Mitos griegos

Mitos griegos

La mitología griega ha sido fuente de inspiración inagotable para escritores, ensayistas, escultores, pintores, arquitectos, etc. La profusión de obras de arte con el asunto de la mitología ha llenado los museos de todo el mundo. Y miles de años después la mitología sigue llamando la atención de muchas generaciones.

Por ello muchos de sus mitos son sobradamente conocidos. Los mitos griegos contienen historias de todo tipo: de amor, de traición, violencia, redención, castigo, o muerte. Quizás su variada temática (y las lecciones que se desprenden) sea aliciente para que conozcamos muchos de estos mitos, ya que no dejan de ser historias fascinantes. Y tú, ¿conoces algunos de los más famosos?

La mitología griega

La mitología griega está compuesta de todos los relatos, mitos y leyendas que son relativos a la Antigua Grecia, sus creencias y su cultura. Entre el mito y la realidad hay un pequeño paso. Porque estos relatos e historias son maravillosas y se escapan del entendimiento concreto. Sin embargo, dibujan un panorama cultural y artístico y un entendimiento del mundo de la civilización extraordinario, y que se sabe la cuna del mundo occidental.

Estos relatos están llenos de fantasía, grandes aventuras y  de proezas sobrehumanas. Están protagonizados por dioses, semidioses y criaturas magníficas que muestran valores y situaciones que no solo estimulan la imaginación de quienes los conocen, sino también muestran realidades alternas que sirven de aprendizaje y conocimiento si somos capaces de adaptarlas al mundo de la experiencia.

Los mitos se transmitieron de forma oral, aunque estos han quedado bellamente plasmados en obras inmortales que enriquecen el aparato artístico y cultural de nuestra cultura. Existen multitud de mitos griegos, y algunos son compartidos por la mitología romana. A continuación nombramos algunos de los más mitos griegos más famosos.

Partenon de Atenas

Mitos griegos más famosos

Apolo y Dafne

Apolo, dios olímpico, fue alcanzado por una flecha de Cupido que le hizo enamorarse enloquecidamente de la ninfa Dafne. La persiguió con desasosiego por el bosque porque ella, al contrario, había recibido una flecha que le provocó un efecto opuesto y la presencia de Apolo a ella le resultaba insoportable. El carácter de la ninfa era además indómito y no pretendía casarse jamás. Por eso, cuando se vio muy cerca de los brazos de Apolo, pidió a sus padres, el dios Ladón  y la diosa Gea, que la transformaran en un árbol. De esta manera, Dafne formuló desesperadamente el deseo de dejar de existir como una ninfa, logrando escapar de Apolo y siendo parte del hábitat natural que amaba. Su transformación consistió en un árbol de laurel que simboliza las hojas que coronan a los vencedores en los Juegos Olímpicos.

El rapto de Europa

Europa era una princesa fenicia que se encontraba en un remanso de agua junto a otras doncellas disfrutando del día. Mientras todo transcurría tranquilamente, Europa fue avistada por Zeus quien se sintió terriblemente atraído por la muchacha. Decidió transformarse en toro, uno fornido, musculoso y de pelaje blanco y aparentemente manso y se apostó junto a la joven. Al principio se mostró un poco temerosa por el tamaño del animal, pero enseguida lo empezó a acariciar y se terminó por subir a su lomo. Zeus, sin perder oportunidad, alzó el vuelo, llevándosela hasta la isla de Creta. Juntos procrearán a Sarpedón, Minos y Radamantis.

La caída de Ícaro

Dédalo se encontraba preso junto a su hijo Ícaro en la isla de Creta. El rey Minos controlaba la tierra y el mar, por lo que para escapar a Dédalo se le ocurrió construir unas alas que unió con cera. Su plan era huir por aire junto a su hijo. A Ícaro le advirtió que no podía volar tan alto porque corría el riesgo de que el sol derritiera la cera. A continuación emprendieron el vuelo, sin embargo, Ícaro desoyó la advertencia paterna y el sol derritió la estructura de sus alas, por lo que perdió la vida cuando cayó al mar.

Sísifo

Sísifo era un rey desdeñoso que fue castigado por los dioses. La ardua tarea que le fue impuesta fue la de empujar una enorme roca por la ladera de una montaña. Cuando el pedrusco llegaba hasta arriba, caía pendiente abajo nuevamente, sin que Sísifo pudiera hacer nada para evitarlo. Una y otra vez sucedía lo mismo y el castigo de Sísifo consistía en llevar esa roca siempre hasta la cumbre.

El rapto de Europa

Prometeo

El mito de Prometeo recuerda un poco al de Sísifo: el ciclo que no termina nunca, a modo de condena inevitable y eterna. En este caso, Prometeo era un titán (dios primigenio) que en muchas versiones se le considera el responsable y creador de los hombres con arcilla. Con astucia burló a Zeus, que, muy enfadado, determinó esconder el fuego a los hombres. Prometeo lo devolvió y Zeus castigó las osadías de Prometeo haciéndole encadenar para que un águila llegara a picotear su hígado. Además de soportar tal padecimiento, Prometeo sufrió la regeneración constante del hígado de modo que los animales pudieran devorarlo por siempre.

Los doce trabajos de Hércules

Hércules era un semidios hijo de Zeus, fruto de una relación con una mortal. Hera, esposa y hermana de Zeus quiso saciar su rabia encomendándole a este hijo bastardo de su marido doce peligrosas tareas o pruebas, conocidas como trabajos. Estos son: matar al león de Nemea, ejecutar a la hidra de Lerna (monstruo acuático), apresar a la cierva de Cerinea, desterrar a las aves del Estínfalo, amaestrar al toro de Creta, lavar los establos de Augías, sustraer las yeguas de Diomedes, robar el cinturón de Hipólita, hurtar el ganado de Gerión, robar las manzanas doradas del jardín de las Hespérides y secuestrar a Cerbero (perro de Hades).

Aracne y Atenea

Este mito tiene como centro una nueva metamorfosis (como el de Europa o el de Dafne y Apolo). Cuenta el atrevimiento que tuvo Aracne, excelsa tejedora, al compararse con Atenea, diosa de la sabiduría y de los trabajos manuales, entre otros. Atenea quiso conocer a la joven, quien lejos de mostrarse modesta, desafió a la mismísima diosa. Las dos elaboraron bellísimos tapices y Atenea así lo admitió, aunque se sintió agraviada porque Aracne había retratado a los dioses como víctimas de la degeneración propia de los hombres. Así pues, Atenea la convirtió en una araña, condenándola a tejer eternamente.

El nacimiento de Afrodita

Afrodita es la diosa del amor. Uno de los grandes mitos cuenta su nacimiento que se habría producido con el contacto de los testículos de Urano (mutilado por su hijo Crono) en el mar. Así nació Afrodita en un cuerpo de mujer dotada de reconocida hermosura. Por su parte, los Céfiros se encargaron de soplar la concha en la que se encontraba Afrodita hasta hacerla llegar a tierra. Lo cierto es que Afrodita nació siendo adulta, por lo que se señalan las formas femeninas de mujer, desde el principio, siendo también la deidad de la sensualidad y de la belleza.

Las hilanderas

Crono y el nacimiento de los dioses olímpicos

Crono (un titán considerado como uno de los dioses originales) era hijo de Urano (dios del Cielo), a quien mató y mutiló. Lo hizo porque su padre era un tirano, pero él también se convirtió en uno. Crono engendró varios hijos junto a su hermana Rea: Hera, Hades, Hestia, Deméter y Poseidón. No obstante, como estaba convencido de que ellos le destronarían de la misma manera que él lo hizo con su progenitor, resolvió devorarlos a medida que nacían.

Su siguiente hijo, Zeus, fue salvado por su madre, Rea, quien lo escondió durante años. En su lugar, Crono se comió una piedra, creyendo que ingería a su propio hijo. Pasado el tiempo, Zeus provocó el vómito de Crono para recuperar al resto de sus hermanos y acabar con su despotismo. No obstante, sobre esto existen varias versiones. El cuadro de Goya representa a Saturno (Crono en la mitología romana) tragándose a uno de sus hijos.

Juicio de Paris

Se trata del mito que constituye el origen legendario de la guerra de Troya. Todo comenzó con la boda de Peleo (padre de Aquiles) con la diosa Tetis. La diosa Eris no fue invitada al evento, por lo que se presentó muy molesta en la ceremonia con una manzana que rezaba: «para la más bella». Esta es la que se llama la manzana de la discordia, porque en el lugar se encontraban las diosas Hera, Atenea y Afrodita que se peleaban por la fruta. Para resolver el conflicto, decidieron que fuera Paris, príncipe de Troya, quien escogiera a la más hermosa para entregarle la manzana.

Todas intentaron comprar su favor en relación a los dones que poseían: Hera le ofreció tesoros, Atenea pericia en el saber y en la guerra, y Afrodita le prometió a la mujer amada. París optó por el ofrecimiento de la diosa Afrodita y se llevó a Helena de Troya, quien en la tradición mitológica era tomada como hija de Zeus y había tenido muchos enamorados y pretendientes a causa de su belleza. No obstante, estaba casada con Menelao, rey de Esparta, quien al descubrir que París se la había llevado a Troya, montó en cólera y marchó hacia la ciudad para iniciar una guerra.


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