¿Por qué usan seudónimo los escritores?

Blue Jeans es el seudónimo elegido para la serie de novela juvenil de Francisco Fernández de Paula. «Paco Fernández no era muy comercial.»

Blue Jeans es el seudónimo elegido para la serie de novela juvenil de Francisco Fernández de Paula. «Paco Fernández no era muy comercial.»

Cuando hablamos de escritores con seudónimo nos vienen a la cabeza autores clásicos y modernos, desde Fernán Caballero a Blue Jeans pasando por Pablo Neruda. Cada uno tiene o tuvo sus propios motivos, desde hacer que su nombre fuera más comercial, a poder publicar en el caso de las mujeres en el pasado, a motivos familiares y otros muchos.

Aquí vamos a ver algunos ejemplos de escritores que usaron un pseudónimo de mujer, escritoras que se hicieron pasar por hombres y otros, simplemente que se cambiaron el nombre por las más diversas razones. Esta lista no es, ni mucho menos, exhaustiva, pretende recoger ejemplos de las razones que impulsan a un escritor a usar seudónimos.

Pablo Neruda

De nombre real Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, se cambió el nombre para publicar con el objetivo de no avergonzar a su padre por tener un hijo poeta.

George Orwell:

Con el mismo motivo que el anterior, cambió su nombre real Eric Arthur Blair por George Orwell para no molestar a sus padres con su novela Sin blanca en París y Londres, donde relata su experiencia viviendo en la calle, como indigente.

J. K. Rowling:

La creadora del archifamoso Harry Potter, camufló su auténtico nombre Joanne, con el objetivo de parecer un hombre, por imposición de la editorial, que consideró que los adolescentes masculinos no comprarían libros escritos por una mujer. Lo incomprensible es que, después de ser una escritora de fama mundial, volviera a elegir un seudónimo masculino,  Robert Galbraith, para su saga de novela negra. Las razones que ha dado es que quería llegar a los lectores sin estar precedida por su fama, aunque eso no aclara el porqué del seudónimo masculino.

Jill Sanderson

La autora de novelas románticas de fama mundial es en realidad un hombre: Roger Sanderson. Motivos comerciales. La novela romántica vende más si lleva nombre de mujer.

Blue Jeans

Motivos comerciales. Como dice el propio autor:

«Paco Fernández no era muy comercial.»

E.L James

La creadora de la exitosa serie de 50 sombras de Grey se llama en realidad Erika Leonard y también adopta un seudónimo difuso, que indica un autor masculino por motivos comerciales.

Magnus Flyte:

De nuevo son los motivos comerciales los que llevan Christina Lynch y Meg Howrey a elegir su seudónimo, también masculino y, la verdad, elegido con gran acierto porque llama la atención de los lectores.

Amelia Drake

Detrás de este seudónimo femenino están Pierdomenico Baccalario  y Davide Morosinotto, escritores de novela juvenil de corte fantástico, la saga La Academia. El libro escrito a cuatro manos es La Academia, que ya lleva dos volúmenes publicados y donde la protagonista es una niña huérfana llamada Twelve. Ambos escritores son conocidos y es la primera vez que publican bajo seudónimo.

Motivos comerciales y una prueba de adentrarse en un nuevo género sin comprometer su marca personal.

Frankestein se publicó de forma anónima para no desvelar que su autora era una mujer: Mary Shelley.

J.T. Leroy

Una descripción más extensa merece este caso reciente, en el que también se usa seudónimo por motivos comerciales: La sociedad neoyorkina de principios del S.XX tardó seis años en descubrir que tras el joven Jeremiah Terminator Leroy, una celebridad tras la publicación de  Sarah,  novela supuestamente autobiográfica donde la drogadicción y la prostitución eran los principales acicates para el lector, estaba en realidad Laura Albert. En este caso del pseudónimo se pasó a la caracterización ya que J.T. Leroy se codeaba  con grandes personalidades en Nueva York. Hasta 2005 no se supo que en realidad era una mujer vestida de hombre, pero ni siquiera era la propia autora la que caracterizaba al joven escritor atormentado si no su cuñada, Savannah Knopp.

¿El motivo de Laura Albert? Estaba convencida de que nadie querría leer los libros de una cuarentona.

Yasmina Khadra

Es el seudónimo de Mohammed Moulessehoul, un escritor, miembro del ejército argelino que decidió usar un seudónimo para evitar represalias. El autor dijo que pretendía homenajear a la mujer argelina por el coraje y la esperanza que demostraban ante los numerosos conflictos que padecían en una sociedad tan restrictiva con ellas como es la argelina.

Harper Lee

El autor Matar a un ruiseñor, fue la escritora, Nelle Harper Lee. Motivos comerciales y una extremada timidez son las razones por las que ocultó su nombre, aunque nunca quién era.

S. K. Tremayne

Detrás de un seudónimo que quiere indicar nombre de mujer, se encuentra el escritor Sean Thomas Knox, también por motivos comerciales, en un mercado editorial en el que las mujeres empiezan a tener cada vez más peso.

Lisbeth Werner

Motivos comerciales una vez más en este seudónimo femenino para los autores de la serie juvenil Puck dirigida fundamentalmente al público joven femenino: Carlo Andersen y Knud Meister.

Jessica Stirling

El nombre real del escritor de una saga de libros románticos es Hugh C. Rae. Lo curioso de este caso es que incluso cuando ganó del Premio Edgar a la Mejor Novela, mantuvo en secreto su nombre real.

George Eliot:

Mary Ann Evans eligió el seudónimo de George Eliot para que tomaran en serio su obra, que no la consideraran autora romántica por ser mujer. También para evitar el escándalo sobre su relación con un hombre casado con el que estuvo hasta la muerte de él.

Fernán Caballero

Seudónimo de la escritora Cecilia Böhl De Faber y Larrea, que después de ser educada en el amor por la literatura por su padre, cuando decide dedicarse a la escritura solo encuentra rechazo.

“Rompía los textos delante de mi cara, y me decía que no me dedicase a labores propias del sexo masculino”

Apoyada por su madre, decide hacerse escritora profesional, bajo un seudónimo que oculta su identidad.

Otros:

Otros ejemplos sobradamente conocidos de este tipo de seudónimos por necesidad, sobre los que ya se ha escrito mucho y no merece la pena insistir dada la cantidad de material disponible al respecto, son los de otras mujeres que como las dos anteriores, su única opción de ver sus obras publicadas fue que parecieran escritas por un hombre con fueron las hermanas Charlotte Brontë,  Emily Brontë y Anne Brontë que publicaron como Currer,  Ellis y Acton Bell respectivamente, después de que el poeta Robert Southey respondiera a Charlotte cuando está le presentó su obra,

“La literatura no puede ser asunto de la vida de una mujer, y no debería ser así”.

También fue curioso el caso de Frankestein, que se publicó de forma anónima para no desvelar que su autora era una mujer, Mary Shelley. Todos asumieron que el autor de la novela era Percey B. Shelley, su marido. En aquella época las escritoras eran minoría y eran despreciadas por los críticos, escritores y lectores si abordaban cualquier género que no fuera el romántico.

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