El mundo de la magia estĆ” de luto. Juan Tamariz, el icónico mago madrileƱo que conquistó a varias generaciones con su carisma y sus juegos de cartas, ha fallecido a los 83 aƱos en el Hospital ClĆnico San Carlos de Madrid. La noticia la ha dado su hija, Ana Tamariz, tambiĆ©n ilusionista y directora de la Gran Escuela de Magia que fundaron juntos, a travĆ©s de sus redes sociales. En un emotivo mensaje, Ana ha escrito: Ā«Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre, una persona increĆble, muy querida y admirada por todos. AgradecidĆsima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló. Su recuerdo y su inconmensurable obra estarĆ”n siempre con nosotrosĀ».
La familia ha confirmado que el mago falleció por causas naturales, acompaƱado de sus hijos y sin sufrimiento, sonriendo y en paz, tal y como relató Ana en otra publicación. AdemĆ”s, ha agradecido el cariƱo de todos los que estuvieron con su padre hasta el Ćŗltimo dĆa, asĆ como la atención de la residencia Ballesol, los hospitales ClĆnico y Cruz Roja y el personal de ambulancias. La capilla ardiente se instalarĆ” este miĆ©rcoles en el Tanatorio de San Isidro de Madrid, y se prevĆ© un gran homenaje pĆŗblico en octubre.
Una vida dedicada a la magia

Nacido en Madrid el 18 de octubre de 1942, aunque con raĆces familiares en Ćcija (Sevilla), Juan Tamariz descubrió su pasión por el ilusionismo siendo un niƱo. SegĆŗn contó en varias entrevistas, con cuatro o cinco aƱos sus padres le llevaron a ver a un mago que adivinaba el dĆa de la semana de cualquier fecha, y quedó fascinado. A los seis aƱos ya hacĆa juegos a sus amigos con una caja de magia que le regalaron los Reyes Magos. Estudió Ciencias FĆsicas durante cuatro aƱos, pero su verdadera vocación era la magia, a la que se entregó por completo. TambiĆ©n estudió dirección de cine y llegó a rodar dos cortometrajes, āMuerte S.A.ā (1967) y āEl espĆrituā (1969), con Carmen Maura.
Su carrera despegó pronto. En 1961 ingresó en la Sociedad EspaƱola de Ilusionismo, aunque la edad mĆnima era 20 aƱos y Ć©l solo tenĆa 18. Dos aƱos despuĆ©s ya acumulaba premios en congresos nacionales. Su consagración internacional llegó en 1973, cuando se proclamó campeón del mundo de cartomagia en el Congreso Mundial de ParĆs, con un espectĆ”culo que pasó a la historia como āel nĆŗmero de ParĆsā. A partir de ahĆ, su fama no dejó de crecer, y se convirtió en un referente mundial para magos y aficionados.
El mago de la televisión

Si algo hizo famoso a Juan Tamariz en EspaƱa fue su presencia en la pequeƱa pantalla. En los aƱos 70 y 80 se convirtió en un personaje entraƱable para millones de familias gracias a programas como āTatatachĆ”nā, āUn, dos, tres⦠responda otra vezā (donde interpretaba al tacañón Don Estrecho) o āEl recreoā. Su particular forma de hacer magia, mezclando humor, alegrĆa y una constante interacción con el pĆŗblico, le hizo inconfundible. Terminaba sus nĆŗmeros con su famoso «”ChantatachĆ”aan!Ā» y simulando tocar un violĆn invisible mientras entonaba Ā«nananiananananaā¦Ā», un gesto que se convirtió en su sello personal.
MĆ”s tarde presentó espacios como āPor arte de magiaā, āMagia Potagiaā o āCarta blancaā, y en los 90 estuvo en Telemadrid con āChan-tatachanā junto a Alaska. TambiĆ©n colaboró en āNada por aquĆā de Cuatro. Su estilo rompió con el patrón tradicional del ilusionista: vestĆa vaqueros, lucĆa melena y chistera, y hablaba directamente con la cĆ”mara, creando una complicidad Ćŗnica. Ćl mismo decĆa que no hacĆa humor, sino que transmitĆa alegrĆa: Ā«Yo estoy muy contento y trato de transmitir al pĆŗblico esa alegrĆa, como si estuviera en una fiesta de cumpleaƱosĀ».
Maestro de magos y legado escrito

MĆ”s allĆ” de los escenarios, Juan Tamariz fue un gran teórico y divulgador de la magia. Escribió numerosos libros tĆ©cnicos, como āLa vĆa mĆ”gicaā, āMnemónicaā o la enciclopedia āLa increĆble historia de la magiaā, que se han traducido a 17 idiomas y se estudian en escuelas de todo el mundo. Su mĆ©todo de las pistas falsas y su enfoque psicológico de la cartomagia han influido a generaciones de ilusionistas, desde David Blaine hasta el Mago Pop. En 1988 fundó junto a su hija Ana la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz, de la que han salido profesionales como Jorge Blass, Anthony Blake o Jandro.
Su legado tambiĆ©n incluye una impresionante biblioteca con mĆ”s de 2.000 volĆŗmenes sobre magia, que su hija ha heredado y pretende seguir ampliando. Juan Tamariz recibió innumerables reconocimientos a lo largo de su carrera, entre ellos el premio Masters Fellowship de la Academia de Artes MĆ”gicas de Hollywood en 2013, la Medalla de Oro al MĆ©rito en Bellas Artes en 2010, y el tĆtulo de Mago del AƱo en Estados Unidos en 1993. En 2019, el Ayuntamiento de Madrid le otorgó la Medalla de Oro de la ciudad y el premio a la Trayectoria MĆ”gica.
Reacciones y homenajes
La noticia de su muerte ha provocado una oleada de reacciones en todo el mundo. El Mago Pop ha asegurado que Ā«tu violĆn invisible seguirĆ” sonandoĀ», mientras que Jorge Blass, que fue su alumno, le ha definido como Ā«el Ćŗltimo gran maestro que quedaba en el mundo de la magiaĀ». El mentalista Anthony Blake ha lamentado la pĆ©rdida de Ā«el mĆ”s grandeĀ» en RNE. El alcalde de Madrid, JosĆ© Luis MartĆnez-Almeida, ha destacado que Ā«Madrid despide a Juan Tamariz, el gran maestro del ilusionismo, un genio que hizo soƱar a varias generaciones con su talento y su humorĀ».
TambiĆ©n el mago estadounidense Randy Pitchford ha escrito en X: Ā«Hemos perdido al mĆ”s grande mago de nuestra Ć©pocaĀ». La familia ha anunciado que en octubre se celebrarĆ” un gran homenaje pĆŗblico para despedirle como merece, mientras que la capilla ardiente ya estĆ” instalada en el Tanatorio de San Isidro. Juan Tamariz deja un vacĆo imposible de llenar, pero su obra y su recuerdo permanecerĆ”n vivos en cada baraja, en cada truco y en cada sonrisa que supo arrancar.
Con su muerte, el mundo pierde a un artista irrepetible, pero su legado trasciende fronteras. Su forma de entender la magia como un juego compartido, su generosidad para enseƱar y su inagotable pasión han marcado un antes y un despuĆ©s. Como Ć©l mismo decĆa, Ā«lo peor es perder la pasiónĀ», y Ć©l la mantuvo hasta el final. Por eso, su violĆn invisible seguirĆ” sonando en el recuerdo de todos los que tuvimos la suerte de verle.
