Olga Tokarczuk reivindica en Tenerife Noir el papel de la novela negra para leer el mundo actual

  • Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura, participa en el festival Tenerife Noir y comparte su visión de la novela negra como herramienta ética
  • La autora defiende que la buena literatura requiere distancia frente a unos tiempos convulsos que generan fragilidad e indefensión
  • Su obra combina la investigación policial con reflexiones sobre naturaleza, identidad líquida y responsabilidad colectiva
  • Tokarczuk reivindica a las mujeres maduras como portadoras de la cultura y elabora protagonistas femeninas fuertes alejadas de los tópicos

Olga Tokarczuk Premio Nobel de Literatura

La escritora polaca Olga Tokarczuk, galardonada con el Premio Nobel de Literatura, ha aprovechado su paso por el festival de novela negra Tenerife Noir, en Santa Cruz de Tenerife, para reflexionar en voz alta sobre el poder de la ficción en un momento histórico especialmente enrarecido. Ante los medios y el público asistente, la autora reconoció sentirse indefensa y frágil ante el caos del mundo actual y advirtió de que la literatura de calidad necesita una distancia que, según ella, estos tiempos no conceden con facilidad.

En una serie de encuentros con periodistas y lectores, Tokarczuk explicó cómo el género negro se ha convertido para muchos escritores en un refugio desde el que abordar cuestiones profundas sobre la condición humana. Para la Premio Nobel, la intriga criminal no importa tanto por averiguar quién es el culpable, sino porque permite abrir preguntas incómodas sobre la violencia, la ética y la responsabilidad colectiva en las sociedades contemporáneas.

La novela negra como laboratorio ético

Durante su intervención en Tenerife Noir, la autora de Sobre los huesos de los muertos insistió en que el auténtico valor de la novela policíaca no reside en la resolución del caso, sino en la exploración moral que se despliega alrededor del crimen. En sus palabras, la investigación ética y moral es casi más relevante que la resolución policial, porque obliga a revisar las justificaciones con las que una comunidad normaliza determinadas formas de violencia.

Tokarczuk explicó que decidió recurrir a las estructuras del género negro cuando buscaba una manera eficaz de tratar temas polémicos, como la actitud de la gente hacia los animales, que temía que resultaran “poco confortables y poco populares” para muchos lectores. El esquema clásico de un delito, un abanico de sospechosos y una búsqueda de la verdad le ofreció una vía accesible para introducir debates morales exigentes en una narración aparentemente convencional.

La escritora, nacida en Sulechów en 1962, describió con ironía el proceso de escritura de una novela negra como algo “muy cómodo”, comparable a preparar un bizcocho: se disponen los ingredientes -el cadáver, los sospechosos, el investigador-, se mezclan con cuidado y se hornean hasta obtener una historia capaz de atrapar al lector. Esa estructura reconocible, señaló, facilita que el público se acerque a cuestiones de mayor calado sin sentir que se le está impartiendo una lección.

En este punto, Tokarczuk confesó su prolongada devoción por Agatha Christie, a quien ha leído “toda la vida”. Admira especialmente la forma en que la escritora británica jugaba con los elementos básicos del género, cambiando el lugar del crimen, la psicología de los personajes o la voz narradora para generar siempre una tensión nueva. Esa libertad para reorganizar las piezas, sumada a sus propias preocupaciones éticas, ha influido decisivamente en la manera en que la Nobel polaca construye sus tramas.

Para Tokarczuk, no es casual que, en un presente dominado por la incertidumbre, muchos autores recurran a la novela negra y a la ciencia ficción como vehículos idóneos para lanzar mensajes importantes para la humanidad. Estos géneros permiten, según sostuvo, disfrazar preguntas filosóficas complejas bajo el envoltorio del entretenimiento, lo que multiplica sus posibilidades de llegar a un público amplio sin perder densidad intelectual.

Olga Tokarczuk literatura y novela negra

Escribir en tiempos de incertidumbre

Buena parte de la conversación en Tenerife se centró en la dificultad de crear ficción en medio de lo que Tokarczuk describió como “tiempos de mucho lío”. Admitió sentirse muy vulnerable ante la inestabilidad política, social y ecológica del planeta, y señaló que esa sensación de fragilidad no es solo personal, sino compartida por una generación de escritores que intenta encontrar su sitio en medio del ruido.

La autora subrayó que la literatura necesita una cierta perspectiva sobre los acontecimientos para poder elaborar una mirada profunda, y lamentó que el ritmo acelerado de la actualidad obstaculice ese necesario distanciamiento. En su opinión, vivir inmersos en una sucesión constante de crisis y noticias de impacto inmediato complica que los creadores puedan tomar la distancia temporal y emocional imprescindible para transformar la realidad en obra literaria.

En este contexto, Tokarczuk percibe un desplazamiento de muchos escritores hacia formas como la autoficción, la ciencia ficción o el thriller, donde es más sencillo introducir preocupaciones sobre el futuro, la violencia sistémica o la crisis climática sin atarse demasiado a los titulares del día. Estas vías narrativas, explicó, actúan como un filtro que permite procesar el presente y, al mismo tiempo, abrir posibilidades de interpretación a largo plazo.

La Premio Nobel insistió en que ese movimiento hacia los géneros no implica renunciar a la ambición literaria, sino cambiar el punto de acceso al lector. A su juicio, el reto consiste en mantener la exigencia estética y ética sin desconectarse de un público que, saturado de información, busca historias capaces de ordenar el caos y ofrecer una comprensión más matizada de lo que está ocurriendo.

Tokarczuk no escondió que, en este clima, a menudo se siente “muy indefensa, muy frágil”, una confesión que arrancó gestos de complicidad entre los asistentes. Sin embargo, defendió que precisamente esa vulnerabilidad puede convertirse en un motor creativo, siempre que los autores asuman la tarea de elaborar relatos que no solo describan la angustia, sino que la interroguen y la sitúen en contextos históricos y simbólicos más amplios.

Naturaleza, identidad líquida y experiencia europea

Otro de los ejes de la intervención de Tokarczuk fue su concepción de la relación entre los seres humanos y la naturaleza, una constante en su obra. La escritora rechazó la idea de que vivamos enfrentados al mundo natural y defendió que la existencia humana se desarrolla dentro de él, integrada en ecosistemas que modelan nuestros cuerpos, nuestra forma de pensar y nuestra visión del mundo.

Para ilustrar esta idea, recordó que nuestro organismo está compuesto en gran parte por agua y que, en ese sentido, pertenecemos a ríos, mares y océanos. Desde esta perspectiva, las fronteras nacionales o las identidades culturales tradicionales le parecen menos determinantes que esa conexión común con el entorno acuático. Dijo sentirse profundamente marcada por la presencia del río Óder, del mismo modo que percibe en los canarios una identidad muy influida por el océano Atlántico.

Esta visión desemboca en lo que algunos críticos han descrito como una identidad líquida, donde lo importante no es tanto la pertenencia a una patria fija como la conciencia de formar parte de un entramado ecológico amplio. En Tenerife, Tokarczuk sugirió que la literatura europea debería prestar más atención a estas dimensiones ambientales para repensar la forma en que nos definimos, algo que, a su juicio, iría más allá de los debates habituales sobre fronteras y pasaportes.

En paralelo, la autora reivindicó la experiencia cultural europea como una tradición fuertemente ligada a la escritura y a las bibliotecas. Señaló que uno de los grandes logros del continente ha sido el desarrollo de centros bibliotecarios abiertos a toda la ciudadanía, donde se conservan las historias de individuos y comunidades a lo largo de los siglos. Esa red de memoria escrita, afirmó, ha construido una identidad compartida que atraviesa lenguas y países.

Tokarczuk compartió también impresiones más concretas sobre su paso por la isla, como su visita a la Librería de Mujeres de la capital tinerfeña, donde encontró a varias lectoras debatiendo animadamente sobre libros. Esa escena, explicó, le hizo preguntarse por qué esas mujeres anónimas, reunidas para hablar de literatura, no aparecen más a menudo como protagonistas de las ficciones contemporáneas.

Mujeres maduras como protagonistas y motor de la cultura

La reflexión sobre esa librería enlazó con otro de los grandes temas de la escritora: el papel de las mujeres maduras en la cultura. Tokarczuk recordó una teoría antropológica según la cual las portadoras de la cultura en muchas sociedades son precisamente las mujeres de edad avanzada, encargadas de transmitir relatos, códigos y memorias de generación en generación.

A partir de esa idea, explicó que eligió deliberadamente a una mujer madura como protagonista de Sobre los huesos de los muertos. La intención era romper con la figura habitual del investigador masculino que domina la novela negra y apostar por un personaje femenino intenso, con una visión clara del mundo y capacidad para influir en la vida de los demás. Desde que el libro comenzó a traducirse, la autora ha recibido numerosas cartas de lectoras que se reconocen en Janina Duszejko, su protagonista.

Tokarczuk confesó que, como mujer que envejece, echa en falta visiones de mujeres fuertes y complejas en la literatura y en los medios, especialmente figuras que no queden relegadas a papeles secundarios o meramente decorativos. Por eso, su obra se esfuerza en otorgar centralidad a personajes femeninos capaces de cuestionar el orden establecido y de plantear dilemas que van más allá de los tópicos románticos o familiares.

La escritora enmarcó esta apuesta en una perspectiva abiertamente feminista y crítica con las estructuras patriarcales, algo que atraviesa buena parte de su producción. Sus novelas, apuntó, intentan pasar del clásico “quién lo hizo” del policial a preguntas como “hasta dónde estamos dispuestos a justificar” determinadas conductas, y qué papel juegan en esa justificación las jerarquías de género, poder y clase.

En el diálogo con el público de Tenerife Noir, muchas de las preguntas giraron precisamente en torno a cómo integrar estos debates sin convertir la novela en un panfleto. Tokarczuk insistió en que la clave está en dejar que los conflictos éticos emerjan de las acciones y decisiones de los personajes, en lugar de imponerle al lector una moraleja explícita. La literatura, defendió, debe abrir espacios de duda más que ofrecer soluciones cerradas.

Influencias literarias y fascinación por la historia de los guanches

En el repaso a sus influencias, Tokarczuk recordó su etapa de juventud en la Polonia de los años setenta, cuando devoraba libros y descubrió la literatura latinoamericana. Relató que en aquel momento autores iberoamericanos como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o José Donoso gozaban de una notable popularidad en su país, en parte por las similitudes que ella percibe entre ambas culturas: la religiosidad, la procedencia rural de buena parte de la población y una fuerte tradición de pensamiento mitológico.

La autora se definió como “hija” de esos escritores, de quienes aprendió a entender la ficción como un territorio de libertad donde es posible mezclar lo real y lo fantástico sin pedir permiso. A esa herencia latinoamericana se suma lo que llamó la literatura oscura de Europa Central, con nombres como Franz Kafka y Bruno Schulz, cuya huella es visible en la atmósfera inquietante y en la exploración de lo absurdo que recorre algunas de sus obras.

Durante su estancia en Canarias, Tokarczuk confesó sentirse cautivada por la historia de los guanches, el pueblo aborigen del archipiélago. Considera que se trata de un material narrativo “ideal para una novela” e incluso apuntó, medio en serio medio en broma, que podría dar pie a una serie de plataformas como Netflix. Animó a los autores españoles y canarios a explorar literariamente ese pasado, que a su juicio reúne todos los ingredientes de una gran saga histórica.

La escritora se mostró encantada con su primera visita a Tenerife, a la que describió como un “lugar fantástico”, y adelantó su deseo de regresar a las islas en el futuro. Confesó que tanto ella como su pareja se han sentido especialmente atraídos por la mezcla de paisaje volcánico, memoria indígena y vida cultural contemporánea que han encontrado en Santa Cruz y en los espacios del festival.

Tokarczuk está considerada hoy una de las voces más influyentes de la literatura europea contemporánea, reconocida por su sensibilidad ecologista, su defensa de los animales y su mirada crítica sobre los sistemas de poder. Su participación en Tenerife Noir ha permitido a lectores y profesionales del sector acercarse a una autora que combina la intriga de la novela negra con una reflexión constante sobre la responsabilidad colectiva, el vínculo con la naturaleza y el papel de las mujeres maduras en la transmisión cultural.

Vallekas Negra
Artículo relacionado:
Vallekas Negra, el festival de novela negra que late en Vallecas

Add as preferred source