Michael Moorcock. El olvidado pero indiscutible rey de la fantasía oscura.

Elric de Melniboné, emperador albino y antihéroe por antonomasia de Michael Moorcock.

Muchos son los nombres que nos vienen a la mente cuando hablamos de literatura fantástica. Uno de los primeros suele ser, como resulta lógico, J. R. R. Tolkien, seguido de cerca por autores como George R. R. Martin, Patrick Rothfuss, J. K. RowlingAndrzej Sapkowski, Ursula K. Le Guin, Terry Pratchett, y muchos otros que se han hecho populares entre el gran público.

Sin embargo, existe un novelista que, si bien es más conocido en el mundo anglosajón, entre los aficionados hispanohablantes no tanto. Esto puede deberse a que muchas de sus obras ni siquiera están traducidas a nuestro idioma, o a que no tienen el respaldo de una trilogía de películas (como El Señor de los Anillos), una serie (Juego de Tronos) o una saga de videojuegos (The Witcher, relacionada con las aventuras de Geralt de Rivia). Pero no pretendo teorizar sobre los motivos de este desconocimiento, sino romper una lanza a favor de un novelista que me ha hecho pasar muy buenos ratos con sus historias, y que revolucionó el género fantástico cuando estaba en pañales. Hablamos, ni más ni menos, que de Michel Moorcock.

El Campeón Eterno

¿Existe acaso un valeroso señor nacido por el destino,
capaz de llevar viejas armas, de ganar nuevos estados,
y desgarrar las murallas que santifica el Tiempo,
de arrasar antiguos templos como mentiras santificadas,
de quebrar su orgullo, perder su amor,
destruir su raza, su historia, su musa,
y, tras renunciar a la paz en favor del esfuerzo,
dejar sólo un cadáver que hasta las moscas rechazan?

Michael Moorcock, “Crónica de la Espada Negra”.

Moorcock nació en 1939 en Londres. Desde muy joven le entusiasmaron novelas como Los dioses de Marte, de Edgar Rice Burroughs, la mitología griega, y cualquier obra que saliera de la pluma de Mervyn Peake, su modelo por encima de Tolkien, del que siempre ha sido un ferviente detractor. Esto explica por qué encabezó durante los años 60 la New Wave o Nueva Ola de la literatura fantástica en el semanal de ficción New Worlds, que buscaba renovar el género y alejarse de las tradicionales luchas entre el Bien y el Mal de influencia judeocristiana.

Siguiendo este afán renovador de la fantasía clásica, las obras de Michael Moorcock giran, la mayoría de ellas, alrededor del enfrentamiento entre la Ley y el Caos, donde no hay buenos ni malos, sino conflictos de intereses, diversos puntos de vista, y un relativismo moral constante. Su concepto por antonomasia es el del “Campeón Eterno”, un héroe, o más bien antihéroe, con un destino fatal y condenado a repetirlo en todas las realidades y mundos posibles.

A este respecto, es interesante señalar que fue de los primeros autores, sino el primer autor de fantasía que exploró las posibilidades literarias del multiverso. Todos los libros de Moorcock, por dispares que parezcan, están relacionados entre sí, y se enriquecen unos a otros; lo que le otorga un sentido épico y monumental a su producción literaria que inspiró a autores como Stephen King a hacer lo mismo.

Michael Moorcock en la actualidad.

La crueldad del multiverso

Ésta es la historia de Elric antes de que fuera llamado Asesino de Mujeres, antes del colapso final de Melniboné. Ésta es la historia de la rivalidad con su primo Yyrkoon y del amor por su prima Cymoril, antes de que esa rivalidad y ese amor provocaran el incendio de Imrryr, la Ciudad de Ensueño, saqueada por las hordas de los Reinos Jóvenes. Ésta es la historia de dos espadas, la Tormentosa y la Enlutada, de cómo fueron descubiertas y del papel que desempeñaron en el destino de Elric y de Melniboné; un destino que iba a conformar otro mayor: el del propio mundo. Ésta es la historia de cuando Elric era el rey, el jefe máximo de los dragones, las flotas y de todos los componentes de la raza semihumana que había regido el mundo durante diez mil años. Ésta es la historia de Melniboné, la Isla del Dragón. Es una historia de tragedias, de monstruosas emociones y de elevadas ambiciones. Una historia de brujerías, traiciones y altos ideales, de agonías y grandes placeres, de amores amargos y dulces odios. Ésta es la historia de Elric de Melniboné, gran parte de la cual sólo recordaría el propio Elric en sus pesadillas.

Michael Moorcock, “Elric de Melniboné”.

El personaje más famoso de Moorcock es Elric de Melniboné, emperador albino de la decadente raza que gobierna la Isla de Melniboné, pero podríamos citar muchos más, y todos ellos distintas encarnaciones del Campeón Eterno: Corum, Erekosë (el único que recuerda todas sus vidas anteriores y futuras), Dorian Hawkmoon

La importancia capital de Michael Moorcok en la historia de la literatura fantástica se debe a que todos estos personajes no son héroes perfectos, ejemplos a seguir como lo puede ser Aragorn en El Señor de los Anillos, sino seres contradictorios, que se dejan llevar por la ira o el miedo, y cuyo sino trágico les lleva a destruir todo aquello que aman por tomar malas decisiones.

Por otro lado, Moorcock también fue de los primeros autores en mezclar fantasía y ciencia ficción con bastante acierto, y publicó obras más intimistas y autoconclusivas como He aquí el hombre (que ganó el Premio Nébula en 1967), un drama en el que un viajero en el tiempo, con profundas convicciones cristianas, descubre que el Jesús histórico nunca existió, pero su fe le lleva a sustituirlo.

Así pues, muchos años antes de que se publicara el primer volumen de Canción de Hielo y Fuego o de la Trilogía del Elfo Oscuro, ya existió un novelista que desde los años 60 y 70 venía publicando obras oscuras, crueles, y ambiguas, con personajes que no son lo que parecen. Si sois aficionados a la literatura fantástica, os animo a descubrir a Michael Moorcock por vosotros mismos. No os decepcionará.

Yo fui Elric de Melniboné y desafié a los Señores del Caos con mi espada rúnica Tormentosa en las manos y una loca alegría en el corazón…
Yo fui Dorian Hawkmoon y combatí contra los Señores del Imperio Oscuro y mi espada fue llamada la Espada del Amanecer…
Yo fui Roldan y morí en Roncesvalles matando con la espada mágica Durendal a medio centenar de sarracenos…
Yo fui Jeremiah Cornelius y no empuñaba una espada, sino una pistola de dardos, mientras una banda de locos furiosos me perseguía por una ciudad…
Yo fui el príncipe Corum de la Túnica Escarlata, y busque la venganza en la Corte de los Dioses…
Yo fui Artos el celta, y cabalgué con mi centelleante espada desenvainada contra los invasores de las costas de mi reino…
Fui todos éstos y más que éstos, y a veces mi arma era una espada otras una lanza, otras una pistola… Pero siempre empuñé un arma que era la Espada Negra o una parte de esa extraña hoja.
Siempre un arma. Siempre el guerrero.
Fui el Campeón Eterno, y ésa era mi gloria y mi perdición…

Michael Moorcock, “Erekosë, Crónicas del Campeón Eterno II: Fénix de Obsidiana”.

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Fantasía

Novelista y escritor. Amo las buenas historias, el poder de las palabras, y las mezclas de géneros. Me muevo entre la fantasía, la ciencia ficción, el drama, la comedia, la ficción histórica, la novela psicológica, el terror, la épica y el relato paranormal. Aspiro a escribir los libros que a mí me hubiera gustado leer.

2 comentarios

  1.   Freddy diaz dijo

    Exelente Micheal moorcock gran escritor mi favorito

  2.   Gonzalo dijo

    Excelente y conciso análisis. El conocimiento exacto de la personalidad del autor nos informa del enorme esfuerzo previo al artículo.

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