
La literatura valenciana se queda sin una de sus voces más singulares con la muerte del poeta y narrador Josep Piera, fallecido este domingo a los 78 años. El Ayuntamiento de Gandia confirmó el deceso y expresó su pésame a familiares, amigos y al conjunto de la comunidad cultural, subrayando que se marcha “una de las voces más destacadas de la literatura valenciana contemporánea”.
Nacido en Beniopa, barrio de Gandia, en 1947, Piera fue mucho más que un poeta: narrador, ensayista, traductor y animador cultural incansable, convirtió su vida en materia literaria. Su obra, profundamente ligada a la Safor, La Drova y el Mediterráneo, lo situó como un referente imprescindible para varias generaciones de lectores y escritores en lengua catalana y valenciana.
Un adiós que conmociona a Gandia y al mundo cultural
La noticia del fallecimiento fue difundida por el Ayuntamiento de Gandia, que lamentó “profundamente” la pérdida y recordó a Piera como Hijo Predilecto de la ciudad. Desde el consistorio se destacó su aportación a la poesía, la narrativa y el ensayo, así como su compromiso con la lengua y la identidad valenciana.
El alcalde de Gandia, José Manuel Prieto, poeta también, se declaró “profundamente triste y conmocionado” por la muerte de quien consideraba amigo y maestro. En un mensaje público, señaló que con Piera “perdemos un escritor excepcional, nuestro poeta de Beniopa, perdemos un hombre bueno” y subrayó que deja “un legado inconmensurable de sabiduría y buena escritura”.
Desde la oposición municipal, el Partido Popular de Gandia se sumó al duelo con un comunicado en el que calificó al autor como “una de las voces más destacadas de la literatura valenciana contemporánea” y trasladó su “más sentido pésame” a la familia y al conjunto de la comunidad cultural valenciana.
También la Generalitat Valenciana expresó su dolor por la pérdida. El president, Juanfran Pérez Llorca, recordó a Piera como “referente de nuestras letras y figura esencial de la poesía y la narrativa contemporáneas”, remarcando que su obra estuvo “profundamente vinculada a nuestra tierra y cultura”. En nombre del Consell, envió condolencias a sus allegados y al ámbito cultural.
La familia del escritor ha manifestado su deseo de que la despedida en el tanatorio se celebre en un ambiente íntimo, reservado al círculo más cercano, pese a la enorme proyección pública del autor.
Homenajes en Gandia: libro de condolencias y acto cívico
El impacto de la muerte de Josep Piera se ha dejado sentir con fuerza en su ciudad. El alcalde Prieto anunció la convocatoria urgente de la junta de portavoces para organizar un acto cívico de despedida en el histórico Palau Ducal de Gandia.
En ese mismo espacio se prevé abrir un libro de condolencias para que vecinos, personalidades del mundo cultural y amistades puedan dejar un mensaje de homenaje al escritor. El acto, al que se anima a acudir a toda la ciudadanía, contará con la participación del colectivo Saforíssims Societat Literària, que ha llamado a vivir esta pérdida como un duelo compartido.
La iniciativa municipal se suma a otros gestos de reconocimiento que Gandia ha tenido con el autor a lo largo de los años: desde su nombramiento como Hijo Predilecto hasta la acogida de su archivo personal y de su biblioteca, que el propio Piera y su esposa cedieron al consistorio hace unos años.
En aquel momento, al entregar su fondo documental, el escritor tuvo palabras muy emotivas para su compañera de vida, la pedagoga Marifé Arroyo, a quien definió como “la mestra” y a la que atribuyó una gran parte de lo que él mismo era: “sin ella yo no sería quien soy”, confesó, ligando así su trayectoria a la de la defensa de la enseñanza en valenciano.
Una vida entre la literatura, el Mediterráneo y La Drova
Josep Piera creció en Beniopa y se formó inicialmente como maestro de Magisterio en València. En la capital entró en contacto con el grupo que más tarde sería conocido como la “generación de los 70”, un conjunto de escritores que renovó la poesía y la prosa en valenciano en plena efervescencia cultural de la Transición.
Formó parte del volumen colectivo Carn fresca, considerado germen de esa generación, e impulsó la revista literaria Cairell. Colaboró además con publicaciones culturales como Èczema y Caràcters, y con diarios como Avui o Levante-EMV, donde ejerció de articulista durante casi tres décadas. Desde esas tribunas, defendió con constancia la normalización de la lengua y la cultura valencianas.
A mediados de los años setenta, Piera se instaló en La Drova (Barx), un valle de la Safor que marcaría para siempre su literatura. Él mismo solía definir este paraje como su “Grecia particular”: un lugar de vida y creación desde el que observaba la belleza del paisaje, el ritmo de las estaciones y la intimidad del tiempo cotidiano.
La Drova se convirtió no sólo en su residencia, sino en uno de los grandes escenarios simbólicos de su obra. La geografía de este rincón de la Safor, junto con el conjunto del litoral mediterráneo, impregnó su poesía y su narrativa, donde el mar, la luz y los caminos del viaje apareceían como ejes constantes.
Su casa en este valle fue también un punto de encuentro de escritores y poetas de todo el ámbito catalán, un espacio de conversación, lectura y debate en el que se tejieron complicidades literarias y amistades duraderas. Muchos de los que lo visitaban recuerdan su voz profunda, su ironía lúdica y su entusiasmo contagioso al hablar de libros, cocina, viajes o política cultural.
Poeta, narrador y ensayista de la “literatura del yo”
La trayectoria de Piera arrancó en la poesía con títulos pioneros como “Renou: la pluja ascla els estels”, publicado en 1976, y se consolidó con libros como “El somriure de l’herba”, “Els ulls de la natura” o “El temps trobat”. En ellos se aprecia una voz lírica marcada por el hedonismo, la naturaleza y la memoria, con una atención muy fina a las sensaciones y a la musicalidad del lenguaje.
Su obra poética fue creciendo con recopilaciones como “Dictats d’amors (1971-1991)” y otros libros en los que el Mediterráneo se convierte en eje central, como “En el nom de la mar”, “El jardí llunyà” o “Cants i encants”. A través de ellos, Piera construyó un imaginario propio donde el paisaje y el deseo se entrelazan con la tradición literaria.
Sin embargo, fue especialmente en la narrativa autobiográfica y en los dietarios donde alcanzó una de sus aportaciones más singulares. En obras como “El cingle verd”, “Estiu grec”, “Seduccions de Marràqueix”, “Un bellíssim cadàver barroc” o “A Jerusalem”, el viaje por Grecia, Italia, Marruecos y otros territorios mediterráneos se convierte en una exploración de la propia identidad.
Este tipo de escritura, situada entre el relato, el libro de viajes y el diario íntimo, lo convirtió en uno de los referentes de la llamada “narrativa del yo”. La memoria personal, los paisajes recorridos y la reflexión cultural se entrelazan en un mismo hilo, dando lugar a un universo literario reconocible y muy personal.
En una de sus últimas entrevistas, concedida en octubre a Levante-EMV desde su casa de La Drova, Piera confesaba que no sabría “diferenciar la vida de la literatura”. Explicaba que llevaba “diez años escribiendo un libro” que continuaba puliendo “como pequeñas joyas”, mostrando así un vínculo casi inseparable entre experiencia cotidiana y escritura.
Biografías, traducciones y compromiso con la lengua
Además de poeta y narrador, Josep Piera cultivó con dedicación la biografía literaria y el ensayo. Una de sus obras más conocidas en este terreno es “Jo sóc aquest que em dic Ausiàs March”, una aproximación personal y renovadora al gran poeta medieval valenciano, figura central de la tradición en lengua catalana.
También dedicó trabajos y estudios a personajes clave como san Francisco de Borja o Teodoro Llorente, contribuyendo a actualizar su lectura y a situarlos en el mapa cultural contemporáneo. Con ello, ayudó a recuperar y proyectar la tradición literaria de los Países Catalanes hacia nuevos lectores.
Su interés por otras literaturas lo llevó a desarrollar una intensa tarea como traductor. Destacan su trabajo con la poesía árabe andalusí, en especial la de Ibn Khafaja, y sus versiones del italiano Sandro Penna y de otros poetas contemporáneos. Estas traducciones reforzaron los puentes entre la literatura valenciana y las culturas vecinas del Mediterráneo.
En paralelo, tuvo un papel activo como editor y agitador cultural. Dirigió publicaciones de la editorial Tres i Quatre, participó en la organización del Año del Tirant lo Blanc y colaboró con entidades como la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana o el PEN Club, siempre con la vista puesta en la defensa y la difusión de la lengua catalana.
Su compromiso cívico se extendió también al ámbito educativo a través de su relación con Marifé Arroyo, su esposa desde 1972 y figura pionera en la introducción del valenciano en la escuela pública. Arroyo puso en marcha en 1974, todavía bajo la dictadura, un proyecto de enseñanza en valenciano en la escuela de Barx, que fue el primer colegio público en dar clases en lengua propia en la Transición, hasta que en 1982 fue destituida como directora por decisión del Consell preautonómico.
Reconocimientos y galardones a una trayectoria irrepetible
A lo largo de más de medio siglo de trabajo, Piera fue recibiendo algunos de los premios más prestigiosos de las letras catalanas y valencianas, que consolidaron su posición como autor de referencia. Entre ellos destacan los premios Ausiàs March, Carles Riba, Josep Pla y Alfons el Magnànim, concedidos a distintos libros de poesía y prosa.
En 1991 se le otorgó la Creu de Sant Jordi, uno de los máximos reconocimientos civiles en Cataluña, por su contribución a la cultura en lengua catalana. Posteriormente recibió también la Distinción de la Generalitat Valenciana en 2021, que remarcaba su “participación indispensable, durante medio siglo, en la vida cultural valenciana”.
En el ámbito local, Gandia quiso reflejar el vínculo especial con el escritor nombrándolo Hijo Predilecto, un título que el propio Piera asumía con orgullo por el lazo afectivo que lo unía a su ciudad natal. Las instituciones municipales han insistido estos días en que su figura ha sido uno de los grandes emblemas culturales de la localidad.
El reconocimiento más reciente llegó en 2023, cuando Òmnium Cultural le concedió el 55º Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, galardón que distingue la trayectoria de toda una vida dedicada a la literatura. En el acto de entrega, el autor aprovechó para reivindicar de nuevo su tierra y, en particular, el paisaje de La Drova, al que definió como su “lugar en el mundo”.
Este conjunto de premios y distinciones no sólo certifica la calidad de su obra, sino también el papel vertebrador que desempeñó en la cultura valenciana y catalana, conectando tradición y modernidad, territorio e imaginación, memoria personal e historia colectiva.
Condolencias desde València, Cataluña y el ámbito estatal
La repercusión de la muerte de Josep Piera ha traspasado las fronteras de la Safor y ha generado mensajes de condolencia en todo el arco mediterráneo. Desde Cataluña, el president Salvador Illa recordó al autor como “un gran escritor que enriqueció nuestra lengua y la defendió con el máximo compromiso”.
En su homenaje, Illa compartió uno de sus versos más conocidos —“Estimar ès conèixer. / El miracle és dins nostre. / No cal anar-se’n lluny”— y trasladó su pésame a la familia y al entorno del escritor, subrayando la dimensión catalana de su legado literario.
Desde el Gobierno central, la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades y secretaria general del PSPV, Diana Morant, se sumó al luto. Antigua alcaldesa de Gandia entre 2015 y 2021, Morant definió a Piera como “un referente de la poesía valenciana” y aseguró que “su voz ya forma parte de nuestra historia, de nuestras vidas”.
En su mensaje, la ministra recalcó la “estima por la tierra y la lengua” que caracterizaba al autor y evocó los momentos compartidos en Gandia, antes de enviar “todo su afecto” a familiares y amigos. Estas palabras se añaden a las de múltiples representantes del mundo académico, editorial y cultural que han querido expresar su reconocimiento público.
El eco del fallecimiento se ha dejado notar también entre asociaciones literarias, editoriales y colectivos culturales de toda la Comunidad Valenciana, que resaltan de forma unánime el peso de Piera en la renovación de la literatura en valenciano de los últimos cincuenta años.
Un legado de palabras, paisajes y memoria
Más allá de los premios, cargos y reconocimientos, quienes conocieron a Josep Piera destacan sobre todo su manera de entender la literatura como una forma de vivir. Le gustaba conversar sobre poemas, novelas y ensayos, pero también sobre el punto exacto del arroz en la paella o sobre un nuevo rincón descubierto en sus viajes a Marruecos, Grecia o Italia.
Su obra ha sido descrita a menudo como una celebración del paisaje, del tiempo y del cuerpo, una escritura sensorial que bebe tanto de los clásicos mediterráneos como de la experiencia cotidiana. Esa combinación de erudición y cercanía, de reflexión y placer, lo convirtió en un autor muy querido dentro y fuera de los círculos estrictamente literarios.
Para muchos lectores, sus libros han funcionado como una compañía discreta a lo largo de la vida. El propio Piera, al recibir el Premi de la Fira del Llibre de València 2023, resumió así su relación con el público: “No pido nada a cambio a los lectores, sólo que mi poesía les acompañe en la vida”. Una frase que hoy suena a despedida, pero también a declaración de principios.
Con su fallecimiento, la literatura valenciana pierde a uno de sus autores más delicados, personales y libres, un escritor que supo convertir el arraigo y el viaje en una misma forma de conocimiento. Su influencia se percibe ya en nuevas generaciones de poetas y narradores que han encontrado en su obra un modelo de fidelidad al territorio sin renunciar a una mirada abierta al mundo.
La huella que deja Josep Piera se extiende desde los libros que firmó hasta los proyectos culturales que impulsó, pasando por las personas a las que alentó, editó o acompañó en su camino creativo. Su voz se ha apagado físicamente, pero permanece viva en la memoria de quienes lo leyeron y lo trataron, y en unos textos en los que el Mediterráneo, La Drova, la Safor y la lengua valenciana seguirán respirando durante muchos años.