Nélida Piñón. Recuerdo de vida y obra. Fragmentos

Nélida Piñón falleció hace unos días.

Nélida Piñón | Fotografía: Flickr — Casa de América

Nélida Piñón, escritora y periodista brasileña nacida en Río de Janeiro, falleció el pasado 17 de diciembre en Lisboa a los 85 años. Suyos son títulos como Tebas de mi corazón, La fuerza del destino, La república de los sueños, Un día llegaré a Sagres o La épica del corazón. La recordamos con estos fragmentos escogidos de su obra.

Nélida Piñón — Vida

De raíces celtas y gallegas se licenció en filosofía por la Universidad de Columbia y debutó como novelista en los años 60. Una furtiva lágrima, que publicó en 2019, ya cuando estaba mal de problemas de la vista, incluía fragmentos de su infancia en Galicia durante un par de años. Cultivó la narrativa y los relatos, pero también se atrevió con el teatro, la crítica y el ensayo. Impartido clases como profesora en la Universidad de Miami y debutó como novelista principios de los años 60 con Guía.

Recibió también varios galardones entre ellos el Premio literario Latinoamericano Juan Rulfo en 1995. Y ya en los años 2000 ganó el Menéndez Pelayo y le dieron el Príncipe de Asturias en 2005.

Nélida Piñón fue, además, la primera mujer que presidió una academia literaria en el mundo cuando se puso al frente de la Academia Brasileña de Letras entre 1996-1997. Sin duda, su figura es considerada una de las más importantes en la literatura latinoamericana y su obra ha sido traducida a varios idiomas.

Nélida Piñón — fragmentos de su obra

Voces del desierto

El semblante de su hermana perturba a Dinazarda. Juzga prudente aliviar a Scherezade de la presión que ejerce sobre ella, del estigma de ser copia suya. Le acaricia los dedos, la mejilla, le confirma que estará siempre a su lado. Que no se sienta desamparada por cumplir las leyes inexorables de su oficio. ¿No había sido ella, Scherezade, por otra parte, quien le había confesado que la impericia narrativa es también fruto de la experiencia?

Después de resucitarle el ánimo, se esmera Dinazarda en hablar del jardín, donde, por iniciativa propia, había bautizado algunas alamedas con los nombres de personajes de su hermana. Rincones aptos como escondrijos, propicios para vivir un amor prohibido. O para confesar al amante que había llegado el momento de decirle que ya no lo quiere, hay otro en vista, un príncipe que suspende el significado de la vida, en caso de que se ausente de ella. Pero no siendo artista como Scherezade, su contribución es traerle pinceladas esfumadas del paisaje de Bagdad.

La camisa del marido

Algunas confesiones del hidalgo confundían a Sancho, como cuando le dijo que estaba dotado de libre albedrío, atributo que le permitía distinguir entre el bien y el mal, y hasta le proporcionaba libertad para narrar una historia a la que imprimía la versión preferida mientras se respetara «un punto de vista de la verdad» narrativa. Mediante estos acuerdos, don Quijote acogía las penas de amor, los aciertos, los desaciertos y las mentiras desconcertantes.

Por otra parte, en la pila bautismal, la dama del caballero había recibido el nombre de Aldonza Lorenzo, pero, por ser aficionado a leer libros de caballerías y estar acostumbrado a héroes como Amadís de Gaula, temió que tal nombre fuera incompatible con el arrebato amoroso. Así, al sustituir el nombre de Aldonza por el de Dulcinea, el de Quijano por Quijote, y al llamar a su alazán Rocinante, dio vida a sus sueños, ajustó el mundo de la Mancha a su medida.

Ave de Paraíso

Una vez por semana visitaba a la mujer. Para exaltarse, lo decía conmovido. Ella lo creía, y lo recibía con pastel de chocolate, licor de peras y frutas recogidas en la huerta. Los vecinos comentaban aquellos extraños encuentros, pero ella lo quería cada vez más. Él, adivinando su vida fácil, le pedía disculpas con los ojos, como diciendo, de qué otro modo debo amarte. Comía el pastel y rehusaba lo demás. Aunque la mujer insistiera. Es por ceremonia, pensaba ella escondiéndose en su sombra.

Fuente: elpdp


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