2. Y otra de policías e investigadores «malos» (o muy incorrectos)

Y después de los policías e investigadores «buenos», les toca a los que me gustan más: los «malos». Esos que han sucumbido a vicios de todo tipo o a la corrupción y al mal sin contemplaciones, con premeditación, alevosía y nocturnidad. También he elegido a otros seis de distintas nacionalidades, pero a cada cual más oscuro. Y por supuesto hay muchísimos más.

Para lectores de novela negra que no se paran a pensar en cuestiones morales y no se asustan de los tacos que suelen abundar en las sucias bocas de estos malos bichos -sí, hay algunos que lo hacen-. Y para los de alma pura que lamentan que tengan esos vicios -que también los hay-. Pero esas naturalezas imperfectas son la esencia de estos personajes.

Dos yankis, dos italianos, un irlandés y un noruego

¿Qué comparten?

Son todos más que dignos de reproches, castigos y desprecio, de abominación y rechazo. En el mundo real estarían en la cárcel y algunos con pena permanente revisable o directamente condenados a la pena capital si nos vamos a ciertos territorios yankis. Aquí posiblemente anduvieran en la calle o tirando de la manta desde el trullo.

El que más se lo merece con diferencia, por ser uno de los policías más corruptos y criminales creados últimamente, es el Dennis Malone de Don Winslow. Pero, y ahí radica su gran poder de atracción, es el que más se te enrosca en esa parte del corazón que también sentimos.

En realidad, todos comparten ese poder, en mayor o menor medida: el de representar el bien pero ser el mal o, al menos, sucumbir a él, o a sus miedos y debilidades. Son distintos reflejos de lo más podrido, sucio y frágil que todos podemos tener y sacar en algún momento y que vemos a diario en la vida real. Y ya se sabe que la realidad supera siempre a la ficción.

Y lo mejor de esa atracción: que podemos justificarlos por las mismas mil razones por las que los condenamos. Es más, hasta nos caen bien y los admiramos, al menos dentro de las páginas de un libro. En la calle… Uf, yo siempre lo he dicho. De ser real y encontrarte por ahí a ese animal salvaje alcohólico y de casi 2 metros que es Harry Hole, te cambias de acera fijo.

C. W. Sughrue – James Crumley

A C. W. (Chauncey Wayne) Sughrue lo he descubierto recientemente en El último buen beso y me he divertido mucho con él. Investigador privado que ejerce en los 70, exmarine, veterano de Vietnam, lo conocemos ya rozando los 40 años, con muy malas pintas y una larga y peligrosa relación con el alcohol y las drogas.

Es también enamoradizo, no le gusta volar y suele meterse en todos los líos posibles que impliquen juergas y mucha cerveza. El viaje que hace en ese primer título para encontrar a un marido infiel al que buscan su ex y su actual mujer se convierte en delirante cuando lo encuentra y se marchan juntos a buscar a una chica desaparecida. Bueno, los dos y Fireball, el perro también alcohólico de la dueña de un local de mala muerte.

Que además esté escrito en primera persona, otra de mis debilidades literarias, y rezume humor y mucha decadencia ha logrado que Sughrue pase a mi lista de tirados sin remedio. Una pena que James Crumley no tuviera el reconocimiento del público, pese a sí obtenerlo de la crítica y ganar varios premios.

Denny Malone – Don Winslow

Corrupción policial es lo MEJOR que he leído en mucho tiempo y sin duda mi lectura del año pasado. Una sensacional crónica de policías corruptos y criminales, tráfico de drogas y feroz crítica a la sociedad más podrida en la que vivimos.

Y su protagonista, el fabuloso y más que temible sargento del DPNY Dennis Malone, fue directo al podio de esos personajes que me devoran el alma en siete frases y un gesto y se quedan para siempre con otro trozo de mi corazón literario. Lo peor de lo peor, lo más canalla, la traición y la hipocresía elevadas a la enésima potencia. Y, sin embargo, te atraviesa las tripas de emoción y horror a partes iguales. O sea, una gozada.

Es de esas lecturas obligadas, obligatorias y por decreto ley para todos los amantes del género más negro, crudo y brutal.

Marco Tanzi – Romano De Marco

Tanzi fue uno de los mejores policías de Milán hasta que se ensucia más que las manos en casos de corrupción y acaba en la cárcel. Cumple su pena, pero termina en la calle, como un apestado para su mujer, a quien engañó con la de su compañero y mejor amigo, Luca Betti, y su hija. Es una mala bestia y así quiere seguir, olvidado. Pero cuando se entera de que su hija adolescente ha desaparecido, la bestia resurge y esta vez nadie lo detendrá.

Por delante, sin embargo, le queda un largo camino de redención personal que él no busca ni quiere, pero que se va ganando gracias a su reflejo benevolente y compasivo que es Betti.

Rocco Schiavone – Antonio Manzini

Hace un tiempo leí un comentario de alguien que se quejaba por la cantidad de tacos que se leen en las novelas de Antonio Manzini, concretamente en la última, 7-7-2007, y por parte sobre todo del tremendo subcomisario Schiavone, romano en exilio forzoso en la policía de Aosta. O sea, que uno lee novela negra y lo que más puede escandalizar es que Manzini se pase un poco de tacos. Estupefacta me quedé, claro.

Era curioso que el escándalo no fuera por la gran afición a ese porro que Schiavone no perdona ni una mañana. Ni tampoco por la panda de colegas de toda la vida que son lo peor de cada casa, pero lo mejor de una amistad inquebrantable e incuestionable.

Tampoco hubo aspavientos por el exilio/castigo a Schiavone desde una Roma de la que conocía su peor cara y donde él mismo se había corrompido hasta las cejas. Una corrupción que casi le costó su matrimonio con una esposa a la que adoraba, pero que aún pagó mucho caro y de forma más que traumática.

En fin, que hay muchos motivos por los que Schiavone puede escandalizar, pero el último es porque diga más o menos tacos. Que además es italiano, hombre…

Jack Taylor – Ken Bruen

Irlandés. Está dicho todo en cuanto al vicio más viejo, el alcohol. Pero acompaña todo en este expolicía de boca demasiado grande y demasiado gusto por la priva al que expulsan y se pasa a la investigación privada. Qué pena que no hayan traducido más títulos de estas novelas cortas, incisivas, llenas de humor muy corrosivo y diálogos perfectos. Taylor es el antihéroe más desolador que he conocido en mucho tiempo.

Harry Hole – Jo Nesbø

Sí, para el final el más. Y ese, en mi humilde pero vasto corazón para los animalitos servidores de la ley más perdidos, es para el noruego Harry Hole. Pero no me extenderé mucho más con esta criatura de la que he hablado por aquí y por allá muchas veces.

Solo destacaré lo que hace tiempo escribí sobre él: que es la perfección de la imperfección en todo. El summum creativo de un protagonista de novela negra. El placer de admirar por igual lo peor y lo mejor de la condición humana, pero disfrutar aún más por poder admirar su tremenda fragilidad.

También alguien se quejaba hace poco de que ojalá Hole no tuviera «ese vicio tan malo del alcohol». Pero, vaya, ¿y qué sería Harry Hole sin alcohol? Si ese fuera el único de sus fallos y debilidades… Al final, una siempre tiene que recurrir a los tópicos y decir como en el cine: «Eh, no te lo creas, que es una peli». Pues eso.

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