoria de tensiones repetidas contribuye a explicar la imagen de Raimon como figura incómoda también en su propio territorio de origen.

En la presentación del libro, al ser preguntado por la situación política actual, el cantautor no eludió un tono pesimista. Calificó la coyuntura de “bastante jodida” y apuntó que, a su juicio, muchas de las personas que ocupan posiciones de gobierno no deberían estar ahí, aunque admitió con realismo que, si la gente vota lo que vota, la solución no es sencilla. Sus palabras desprenden una mezcla de cansancio, lucidez crítica y escepticismo ante el rumbo de las instituciones.

Compromiso, independencia y retirada de los escenarios

El libro no solo repasa los grandes hitos públicos, sino que se detiene en la coherencia de fondo que atraviesa la trayectoria de Raimon. Alberola lo describe como alguien que ha luchado por lo colectivo —en términos de lengua, memoria y derechos—, pero al mismo tiempo ha defendido con uñas y dientes su propia independencia. Esa combinación explica buena parte de su fama de personaje indomable y, también, de “fenómeno disruptivo”.

Según el autor, durante la Transición y los primeros años de la democracia, el entorno político y mediático esperaba que figuras como Raimon se adaptaran a un guion más previsible: se les reclamaban canciones cívicas específicas, alineadas con los intereses de partidos e instituciones. El cantautor, sin embargo, optó a menudo por caminos inesperados: cuando muchos aguardaban nuevos himnos políticos, él publicaba discos centrados en el amor; cuando se celebraban las primeras elecciones, se marchaba de gira a Japón.

El acoso sufrido en época franquista también ocupa un lugar relevante en la narración. Alberola llega a comparar la presión sobre Raimon con la que el FBI ejerció en su día contra John Lennon, para subrayar la intensidad de la vigilancia y el temor que despertaban ciertas canciones y actuaciones. Ese hostigamiento no se disolvió por completo con la llegada de la democracia, sino que se transformó en otras formas de incomodidad y de desajuste con el nuevo orden establecido.

La retirada de los escenarios en 2017, tras los conciertos en el Palau de la Música, aparece en el libro como un punto y aparte más que como un cierre dramático. El propio Raimon, interpelado sobre la posibilidad de regresar a actuar, se lo toma con humor y responde que está afónico, sin entrar en grandes dramatismos. La sensación es la de alguien que ha completado un ciclo largo y exigente, y que ahora prefiere mantener cierta distancia de la exposición pública.

Durante la elaboración de la biografía, tanto él como Annalisa Corti estuvieron muy implicados respondiendo a consultas y facilitando material, pero siempre desde la premisa de que el libro debía ser obra de Alberola, sin injerencias. Esa actitud encaja con la imagen de un creador que, a lo largo de los años, ha defendido la autonomía de su trabajo frente a presiones externas de todo tipo, ya fueran políticas, mediáticas o comerciales.

La lectura conjunta de todos estos elementos —la defensa de la lengua, la proyección internacional, la diversidad musical, los choques con el poder y los giros inesperados— permite entender mejor por qué, todavía hoy, el nombre de Raimon suscita debates encendidos. La biografía de Alberola no pretende clausurar esos debates, sino aportar contexto y matices para que se produzcan con más información y menos tópicos. El libro se sitúa así como una pieza de referencia para quienes quieran acercarse a la figura del cantautor desde España o Europa con una mirada amplia y documentada.

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