
El Premio de la Crítica ha vuelto a situar a Morille, un pequeño municipio de Salamanca, en el mapa literario al convertirse, un año más, en el epicentro de la crítica especializada. En su 70ª edición, este galardón sin dotación económica, pero con un enorme peso simbólico entre escritores, editores y lectores, ha puesto el foco en obras que exploran la memoria familiar, la precariedad cotidiana y los vínculos afectivos desde distintos territorios y lenguas.
La Asociación Española de Críticos Literarios ha reconocido como mejores libros publicados en 2025 títulos en castellano, catalán, gallego, euskera y una obra en lengua extranjera, confirmando la vocación plural del premio, semejante a la de otros premios de narrativa y poesía.
Un premio único en las cuatro lenguas oficiales y abierto al exterior
El Premio de la Crítica tiene una particularidad que lo diferencia del resto de galardones literarios españoles: es el único que se concede de manera simultánea a obras escritas en las cuatro lenguas oficiales del Estado (castellano, catalán, gallego y euskera) mediante un jurado profesional e independiente. A estas categorías se suma desde hace años un reconocimiento específico a un libro de lengua extranjera.
El jurado, integrado por 21 críticos literarios que trabajan de forma habitual en periódicos, revistas, suplementos culturales y otros medios especializados, se reúne en la localidad salmantina de Morille para deliberar a puerta cerrada durante varias jornadas. La cita incluye también actividades culturales en el municipio, como visitas a exposiciones o actos simbólicos —por ejemplo, el descubrimiento de un retrato del poeta salmantino Aníbal Núñez en la calle que lleva su nombre.
En esta edición, la rueda de prensa en el centro cultural CEVMO ha sido el escenario elegido para anunciar los ganadores, con la presencia del presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios, Fernando Valls, el alcalde de Morille, Manuel Ambrosio Sánchez, y la viceconsejera de Acción Cultural de la Junta de Castilla y León, Mar Sancho, además de los miembros del jurado.
La organización insiste habitualmente en el carácter independiente y riguroso de estos premios, algo que contribuye a su prestigio entre autores y lectores. No hay candidaturas presentadas por editoriales a modo de campaña, sino una selección y lectura crítica por parte del jurado, que valora el conjunto del panorama editorial del año.
Los ilusionistas: memoria familiar y madurez creativa en narrativa castellana
El gran protagonista en lengua castellana ha sido el madrileño Marcos Giralt Torrente, galardonado en la categoría de narrativa por su obra «Los ilusionistas», publicada por la editorial Anagrama. El libro ha sido considerado por la Asociación Española de Críticos Literarios como el mejor título narrativo editado en 2025 en castellano.
«Los ilusionistas» se presenta como una obra biográfica y familiar centrada en los abuelos maternos del autor: el reconocido novelista Gonzalo Torrente Ballester y Josefina Malvido. A través de ellos, Giralt Torrente construye un retrato de familia marcado por la ambición literaria, los sacrificios personales y las tensiones íntimas que atraviesan varias generaciones.
El jurado ha subrayado la lucidez extraordinaria con la que el autor refleja el complejo universo familiar, mezclando hechos reales con elementos de ficción en un relato introspectivo y contenido. La novela no se limita a reconstruir un árbol genealógico, sino que perfila también la vida de los cuatro hijos de la pareja, individuos atrapados en un entorno que condiciona su manera de enfrentarse a la realidad.
Con «Los ilusionistas», Marcos Giralt Torrente consolida una trayectoria ya distinguida con premios de gran relevancia, como el Premio Nacional de Narrativa por «Tiempo de vida». El escritor ha firmado también novelas como «París» o «Los seres felices», colecciones de relatos como «Mudar de piel» y otros libros memorialísticos, algo que explica la naturalidad con la que se mueve en la frontera entre memoria y ficción.
La poesía en castellano: la mirada social de Cada uno es mucha gente
En la modalidad de poesía en lengua castellana, el Premio de la Crítica ha recaído en el cordobés Pablo García Casado (Córdoba, 1972) por su libro «Cada uno es mucha gente», publicado por la editorial Visor. Se trata de su sexto poemario, un volumen que ya había sido distinguido con el XLVIII Concurso de Poesía Ciudad de Burgos y que ahora recibe el respaldo de la crítica especializada.
El jurado ha valorado especialmente la voluntad del libro de dar voz a personas corrientes insertas en redes de sociabilidad marcadas por la precariedad y la crisis: el trabajo, la familia, las relaciones de pareja, los hijos y las tensiones del día a día. En estas páginas, el poeta se fija en quienes sostienen la vida cotidiana, sin grandes gestos épicos, pero atravesados por una incertidumbre constante.
Formalmente, «Cada uno es mucha gente» apuesta por el poema en prosa, un formato que en muchos casos se aproxima al microrrelato y a la secuencia cinematográfica. El tribunal ha destacado el “espléndido manejo de la tensión” que realiza García Casado en textos breves, llenos de sugerencias, capaces de desarrollar historias completas en muy pocas frases.
El libro, cuyo título toma un verso de Fernando Pessoa, funciona como un retrato coral en el que conviven voces diversas y vidas reales e imaginarias. Entre sus referencias se encuentran poetas como Pessoa, Antonio Machado o Joan Margarit, el universo narrativo de Raymond Carver, películas como «Matar a un ruiseñor» o «París, Texas» y canciones que van de Woody Guthrie a Rocío Jurado. Todas ellas contribuyen a construir un paisaje cultural reconocible para el lector actual.
En el conjunto, el poema “Genoma” destaca como una composición central dedicada a las múltiples facetas de la paternidad, uno de los ejes temáticos del volumen. La obra completa enlaza con la poética que el autor lleva desarrollando desde «Las afueras» (1997), «El mapa de América», «Dinero», la recopilación «Fuera de campo», «García» y «La cámara te quiere», así como su incursión en la narrativa con la novela «La madre del futbolista».
Literaturas catalana, gallega y vasca: diversidad de voces, memoria y territorio
En lengua catalana, el Premio de la Crítica ha reconocido en narrativa la novela «L’anell del nibelung», de Amadeu Fabregat, editada por Proa. Este libro marca el regreso literario del autor tras cuatro décadas de silencio, y se articula como la crónica del retorno del profesor Ernest Millet, su protagonista. El jurado ha destacado una lengua deliberadamente neutra, sin marcas locales ni apoyos superficiales, con la que Fabregat construye una novela de amplio calado que reclama con firmeza el lugar que le corresponde en el panorama literario catalán.
En la misma lengua, el mallorquín Sebastià Alzamora ha obtenido el galardón de poesía por «Sala Augusta seguit de Llengua Materna» (Proa). Se trata de un libro que se levanta sobre un “desorden deliberado” y una divagación sostenida por un notable dominio del lenguaje poético. El jurado ha hablado de una especie de psicogeografía, en la que lugares de la memoria se entrelazan para levantar un volumen que se considera tan necesario como oportuno en el contexto actual de la poesía catalana.
En lengua gallega, la narrativa premiada ha sido «O lanzador de coitelos», de Fernando Castro Paredes, publicada por Editorial Galaxia. Definida por el jurado como un thriller “delicioso y duro a la vez”, la novela presenta ecos de autores como Pessoa, Faulkner o Eça de Queirós, combinando tensión narrativa con una prosa de gran fuerza literaria. La obra se mueve en el terreno del suspense sin renunciar a la profundidad psicológica ni al cuidado estilístico.
En poesía gallega, la premiada ha sido Lorena Souto con «Exuvia e saliva», un poemario editado por Chan da Pólvora. El tribunal ha puesto el foco en su madurez literaria y en la capacidad de la autora para habitar y describir un medio rural en transformación constante. El libro se sitúa así en la confluencia entre lo local y lo global, mostrando cómo los cambios económicos, sociales y culturales atraviesan la vida en los pueblos.
En lengua vasca, el Premio de la Crítica en narrativa ha distinguido a Eider Rodríguez por su libro de relatos «Dena zulo bera zen» (traducido al castellano como «Era todo el mismo hueco»). La autora reúne seis cuentos en los que despliega una extraordinaria profundidad emocional, iluminando las grietas íntimas de la vida cotidiana: parejas en proceso de cambio, amistades que se deshilachan con el tiempo, crisis vitales que se instalan en silencio en la rutina de los personajes.
En la categoría de poesía en euskera, la premiada ha sido Ane Zubeldia con su libro «Kontra», editado por Susa, que el jurado ha definido como una “irrupción deslumbrante” en la lírica vasca. El poemario se apoya en la experimentación formal y en una intensa fuerza sensorial, situando al cuerpo como sujeto y territorio desde el que se escribe. El propio cuerpo se convierte, según ha subrayado el jurado, en origen del lenguaje y espacio de conflicto y resistencia.
El jardinero y la muerte: memoria y duelo en la categoría de lengua extranjera
El apartado de lengua extranjera del Premio de la Crítica se ha resuelto este año con el reconocimiento a «El jardinero y la muerte», del escritor búlgaro Gueorgui Gospodínov. La obra ha sido publicada en España por la Editorial Impedimenta, con traducción al castellano a cargo de María Vútova, y también en catalán por Edicions del Periscopi, en versión de Marc Casals («El jardiner i la mort»).
El libro se concibe como una elegía y memoria personal en la que el narrador, hijo de un hombre gravemente enfermo, acompaña los últimos días de su padre. Ese proceso de despedida abre paso a una sucesión de recuerdos: la infancia, las experiencias compartidas, las escenas familiares que van reapareciendo mientras se instala el duelo.
«El jardinero y la muerte» es también una reflexión sobre la pérdida, la memoria y la supervivencia a través de las nuevas generaciones. Con un lenguaje íntimo, en ocasiones lírico y lleno de imágenes y contrastes, Gospodínov aborda los aspectos más sombríos de la condición humana sin renunciar a una cierta luminosidad que atraviesa el conjunto de la obra.
El autor, nacido en Yambol en 1968, es uno de los nombres más reconocidos de las letras búlgaras contemporáneas. Ha publicado poesía, relatos, teatro, ensayo, guiones de cine y novelas, y sus libros se han traducido a numerosos idiomas. En castellano, además de «El jardinero y la muerte», se pueden encontrar títulos como «Novela natural», «Física de la tristeza», «Las tempestálidas» y la recopilación «Acerca del robo de historias y otros relatos».
Un jurado amplio para un palmarés diverso
El jurado de esta edición del Premio de la Crítica ha estado presidido por Fernando Valls y compuesto por una nutrida lista de especialistas: Ángel Basanta, Noni Benegas, María José Bruña, Pilar Castro, Jordi Cerdá, Jorge de Arco, Alberto García Teresa, Araceli Iravedra, José Jurado Morales, Manuel Morales Escudero, Francisca Noguerol Jiménez, Carmen Peire, José María Pozuelo Yvancos, Ángel Luis Prieto de Paula, Ascensión Rivas, Airoa Sampedro, Enrique Turpin, Tensi Xesteira y José Luis Martín Nogales, que ha actuado como secretario.
Estos 21 críticos conforman, según la organización, una amplia representación de la crítica literaria que se ejerce de forma habitual en los medios de comunicación españoles. Su trabajo previo incluye la lectura y valoración de libros de distintos géneros, editoriales y procedencias, lo que garantiza una mirada plural sobre el conjunto de la producción literaria anual.
La reunión en Morille se ha desarrollado a lo largo de tres intensas jornadas. Además de las visitas culturales previstas por el Ayuntamiento, las deliberaciones del jurado se han llevado a cabo a puerta cerrada, en un ambiente que combina la discusión rigurosa con el inevitable intercambio de criterios estéticos y sensibilidades lectoras.
De este proceso sale un palmarés que muchos lectores y profesionales del sector consideran una radiografía significativa del año literario en España y Europa, especialmente por su atención a distintas lenguas y por la inclusión de una obra extranjera de fuerte carga emocional y literaria como la de Gospodínov.
El conjunto de obras premiadas este año muestra un claro interés por la memoria familiar, la vida cotidiana y las zonas de sombra de la existencia, tanto en la narrativa como en la poesía. Desde la reconstrucción del linaje Torrente Ballester-Malvido en «Los ilusionistas» a las biografías anónimas de la precariedad en «Cada uno es mucha gente», pasando por la psicogeografía de la poesía catalana, el rural gallego en transformación, las fisuras afectivas en la narrativa vasca o el duelo íntimo en «El jardinero y la muerte», el Premio de la Crítica consolida su papel como termómetro literario que, año tras año, señala algunas de las propuestas más sólidas y sugerentes del panorama editorial.
