¿Por qué las palabras despiertan emociones distintas según quien las lee?

  • Investigación con más de 900 personas sobre la percepción de palabras emocionales.
  • La rapidez en reconocer palabras varía según su carga emocional y el perfil personal.
  • Edad, género y rasgos de personalidad influyen en cómo procesamos vocablos como 'miedo' o 'alegría'.
  • Hallazgos con impacto en psicología, educación y comunicación personalizada.

Palabras escritas sobre fondo blanco

Las palabras que usamos a diario pueden provocar emociones muy distintas dependiendo de quién las lea o escuche. No es solo una cuestión de significado, sino también de cómo nuestra personalidad, la edad o el género influyen en la manera en que las sentimos y comprendemos. Esta es la conclusión a la que ha llegado un reciente estudio realizado por especialistas de la Universitat Rovira i Virgili (URV) en colaboración con la Universidad Complutense y la Universidad Nebrija, cuyas conclusiones han sido publicadas en la revista Scientific Reports.

El experimento consistió en una Tarea de Decisión Léxica, en la que participaron más de 900 personas. A todos ellos se les pidió que, lo más rápido posible, determinaran si una cadena de letras era una palabra real del español. Se seleccionaron unas 7.500 palabras, muchas de ellas con un matiz emocional bien definido —ya fuera miedo, tristeza, asco, alegría o ira— y se analizaron tanto los tiempos de respuesta como el perfil psicológico y demográfico de los participantes, basado en los cinco grandes rasgos de la personalidad: extraversión, apertura a la experiencia, amabilidad, responsabilidad y estabilidad emocional, además de recoger la edad y el género.

La carga emocional acelera o ralentiza el reconocimiento

Palabras en diferentes colores

Los resultados demostraron que existe un claro efecto de la llamada valencia emocional, es decir, la tendencia de las palabras positivas (como «amor») a ser identificadas con mayor rapidez que las neutras o negativas. Sin embargo, la cuestión es más compleja: en palabras negativas, su nivel de activación (arousal), o la intensidad de la emoción que transmiten, es determinante. Así, términos negativos con alta activación —por ejemplo «asesinar»— se reconocen mucho más rápido que los negativos de baja activación como «aburrimiento». Curiosamente, esto también sucede con las palabras positivas: si la activación es muy alta («euforia»), pueden dificultar el procesamiento frente a otras de tono más sosegado como «dormir».

Este matiz evidencia que no sólo importa el tipo de emoción, sino la fuerza con la que ésta influye en el lector. La forma en que respondemos ante ciertos vocablos va más allá de la simple asociación entre significado y emoción.

Género, edad y personalidad: claves para entender el efecto de las palabras

Palabras escritas en círculos de colores

Otra de las aportaciones más llamativas del estudio es que no todas las personas reaccionan igual ante las palabras cargadas de emoción. Por ejemplo, los hombres identificaron más rápidamente vocablos relacionados con el miedo («bomba», «matar») que las mujeres, lo que podría asociarse a diferencias en la respuesta ante amenazas percibidas. Sin embargo, esta tendencia no se observó en el caso femenino. Sobre la tristeza, palabras como «desamor» o «depresión» resultaron algo más difíciles de procesar para los hombres, lo que, según los autores, podría deberse a una menor familiaridad con este lenguaje emocional en ese grupo.

En lo referido al asco, personas con bajo grado de amabilidad o apertura, así como aquellas muy responsables, necesitaron más tiempo para reconocer términos como «vomitar» o «pus». El motivo estaría en que son individuos más sensibles a esta emoción, que les obliga a prestar más atención y retrasa el reconocimiento.

El caso de la alegría mostró un comportamiento contrario: las palabras que la transmiten («fiesta», por ejemplo) favorecían el reconocimiento en mujeres y personas jóvenes, pero planteaban más dificultades a hombres y adultos mayores. Según los investigadores, esto puede estar relacionado con la mayor frecuencia con la que las mujeres experimentan alegría y con la ampliación del vocabulario positivo a medida que se envejece, lo que puede aumentar el esfuerzo requerido para procesarlo.

Implicaciones en psicología, educación y comunicación

Las conclusiones del estudio ponen en evidencia que adaptar mensajes y palabras a las características del público puede ser crucial a la hora de comunicar de manera eficaz, ya sea en un contexto publicitario, educativo o terapéutico. Comprender cómo la personalidad y el contexto influyen en la percepción de las palabras debería incorporarse en disciplinas como la psicología clínica, la publicidad o la planificación de campañas educativas.

La riqueza emocional del lenguaje no se percibe igual para todos: quién somos, de dónde venimos y cómo sentimos hace que unas palabras nos lleguen más hondo, nos impacten antes o, por el contrario, apenas nos digan nada. Conocer estos matices no solo ayuda a mejorar la comunicación, sino también a entenderse mejor unos a otros.

Fuente: Haro, J., Hinojosa, J. A., & Ferré, P. (2025). The influence of individual differences in the processing of words expressing discrete emotions: Data from a large-scale study. Scientific Reports, 15, 25036. https://doi.org/10.1038/s41598-025-10310-9