Poeta en New York

Frase de Federico García Lorca.

Frase de Federico García Lorca.

El nombre de Federico García Lorca es sinónimo de grandeza y de tragedia. Suyas son varias de las obras más representativas de la poesía española del siglo XX, entre ellas, Poeta en New York es considerada la más relevante. No en vano, la mayoría de especialistas académicos señalan a esta pieza inspirada en la metrópoli estadounidense como un punto de inflexión en su carrera.

El poeta granadino escribió Poeta en New York mientras vivió en la “ciudad que nunca duerme” (junio de 1929 – marzo de 1930). Se trata de una pieza compuesta por versos libres cargados de imágenes surrealistas, perfectas para ilustrar el caos urbano imperante. Allí, Lorca mostró las penurias de los más desfavorecidos en detrimento de la tecnología y el crecimiento de la civilización.

Análisis de Poeta en New York

Temas y estilo

Lorca demuestra en Poeta en New York una elaboración más depurada y una evolución conceptual carente de los tópicos vinculados al folklore de su terruño (frecuentes en sus obras predecesoras). Igualmente, los versos libres escritos cargados expresiones oníricas, subjetivas e irracionales, buscan inducir la reflexión del lector mediante la manifestación espontánea de sentimientos.

Por esta razón, esta pieza representa un punto de transición en la carrera del poeta andaluz desde la poesía tradicional hacia propuestas vanguardistas. Atrás quedaron las composiciones métricas basadas en el romance y en el cancionero (evidentes en Canciones, por ejemplo). Ya a finales de la década de 1920 la lírica lorquiana daba bastante cabida a la fantasía y el surrealismo.

Deshumanización

La obra inspirada en la Gran Manzana representa una protesta social que expone las miserias de los habitantes más débiles de la metrópoli. Allí, los afroamericanos y los niños de las clases bajas aparecen cruelmente despojados de su humanidad en detrimento de la mecanización y la geometría arquitectónica. En contraste, la imagen idílica divulgada al resto del mundo muestra a una ciudad fastuosa.

Del mismo modo, Lorca dejó claro su rechazo hacia el capitalismo y las secuelas de la modernización. Asimismo, la discriminación sistemática y las injusticias incesantes sufridas por las minorías negras llenaron de pesimismo al escritor granadino. Por ello, Poeta en New York es considerada como un grito en favor de la libertad, la belleza y el amor.

Fatalidad

La fauna urbana —los perros, principalmente— completan el tétrico panorama del underground neoyorkino. Los canes tampoco escapan a las desdichas generadas por una civilización industrializada, alienada, materialista e hipócrita. Además, el momento no podía ser peor: la llegada de Lorca a tierras norteamericanas ocurrió en las vísperas del Crack de 1929.

En consecuencia, el autor ibérico sintió una honda amargura mientras recorrió Harlem junto a sus amigos jazzistas del club Small’s Paradise. Dichas impresiones quedaron patentes en lo que Lorca denominó “la opresión del hombre por el hombre” en la fría y oscura jungla de concreto. Esto generó un choque frontal con la luz de los entornos naturales y la vitalidad a la cual él estaba acostumbrado.

Deliberaciones internas

Las inmoralidades sufridas por las clases bajas despertaron la empatía de un poeta que también se percibía a sí mismo atado por los convencionalismos. Entretanto, Lorca dejó ver sutilmente las contradicciones generadas por su homosexualidad en medio de las rigurosas normas sociales de aquel tiempo.

Cabe destacar que la preferencia sexual de Lorca siempre ha sido un asunto de discusión para los historiadores. Es más, esa orientación fue parte de las imputaciones (junto con acusaciones de afiliación a grupos comunistas) esgrimidas por los falangistas para justificar su arresto y posterior fusilamiento.

Una obra de vigencia permanente

Las denuncias que Lorca plasmó en Poeta en New York hace casi un siglo siguen latentes en la actualidad. Ciertamente, la digitalización no ha subsanado las grandes desigualdades sociales mientras los más desfavorecidos siguen siendo invisibles dentro de la glamurosa imagen proyectada a otras latitudes. Es más, esas contradicciones son persistentes en muchas otras grandes urbes del planeta.

Fragmento de “Anochecer en Coney Island”

La mujer gorda venía delante

arrancando las raíces y mojando el pergamino de los tambores;

la mujer gorda

que vuelve del revés los pulpos agonizantes.

La mujer gorda, enemiga de la luna,

corría por las calles y los pisos deshabitados

y dejaba por los rincones pequeñas calaveras de paloma

y levantaba las furias de los banquetes de los siglos últimos

y llamaba al demonio del pan por las colinas del cielo barrido

y filtraba un ansia de luz en las circulaciones subterráneas.

Son los cementerios, lo sé, son los cementerios

y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena,

son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora

los que nos empujan en la garganta.

Sobre el autor, Federico García Lorca

Federico García Lorca.

Federico García Lorca.

El «poeta mártir» se convirtió en un emblema de la resistencia tras su fusilamiento a manos del bando sublevado durante la Guerra Civil. Los historiadores creen que dicha ejecución ocurrió el 18 de agosto de 1936, en el camino entre Viznar a Alfacar, Granada. De esa manera, se extinguió la vida de un poeta muy adelantado a la España de su tiempo y uno de los íconos de la Generación del 27.

Por este motivo, la vida de Federico García Lorca solo puede describirse desde su infancia hasta su juventud, puesto que su madurez fue muy corta. Nació el 5 de junio de 1898, en Fuente Vaqueros, Granada. Creció en el seno de una familia encabezada por un hacendado (su padre) y una maestra (su madre), lo cual, le permitió una niñez colmada de paseos por el campo, lecturas, música y alegría.

Una juventud plagada de viajes y regocijo intelectual

En 1914 el joven Federico se inscribió en la Universidad de Granada, allí estudió las carreras de Filosofía y Letras y de Derecho. Durante sus momentos de esparcimiento despertó su pasión por la escritura mientras recorría la geografía española en compañía de sus compañeros universitarios. En aquel tiempo, culminó su primer escrito publicado, Impresiones y paisajes (1918).

Más adelante, Lorca vivió unos años en la famosa Residencia de los Estudiantes de Madrid, en donde coincidió con personajes de la talla de Einstein y Marie Curie (entre otros). También, junto a artistas e intelectuales como Salvador Dali, Rafael Alberti o Luis Buñuel, el poeta andaluz formó parte del movimiento vanguardista que pasó a la posteridad bajo la denominación de “La Generación del 27”.

Recorridos por América

Los roces políticos del literato español con la dictadura de Primo de Rivera lo impulsaron a salir de España entre la primavera de 1929 y el verano de 1930. En el transcurso de ese período impartió conferencias mientras entró en contacto cercano con la cultura y el gentilicio de locaciones como New York, Vermont, Miami, La Habana y Santiago de Cuba.

En paralelo, Lorca escribió Poeta en New York —publicado cuatro años después de su deceso— y, durante su estancia en El Caribe, su obra teatral más destacada fue El público. El intelectual granadino volvería a pisar el continente americano en 1933, cuando hizo exitosas presentaciones de sus piezas dramáticas (y una buena cantidad de conferencias) en Buenos Aires y Montevideo.

Obras

Libros de poesía

  • Canciones (1921)
  • Poema del cante jondo (1921)
  • Oda a Salvador Dalí (1926)
  • Romancero gitano (1928)
  • Poeta en Nueva York (1930)
  • Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935)
  • Seis poemas galegos (1935)
  • Sonetos del amor oscuro (1936)
  • Diván del Tamarit (1940)

Piezas teatrales

  • El maleficio de la mariposa (1920)
  • Mariana Pineda (1927)
  • La zapatera prodigiosa (1930)
  • Retablillo de Don Cristóbal (1930)
  • El público (1930)
  • Así que pasen cinco años (1931)
  • Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1933)
  • Bodas de sangre (1933)
  • Yerma (1934)
  • Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935)
  • La casa de Bernarda Alba (1936).

Prosa

  • Impresiones y paisajes (1918).

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