Otoño. Selección de poemas dedicados. Varios autores

Fotografía: Jardín del Príncipe. Aranjuez. (c)Mariola Díaz-Cano

Estamos en otoño. Dicen que es la estación más romántica del año, aunque la fama se la lleve la primavera, el verano se quede con el sol y la pasión y al invierno lo marginen siempre. Lo que yo sé es que es mi favorita. Sssson muchos los autores que le han dedicado versos, así que hoy traigo una selección muy personal de unos cuantos poemas con el otoño como protagonista. Son de nombres patrios como Antonio Machado, Miguel Hernández o Federico García Lorca e internacionales como Paul Verlaine, Emily Brontë y Robert Louis Stevenson, para terminar con la Oda al otoño de John Keats.

Amanecer de otoño — Antonio Machado

Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.

Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor:
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos, caminando un cazador.

Otro otoño triste — Miguel Hernández

Ya el otoño frunce su tul
de hojarasca sobre el suelo,
y en vuelo repentino,
la noche atropella la luz.

Todo es crepúsculo,
señoreando en mi corazón.
Hoy no queda en el cielo
ni un remanso de azul.

Qué pena de día sin sol.
Qué melancolía de luna
tan pálida y sola,
ay que frío y ay que dolor.

¿Dónde quedó el calor
del tiempo pasado,
la fuerza y la juventud
que aún siento latir?

Se fue quizás con los días cálidos,
de los momentos que a tu lado viví.
Y así esperando tu regreso,
otro otoño triste ha llegado sin ti.

Canción de otoño — Paul Verlaine

La queja sin fin
del flébil violín
otoñal
hiere el corazón
de un lánguido son
letal.

Siempre soñando
y febril cuando
suena la hora,
mi alma refleja
la vida vieja
y llora.

Y arrastra un cruento
perverso viento
a mi alma incierta
aquí y allá
igual que la
hoja muerta.

Tan tan — Federico García Lorca

Tan, tan

¿Quién es?

El Otoño otra vez.

¿Qué quiere el Otoño?

El frescor de tu sien

No te lo quiero dar.

Yo te lo quiero quitar.

Tan tan

¿Quién es?

El Otoño otra vez.

Fogatas de otoño — Robert Louis Stevenson

En los muchos jardines
que hay por todo el valle,
¡de fogatas de otoño
mira el humo que sale!
Ya se marchó el verano
con sus flores y zumos,
la fogata crepita,
hay grises torres de humo.
¡Canta a las estaciones!
¡Algo brillante y hondo!
¡Flores en el verano,
fogatas de otoño!

Caed, hojas, caed — Emily Brontë

Caed, hojas, caed; marchitaos, flores, desvaneceos;
alargad la noche y acortad el día;
cada hoja me habla de dicha
en su airosa caída del árbol otoñal.
Sonreiré cuando guirnaldas de nieve
florezcan donde debería crecer la rosa;
cantaré cuando el ocaso de la noche
dé paso a un día más sombrío.

Oda al otoño — John Keats

Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas
los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.

¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?
Quienquiera que te busque ha de encontrarte
sentada con descuido en un granero
aventado el cabello dulcemente,
o en surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores;
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo,
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la última sidra hora tras hora.

¿En dónde con sus cantos está la primavera?
No pienses más en ellos sino en tu propia música.
Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,
cual lastimero coro los mosquitos se quejan
en los sauces del río, alzados, descendiendo
conforme el leve viento se reaviva o muere;
y los corderos balan allá por las colinas,
los grillos en el seto cantan, y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta
y trinan por los cielos bandos de golondrinas.


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