La nueva novela de David Uclés, La ciudad de las luces muertas, continúa sumando hitos con su llegada a los escenarios culturales de España, especialmente en Bilbao y Barcelona. El libro, galardonado con el Premio Nadal 2026, se presenta ante el público como una mezcla de fábula onírica, distopía urbana y homenaje a la tradición literaria barcelonesa, con un fuerte trasfondo simbólico sobre la oscuridad de nuestro tiempo.
En un momento marcado por el auge de los extremismos y la sensación de desgaste social, la obra propone que la esperanza y el arte no son algo que simplemente se encuentra, sino que deben construirse, casi a contracorriente. Uclés convierte Barcelona en un escenario fantástico sumido en un apagón total, donde la literatura, la música, la arquitectura y el cine se entrecruzan para plantear una pregunta incómoda: ¿cómo se devuelve la luz a una ciudad —y a una sociedad— que parece haberse acostumbrado a la penumbra?
Presentación en Bilbao: Bidebarrieta se llena de literatura y conversación

El Bidebarrieta Kulturgunea del Ayuntamiento de Bilbao será el escenario de una de las citas clave con la novela. El próximo 9 de febrero, lunes, la sala acogerá la presentación de La ciudad de las luces muertas, en un acto en el que el autor conversará con la periodista Elena Sierra sobre el proceso creativo, los referentes literarios y las lecturas políticas y simbólicas del libro.
Las invitaciones disponibles en la web municipal se han agotado con antelación, lo que evidencia el interés que ha despertado el nuevo trabajo de Uclés entre el público lector bilbaíno. Aun así, se reservarán unas 25 entradas adicionales que podrán retirarse en la propia biblioteca aproximadamente una hora antes del inicio del encuentro, un pequeño margen para quienes se han quedado fuera de la reserva online.
Con el objetivo de ampliar el acceso al acto, la presentación se podrá seguir también en streaming, permitiendo que lectoras y lectores de otras ciudades —e incluso de otros países— asistan virtualmente a la conversación entre Uclés y Sierra. Esta combinación de aforo presencial y emisión en directo refuerza la vocación de Bidebarrieta de ser un espacio abierto y conectado con la comunidad lectora más allá de Bilbao.
El Bidebarrieta Kulturgunea es el ámbito de la Biblioteca de Bidebarrieta dedicado específicamente a la difusión cultural y literaria. Entre sus objetivos principales figuran la promoción de la lectura, el apoyo al conocimiento en sus distintas formas y la divulgación científica, convirtiéndolo en un lugar idóneo para una novela que busca dialogar con la memoria cultural de Barcelona y, por extensión, de toda la península.
En este marco, la presencia de una moderadora como Elena Sierra —periodista con larga trayectoria en cultura, gastronomía y ocio, vinculada a EL CORREO y al sector de la comunicación de eventos— apunta a una charla centrada tanto en la dimensión literaria de la obra como en su conexión con los debates públicos actuales, desde la situación política europea hasta la salud del propio ecosistema editorial.
Una Barcelona a oscuras: argumento y claves de la novela
En La ciudad de las luces muertas, Barcelona se queda sin luz natural ni eléctrica a raíz de un deseo formulado por una joven Carmen Laforet. Esa oscuridad no afecta, sin embargo, a las velas, que continúan iluminando espacios y escenas como si fuesen pequeños focos en un gran escenario teatral. En ese contexto, todas las Barcelonas del siglo XX —y algunas de otros momentos— se superponen, creando una ciudad en la que épocas y personajes históricos conviven a la vez.
El detonante de esta situación es una escena casi de cuento: en unos juegos florales, Laforet recibe una hoja mágica de manos de la poeta Dolors Montserdà, a quien la historia ya sitúa como fallecida. Esa hoja tiene el poder de convertir en realidad lo que se escriba en ella, siempre que sea quemada después. Laforet anota su deseo de contemplar la catedral envuelta en una noche eterna, una «noche de los tiempos» que, al no completarse del todo el ritual, se cumple de forma parcial y descontrolada, dejando la ciudad atrapada en la oscuridad.
Desde ese momento, la novela avanza escena a escena, casi como una ópera. Hay interludios, se anuncian los personajes que entrarán en juego y cada capítulo funciona como una pequeña pieza dentro de un mosaico mayor. Cada encuentro abre la puerta al siguiente, en una cadena de apariciones que va llevando al lector por hospitales, calles, plazas, bibliobuses y edificios emblemáticos de Barcelona.
Lo que empieza como una fantasmagoría entre lo onírico y lo mágico se va desplazando hacia un tono más cercano a la ciencia ficción y la distopía. A medida que se acumulan las amenazas —bombardeos, explosiones simultáneas, sombras políticas—, la trama adopta la lógica de las películas de acción, con un plan para salvar la ciudad que se explica y se reexplica varias veces y que coloca a sus protagonistas al borde del desastre.
Según el propio Uclés, la obra no pretende ser simplemente realismo mágico ni puro surrealismo: los personajes no entienden del todo qué está pasando, pero los sucesos mantienen una coherencia interna, una especie de lógica poética que evita el puro azar. Lo que se propone, más bien, es una experiencia de lectura «impresionista», formada por pinceladas y estampas que invitan a que cada persona lectora componga su propia imagen de Barcelona.
Un desfile de artistas, escritores y personajes históricos
Uno de los rasgos más llamativos del libro es el amplio elenco de figuras literarias, artísticas y musicales que pueblan sus páginas. Más de un centenar de personajes vinculados de un modo u otro a Barcelona hacen acto de presencia, muchos de ellos reducidos a un rasgo muy reconocible que los identifica y genera un guiño cómplice al lector.
En ese collage narrativo aparecen Julio Cortázar salvando a Laforet de ser arrollada por un tranvía, y de inmediato acudiendo a un hospital junto a Carlos Fuentes para acompañar a Mario Vargas Llosa en una operación en la que el escritor peruano quiere recolocarse el corazón «a la derecha», una alegoría directa sobre su evolución ideológica. Después será Simone Weil quien evite que el propio Cortázar termine bajo las ruedas de otro tranvía, en una secuencia de rescates y casualidades que mantiene un tono de humor negro y reflexión política.
La nómina de apariciones incluye también a Picasso, Woody Allen, Sílvia Pérez Cruz y Roberto Bolaño, este último convertido en una especie de monologuista; a Jordi Savall, Núria Espert y Montserrat Caballé ensayando; a Gil de Biedma en el tramo final de su vida o a Manuel Vázquez Montalbán casi poseído por su alter ego literario, Carvalho. Aunque Juan Marsé no entra en escena de forma directa, la novela cita el inicio de Últimas tardes con Teresa, incorporando así otro de los grandes referentes barceloneses del siglo XX.
El texto juega en todo momento con la plausibilidad de los encuentros. Uclés ha explicado que se permitió imaginar situaciones que podrían haber ocurrido —como una relación íntima entre Jean Genet y Terenci Moix—, pero evitó forzar escenas que rompieran la percepción pública de ciertas figuras. Su único límite declarado era que los personajes resultaran reconocibles en su actitud y su gesto, incluso cuando se les lleva a extremos alegóricos o paródicos.
Tampoco faltan las presencias de Gabriel García Márquez y Cristina Peri Rossi, que abandonan la ciudad en barco, o los ensayos y conspiraciones de Montserrat Roig y Mercè Rodoreda, esta última rodeada de palomas mensajeras con las que se intenta articular un plan para enfrentarse a la amenaza que se cierne sobre Barcelona. El elenco se completa con nombres que van de Freddy Mercury a Rosalía, incorporando también a figuras del siglo XXI para subrayar la continuidad de la tradición cultural barcelonesa.
Este desfile de personalidades está acompañado por momentos de alta carga simbólica, como la imagen de Gaudí contemplando su obra prácticamente terminada o la descripción de una «deconstrucción arquitectónica» de la ciudad que se acompaña de sugerencias musicales, casi como si el lector asistiera a una banda sonora paralela mientras recorre los barrios y las plazas en penumbra.
Oscuridad, fascismo, gentrificación y esperanza
Más allá del juego literario, La ciudad de las luces muertas funciona como una reflexión sobre distintos tipos de oscuridad contemporánea. Uclés ha señalado que, para él, dos de las más importantes son la propia caducidad del ser humano y el auge de la ultraderecha en Europa, que amenaza derechos y libertades considerados consolidados en países como Francia, Dinamarca o España.
El apagón que deja a Barcelona sin luz admite varias lecturas: puede representar tanto la muerte y el paso del tiempo como la sombra del turismo masivo y la gentrificación que vacían de alma los barrios, o incluso el avance del fascismo y la erosión de los valores democráticos. El autor prefiere no imponer una única interpretación, insistiendo en que dependerá de la mirada de cada lector qué significado prevalece.
En cualquier caso, la novela busca que esa oscuridad no sea el punto final. Uclés defiende que la esperanza no existe de manera espontánea: hay que generarla, producirla colectivamente, igual que en otros momentos históricos se logró revertir situaciones extremas. En su visión, el arte —y la literatura en particular— puede actuar como herramienta de catarsis y de toma de conciencia, capaz de ayudar a «desnudar» las fuerzas que oprimen y a imaginar vías de resistencia.
Como guiño a ese enfoque, el libro apenas concede espacio directo a la figura del político profesional. Todos los protagonistas son artistas o intelectuales, precisamente porque el autor considera que es desde esa esfera desde donde puede generarse el cambio de mentalidad necesario para oponerse a la deriva reaccionaria. El apagón, en este sentido, es tanto un peligro como una oportunidad para reorganizar la mirada sobre el mundo.
La Barcelona actual, tal y como la ve Uclés, sufre los mismos males que otras grandes urbes europeas, pero en versión acentuada por el turismo y las tensiones sobre la vivienda. Sin embargo, el escritor destaca que la ciudad condal es también la suma de sus muchas capas históricas, una urbe que combina momentos y estilos y que probablemente sobrevivirá a todos sus habitantes, aunque no siempre resulte fácil «vivirla» en plenitud.
Una estructura operística y juegos formales en la página
Uno de los aspectos más comentados de La ciudad de las luces muertas es su estructura. La novela se despliega como una partitura dividida en escenas e interludios, donde se anuncian los personajes que entrarán en cada fragmento, casi como si se tratase de un libreto de ópera. Este enfoque permite a Uclés encadenar episodios breves, intensos, que funcionan como viñetas o cuadros impresionistas.
Lejos de la linealidad clásica, el libro propone un recorrido fragmentado en el que cada episodio corresponde a una época distinta o a un punto de vista diferente sobre la ciudad. Ese carácter «collage» emula el trencadís modernista de Gaudí: piezas diversas que, al unirse, forman una imagen reconocible de Barcelona, aunque nunca totalmente cerrada ni definitiva.
En cuanto al plano formal, Uclés introduce coqueteos tipográficos y visuales: páginas completamente en negro en el momento del apagón, cambios de tipografía —incluyendo letra manuscrita para ciertos pasajes— y disposiciones del texto que rompen con la caja tradicional. Son recursos que, sin llegar a la experimentación extrema, buscan remarcar momentos clave o subrayar la sensación de extrañeza que atraviesa la narración.
La novela está salpicada también de pseudocitas y guiños intertextuales que pueden funcionar como pequeñas recompensas para quienes reconozcan los referentes. Se trata de frases, alusiones y chispazos de otras obras que se insertan en el texto sin aviso, jugando con la memoria literaria del lector, casi como si se tratase de un juego de pistas.
Hacia el final, el tono se desplaza hacia un registro más próximo al relato de catástrofes y salvación in extremis. El plan para evitar que Barcelona desaparezca ante una posible explosión masiva de bombas exige un esfuerzo conjunto de personajes vivos y muertos, mientras Carmen Laforet envejece a golpes de cabezada, pasando de la juventud a la vejez en cuestión de escenas, hasta convertirse en una anciana en el momento decisivo.
Carmen Laforet, Montserrat Roig y las otras heroínas de la historia
Si bien la novela se abre con la muerte de Carlos Ruiz Zafón en Nueva York, la verdadera guía del relato es Carmen Laforet, convertida en protagonista y testigo del extraño fenómeno que transforma Barcelona. Uclés recupera a la autora de Nada —primera ganadora del Premio Nadal— como una joven veinteañera, aún sin la fama que le otorgaría su obra posterior, para situarla en el centro de esta noche eterna.
La evolución de Laforet a lo largo del libro está marcada por sueños en los que envejece de repente, saltando décadas en cuestión de páginas. Ese desgaste acelerado hace que, cuando llega el momento de revertir su deseo y tratar de salvar la ciudad, sea ya una octogenaria. La imagen de una escritora envejecida, pero aún capaz de intervenir en el destino de Barcelona, refuerza la idea de la literatura como conciencia de la sociedad.
Junto a Laforet, otra figura central es Montserrat Roig, a la que la novela otorga un papel muy activo en la articulación de la resistencia frente a la destrucción. No es un detalle menor que Uclés obtuviera en su momento la beca que lleva el nombre de Roig, gracias a la cual pudo trasladarse a Barcelona para escribir; el libro retoma ese vínculo afectivo y lo convierte en un reconocimiento explícito a la autora catalana.
El elenco femenino se completa con una Mercè Rodoreda cansada, que duda entre contribuir con sus palomas mensajeras a la organización del plan o marcharse de nuevo al exilio. Su presencia dialoga con el ensayo de Roig sobre ella, «El aliento poético de Mercè Rodoreda», y subraya el peso de las escritoras en la construcción del imaginario barcelonés. A su alrededor orbitan otras voces, desde Simone Weil hasta figuras contemporáneas como Rosalía, que introduce un guiño al siglo XXI.
El epílogo, titulado «Las otras cuerdas de Barcelona», cierra la novela recogiendo los hilos sueltos de los personajes principales y reservando un lugar de honor precisamente para Rodoreda, Roig y Laforet. En sus últimas páginas aparece incluso «un tal Uclés» cantando chanson française, una forma irónica de colarse en su propio texto y recordar que el autor también forma parte de esa constelación de voces que han mirado a Barcelona desde la literatura.
Del éxito de «La península de las casas vacías» al Premio Nadal
Antes de irrumpir con La ciudad de las luces muertas, David Uclés ya se había consolidado como una de las grandes revelaciones del panorama literario español gracias a La península de las casas vacías. Esta novela, publicada por Siruela en 2024, alcanzó cerca de 300.000 ejemplares vendidos y llegó a contar con una edición de lujo en tapa dura, con una reinterpretación a color —realizada por el propio Uclés— de la ilustración de cubierta original de Zabaleta.
Ese éxito vino acompañado de una larga lista de reconocimientos: Premio Andalucía de la Crítica 2025, Premio Dulce Chacón 2025, Andalucía de las Letras 2025, Premio Cálamo al Mejor Libro del Año o el Premio Espartaco de la Semana Negra de Gijón a la Mejor Novela Histórica. Además, la obra fue elegida como segundo mejor libro del año por el jurado de la lista anual de Babelia, reforzando su recepción tanto entre la crítica como entre el público.
Frente a aquella novela, enmarcada en la Guerra Civil española y atravesada por elementos de realismo mágico vinculados a la propia familia del autor, La ciudad de las luces muertas apuesta por una invención total: una historia creada desde cero, que se alimenta de la memoria cultural barcelonesa pero no parte de una experiencia directa como testimonio familiar.
Uclés ha explicado que la idea de la nueva novela surgió en 2021, durante una estancia en París, cuando conoció las becas Montserrat Roig, centradas en proyectos vinculados a Barcelona. Apenas había pasado un día en la ciudad a lo largo de su vida, pero concibió su labor como la de un corresponsal de guerra: alguien enviado a un territorio desconocido que tiene que aprender a leerlo y contarlo con rapidez.
Esa aproximación externa le llevó a descubrir la densidad de la tradición literaria y artística barcelonesa, más allá del eslogan de «ciudad cosmopolita». La escritura del libro, extendida durante unos cinco años, le permitió adentrarse en la obra de numerosos escritores catalanes y autores vinculados a Barcelona que hasta entonces no había leído en profundidad, algo que se percibe en la cantidad de nombres que pueblan la novela.
Retrato de un autor nómada y polémico
Nacido en Úbeda (Jaén) en 1990, David Uclés se define como alguien «franco» que a veces habla demasiado, una sinceridad que le ha situado en el centro de varias polémicas públicas. Más allá de la atención mediática, su perfil combina facetas de escritor, músico, dibujante y traductor, con una formación lingüística sólida y una trayectoria internacional marcada por estancias en Alemania, Francia, Suiza e Inglaterra.
Ha trabajado como profesor de español, alemán e inglés en varios países europeos y ha pasado temporadas entre Galicia, Euskadi y Cataluña, aunque actualmente reside en Madrid. Ese recorrido nómada se refleja tanto en su mirada sobre Europa como en su decisión de, llegado el caso, marcharse a otro país «donde nadie le conozca» para seguir escribiendo en paz si siente que el ruido mediático interfiere demasiado en su trabajo creativo.
Hasta la fecha, Uclés ha publicado cuatro novelas: El llanto del león (2019), Emilio y Octubre (2020), La península de las casas vacías (2024) y La ciudad de las luces muertas, premiada con el Nadal 2026. También ha escrito dos obras en francés durante su estancia en Francia, reflejo de una formación literaria marcada en buena parte por el entorno extranjero.
Su presencia en medios se ha visto reforzada por colaboraciones en cabeceras como La Vanguardia, El País, Diario Jaén y la Cadena SER, así como por entrevistas y debates en los que no ha evitado pronunciarse sobre temas delicados, desde la memoria de la Guerra Civil hasta el auge actual de la extrema derecha. Él mismo admite que en España «te van a criticar hagas lo que hagas», y prefiere que esas críticas se basen en lo que piensa y escribe antes que en su indumentaria o su vida personal.
Esa exposición pública ha coincidido con algunos episodios de controversia, como su decisión de no participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil organizadas por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, debido a la presencia en el programa de figuras políticas con las que no se sentía cómodo y a un lema —»La guerra que perdimos todos»— que no compartía. El propio autor ha reconocido que quizá se arrepiente de haber hecho pública su renuncia, pero defiende su derecho a elegir dónde se siente a gusto.
La mirada de Uclés sobre la literatura española y europea
Con una trayectoria muy vinculada al extranjero, Uclés ofrece también una perspectiva particular sobre el estado de la literatura española y europea. Recuerda que, viviendo en Francia, llegó a escribir dos novelas en francés y a contemplar la posibilidad de publicar allí, en parte porque en España sentía que el sistema editorial estaba muy centrado en autores ya consagrados y dejaba poco espacio para voces nuevas.
En el país vecino, explica, existen premios literarios para autores jóvenes que pueden tener un peso similar al del Goncourt, lo que contrasta con una tradición española que, hasta hace poco, priorizaba a figuras establecidas. Sin embargo, el autor considera que la situación está cambiando y que se está produciendo un relevo generacional con nuevas voces que aportan registros y temas muy variados.
Uclés cita, entre otros, nombres como Luis Mario, Julia Peró, Irene Solà o Pol Guach como ejemplos de esa nueva hornada de escritores que están renovando la narrativa en castellano y catalán. A su juicio, en un plazo de alrededor de una década se percibirá con claridad la huella de este cambio generacional, una «ley de vida» que ya se empieza a notar en las mesas de novedades y en la recepción crítica.
Pese a su proyección, el autor insiste en que no es un escritor de publicar libro cada año. La intensidad de las giras de promoción y las polémicas asociadas a su figura han llegado a dificultar sus procesos de escritura, hasta el punto de que reconoce que lleva dos años sin poder escribir con continuidad. Entre sus planes está realizar un viaje por Centroeuropa —»la vieja Europa»— para encontrar la tranquilidad necesaria y trabajar en su próxima novela.
En paralelo, se están desarrollando proyectos de adaptación audiovisual. La versión en serie de La península de las casas vacías continúa en fase de guion, mientras que en el caso de La ciudad de las luces muertas ya hay interés para llevarla a la pantalla, quizá en forma de película. Uclés está convencido de que es su obra más visual, tanto por la cantidad de escenarios como por la naturaleza coral del reparto de personajes.
Del VIH a la «boina de fuego»: futuros proyectos y símbolos
Aunque todavía se encuentra inmerso en la promoción de La ciudad de las luces muertas, Uclés ya apunta hacia nuevos proyectos narrativos. Su siguiente libro, según ha adelantado, girará en torno al VIH y al estigma que recayó sobre quienes padecieron la enfermedad, especialmente en los años 80, cuando muchas personas fueron apartadas y demonizadas por su diagnóstico.
La temática no es ajena a su obra actual: en la novela aparecen referencias al sida a través de figuras como Julio Cortázar, recordando que el escritor argentino murió a causa de esta enfermedad, un hecho menos conocido por el gran público. Para Uclés, se trata de un asunto que le toca especialmente y que quiere abordar con mayor profundidad, como una forma de hacer justicia clínica y simbólica a quienes fueron estigmatizados.
Otra de las imágenes que ha dado que hablar es la «boina de fuego» con la que concluye la novela, una expresión que muchos han vinculado al propio autor por su habitual uso de boina como complemento. Uclés ha aclarado que, en realidad, pensaba en la «boina de contaminación» que a veces se cierne sobre ciudades como Madrid, y que la asociación con su figura ha sido más bien una coincidencia curiosa.
La atención a su aspecto —y, en general, a su manera de presentarse en público— es algo que el autor vive con cierta incomodidad. Admite que le resulta llamativo que, mientras a figuras como Buñuel o Lorca se les llegara a recriminar en su época el no llevar sombrero, a él le toque hoy escuchar críticas por llevarlo. En su opinión, el debate debería centrarse en lo que se escribe y se piensa, más que en la ropa o en la estética personal.
Mientras tanto, Uclés mantiene la intención de tomarse un tiempo de silencio creativo una vez termine la agenda promocional de su última novela. Su plan es desconectarse parcialmente del foco mediático durante el verano, viajar y retomar la escritura con calma, sin las distracciones que, según reconoce, han hecho más difícil concentrarse en sus proyectos recientes.
La presentación de La ciudad de las luces muertas en Bilbao, sumada a los encuentros con medios en Barcelona y al interés creciente por el libro en toda España, consolida a David Uclés como una de las voces más seguidas de la narrativa actual. Entre apagones alegóricos, ciudades desbordadas por el turismo, fantasmas de la Guerra Civil y sombras del fascismo europeo, su novela propone que solo la creación artística puede devolver algo de luz a un paisaje que muchos perciben en penumbra, recordando que la esperanza, lejos de ser un regalo, es una tarea compartida.