“Olvidado rey Gudú.” El libro de Ana María Matute que me marcó de por vida.

Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute, significa mucho para mí. Tanto que, más que una reseña, me gustaría contaros la historia de cómo me enamoré de las historias. Aunque con algo de información sobre la autora, por supuesto, ya que ella es la verdadera protagonista. Seré sincero: hasta hace unos segundos estaba muy seguro de lo que quería escribir, pero ahora que estoy delante del ordenador me cuesta juntar unas palabras con otras. ¿Cómo podría contaros de forma sencilla lo que siento por este libro, que me ha hecho reír y llorar a lo largo de los años? ¿Cómo podría explicaros que es una obra adelantada a su tiempo y que, desde mi punto de vista, supera incluso a novelas de fantasía como El Señor de los Anillos o cualquiera de Canción de Hielo y Fuego?

Tal vez estas dudas sean propias de todo aquel que se enfrenta a un folio en blanco. Hay algo mágico, algo único en expresar con palabras los pensamientos que pululan por tu mente. Eso es para mí la literatura: el encuentro con una chica de la que estás muy enamorado, y que cada vez que vas a verla sientes miedo, emoción y nerviosismo, porque no quieres decepcionarla. Pero me voy por las ramas, así que intentaré ordenar mis pensamientos. Supongo que, como la mayoría de las historias, lo mejor será empezar desde el principio.

Rey del olvido

“No me detendré jamás, mientras me quede vida —se decía, contemplando aquella vasta tierra despoblada y espantosamente solitaria—, hasta que ni un palmo de tierra  quede oculta a mis ojos y hollada por mi pie. No puedo soportar la sensación de ignorancia. Destriparé el mundo y contemplaré sus despojos; y lo que de él me plazca, o sirva, lo guardaré; y lo que considere superfluo, o dañino, lo destruiré. Y mis hijos continuarán mi labor, y mi Reino no tendrá fin por los siglos de los siglos: pues el mundo, de generación en generación, sabrá del Rey Gudú, de su poder y su gloria, de su inteligencia y su valor, y mi nombre se prolongará de boca en boca y de memoria en memoria (más que mi padre) después de muerto.” Esta ambición le inspiraba una codicia infinitamente mayor a todos los tesoros de la tierra.

Si Olvidado rey Gudú ocupa un sitio especial en mi corazón, de entre todos los libros que han pasado por mis manos, se debe a que fue la primera novela para adultos que leí. Pero esta explicación es demasiado simplista, y da a entender que el cariño que le tengo a la obra podría ser fruto única y exclusivamente de la nostalgia. Desde luego no es el caso, ya que la he vuelto a leer varias veces a lo largo de mi vida, y con cada nueva lectura me parece mejor.

Recuerdo que, cuando era niño, mi madre me contaba historias que aparecían en la novela. Me hablaba del Hechicero, del Trasgo del Sur, de la Ciudad y Castillo de Olar, de la Corte Negra, y de la valiente Reina Ardid. Aquellos personajes y escenarios despertaban mi fantasía hasta tal punto que le rogué que me dejase leer el libro.

Mi madre, con la prudencia que le caracteriza, al principio se negó; aunque siempre fui un niño muy cabezota, con lo que pude salirme con la mía. Después de todo, y es algo de lo que me di cuenta con el paso de los años, Olvidado rey Gudú es un cuento maravilloso, pero también crudo, pues muestra las miserias de las que somos capaces los seres humanos. Tal vez a este libro le debo mi afición por las historias agridulces —posiblemente la mejor palabra para describir el estilo de Matute—, aquellas que mezclan melancolía y optimismo.

Mapa del Reino de Olar, donde se desarrolla la trama de Olvidado rey Gudú.

Fantasías desde el otro lado

“No desdeñemos tanto la fantasía, no desdeñemos tanto la imaginación, cuando nos sorprenden brotando de las páginas de un libro trasgos, duendes, criaturas del subsuelo. Tenemos que pensar que de alguna manera aquellos seres fueron una parte muy importante de la vida de hombres y mujeres que pisaron reciamente sobre el suelo.”

Discurso de ingreso a la Real Academia Española de la Lengua leído por Ana María Matute.

Bastante tiempo después, aprendí que Matute no escogió este tono para su obra por un capricho estético. Para nada sería exagerado decir que gran parte de ella pervive entre sus páginas. Y es que esta mujer sufrió muchísimo durante su vida, hasta el punto de tener una depresión, ese horrible trastorno del estado de ánimo que muy pocos llegan a comprender. Un vacío, como lo llamaba ella, que le quitó las ganas de vivir y de escribir. Según sus propias palabras, con las que me llegué a sentir terriblemente identificado, “no me interesaba, me daba igual. Todo me daba igual.”

Ahora que soy adulto, y como alguien que tuvo que luchar durante años contra ese perro negro, releer la obra de Matute me emociona hasta las lágrimas. En Olvidado rey Gudú está todo su dolor, su soledad, su incomprensión de un mundo tan injusto, de unos hombres tan crueles y egoístas, junto con su esperanza, el espíritu eterno de una niña inocente y sensible que soñaba con perderse en el Bosque, ese del que siempre hablaba, y que entendía como la puerta a otro mundo. Este libro es el testamento de Ana María Matute, su particular espejo de Alicia que nos conduce a un mundo paralelo. Y en lo que a mí respecta, es el libro por el que quise ser escritor.

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Fantasía

Novelista y escritor. Amo las buenas historias, el poder de las palabras, y las mezclas de géneros. Me muevo entre la fantasía, la ciencia ficción, el drama, la comedia, la ficción histórica, la novela psicológica, el terror, la épica y el relato paranormal. Aspiro a escribir los libros que a mí me hubiera gustado leer.

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