Muere Carlos Silveyra, referente de la literatura infantil y juvenil

  • Carlos Silveyra falleció a los 82 años en Buenos Aires tras una internación por problemas respiratorios.
  • Fue maestro, escritor, editor y crítico, con una trayectoria de cuatro décadas en el sector.
  • Dirigió revistas como Billiken y AZ Diez, y trabajó en editoriales como Aique, Quipu y Macmillan.
  • Su última conferencia, titulada 'Lo viejo también sirve', fue en la Feria del Libro Infantil y Juvenil.

Carlos Silveyra, escritor y editor de literatura infantil

El mundo de la literatura infantil y juvenil está de luto. Carlos Silveyra, maestro, escritor y editor argentino, falleció el miércoles 12 de agosto en Buenos Aires a los 82 años, tras permanecer internado por problemas respiratorios. La noticia se conoció recién el viernes a través de sus allegados, que confirmaron el deceso en redes sociales.

Silveyra dedicó más de cuatro décadas a la docencia, la edición y la crítica especializada. Nacido el 2 de noviembre de 1943 en la capital argentina, se formó como maestro normal nacional en 1962 y luego se graduó como profesor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y como psicólogo social. Su campo de investigación se centró en la tradición oral dentro de la literatura infantil, área sobre la que dictó conferencias en universidades de Argentina, América Latina y España.

Una trayectoria marcada por la docencia y la edición

Silveyra ejerció la docencia en todos los niveles educativos, desde inicial hasta universitario. Participó en el diseño curricular del nivel primario porteño en 1989 y del Ciclo Básico Común de la UBA. Además, estuvo a cargo de la cátedra de Literatura Infantil en diversos profesorados, donde formó a generaciones de maestros.

En el plano editorial, su carrera fue igualmente prolífica. Dirigió las revistas Billiken y AZ Diez, esta última entre 1995 y 1998, y ejerció la dirección editorial en AZ Editora. Antes, había coordinado la serie escolar El Trébol Azul en Aique Grupo Editor (1991-1992) y la Colección Infantil Juvenil en Quipu (1992-1994). Más adelante, asumió como director editorial y luego director general en el Grupo Macmillan de Argentina, con injerencia sobre las editoriales Puerto de Palos, Estrada y Macmillan. Para ese grupo concibió la colección Todos Distintos, una propuesta innovadora con libros de distintos tamaños y estilos.

Carlos Silveyra en su faceta de editor

Un legado literario que cruzó fronteras

A lo largo de su carrera, Silveyra publicó 37 títulos destinados a niños y docentes. Su obra circuló más allá de las fronteras argentinas, con ediciones en Puerto Rico, Venezuela, Chile, México y Uruguay. Entre sus libros más recordados figuran la novela El insólito viaje a Singapur de Mardoqueo Gómez, inventor, así como recopilaciones de chistes, colmos y adivinanzas que hicieron reír a miles de chicos.

Como crítico, ejerció la reseña de literatura infantil y juvenil en los diarios Clarín y La Nación de Buenos Aires, y publicó artículos académicos y de divulgación en Argentina y España. También colaboró con revistas especializadas como Piedra Libre, Imaginaria y La Revue des Livres pour Enfants.

En una entrevista, cuando le preguntaron qué libros no deberían faltar en la biblioteca de un chico, Silveyra respondió con una lista que arrancó con entusiasmo y se extendió sin pausa: “¡Tantos! La historia de un amor exagerado, de Graciela Montes, La historia interminable de Michael Ende, Cuentos ridículos de Ricardo Mariño, La sueñera de Anny Shúa, Historia de Vladimir de Perla Suez, Frin de Luis María Pescetti, Tutú Marambá de María Elena Walsh, Toby de Graciela Cabal, El gallo pinto de Javier Villafañe, ¡Silencio, niños! y otros cuentos de Ema Wolf, Willy el tímido de Anthony Browne…”, y aclaró que la enumeración podía seguir. La lista reunía a autores argentinos de distintas generaciones junto a referencias de la literatura infantil europea, y funcionaba como un mapa de sus preferencias como lector y especialista.

Impulsor institucional y formador de docentes

Silveyra fue socio fundador y expresidente de ALIJA (2009-2010), la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina, sección local del IBBY. Participó en la Comisión de Educación y en la Comisión Organizadora del Congreso Internacional de Promoción del Libro y la Lectura de la Fundación El Libro. Desde 2013, coordinó el capítulo argentino de Canal Lector por encargo de la Fundación El Libro, en colaboración con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Madrid.

Como formador, fue un gran impulsor de la literatura infantil local. Publicó a innumerables escritores e ilustradores y difundió sus trabajos con enorme generosidad, según recuerdan quienes trabajaron con él. El escritor y director de teatro Rodrigo Ures, referente de las producciones para público infantil, lo recordó con una frase que lo dice todo: “Fue un tipazo”. También contó: “Su paso por Billiken es recordado por su interesante manera de unir el planteo didáctico y escolar típico de la revista con lo popular del mundo del espectáculo. En sus tapas podía aparecer Susana Giménez, Maradona o Superman. Implementaba ideas muy de vanguardia, como una versión de fotonovela de la obra teatral El imaginario de Hugo Midón o una sección llamada la Pandilla de Annie aprovechando la llegada del musical a la Argentina”. Y concluyó: “Sin lugar a dudas, Carlos Silveyra fue un pionero en la cultura para las infancias”.

Reconocimientos y despedida

Entre sus distinciones figuran el Premio Pregonero al Docente (1998), el Pregonero de Honor (2013) y el premio Al maestro con cariño (1998), además de múltiples menciones como Destacado de ALIJA en las categorías traducción, colección, testimonial y comunicaciones teóricas. También ofició como jurado en concursos nacionales e internacionales y estuvo a cargo del capítulo de Argentina en el Gran Diccionario de Autores Latinoamericanos de Literatura Infantil y Juvenil que publicó la Fundación SM.

Su última participación pública fue en la Feria del Libro Infantil y Juvenil, donde ofreció una conferencia magistral titulada “Lo viejo también sirve”, haciendo referencia a El Eternauta de Oesterheld, con quien había trabajado en la editorial Atlántida. Con esa conferencia, Silveyra decidió despedirse de su labor profesional, tal y como manifestó ante el auditorio de maestros y bibliotecarios. Días antes de su muerte, seguía activo, compartiendo su pasión por la literatura y su particular grupo de estudio de “caperucitólogos”, como él mismo llamaba a los expertos en las versiones de Caperucita Roja.

La partida de Carlos Silveyra deja un vacío enorme en el ámbito de la literatura infantil y juvenil, pero su legado perdura en los cientos de docentes que formó, en los libros que publicó y en las colecciones que creó. Su visión de la edición como una unidad de texto, ilustración y didáctica sigue siendo una referencia para el sector. Como bien dijo su amigo Rodrigo Ures, fue un pionero en la cultura para las infancias, y su influencia se extiende mucho más allá de Argentina, llegando a España y al resto de Europa a través de sus colaboraciones y conferencias.


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