
BerlĂn a finales de otoño no es precisamente el sitio más alegre del mundo, y para un autor como Mathias Enard, esa atmĂłsfera cargada de historia y frĂo se ha convertido en el escenario perfecto para su Ăşltima aventura literaria. Afincado en Barcelona desde hace un par de dĂ©cadas, el escritor francĂ©s ha decidido aparcar por un momento la ficciĂłn pura para sumergirse en un relato que tiene mucho de confesiĂłn personal y de ensayo errante, alejándose de las tramas complejas de sus Ă©xitos anteriores.
En esta ocasiĂłn, nos presenta una obra titulada MelancolĂa de los confines: Norte, editada en España por Random House, que supone el pistoletazo de salida para un proyecto de gran envergadura. Se trata de una ambiciosa tetralogĂa donde cada volumen explorará un punto cardinal distinto, empezando por este gĂ©lido BerlĂn que el autor conoce de sobra desde su juventud y que ahora recorre con una mirada mucho más pausada y reflexiva.
El detonante de una caminata por la memoria
A ver, que nadie se equivoque: este no es un libro de viajes al uso con recomendaciones turĂsticas. Todo arranca con un golpe seco de realidad, el accidente cerebrovascular que sufre su amiga E. y que la deja ingresada en la clĂnica de Beelitz. Este suceso, que el autor trata con una delicadeza extrema, funciona como el motor que empuja al narrador a caminar sin rumbo por los alrededores de Brandeburgo, tratando de procesar una pĂ©rdida que no es una muerte, sino una transformaciĂłn irreversible del ser querido.
A travĂ©s de estas páginas, el autor nos explica que su intenciĂłn no es caer en la nostalgia barata de tiempos pasados, sino abrazar esa melancolĂa que surge al aceptar que el tiempo avanza y no hay marcha atrás. Es una distinciĂłn importante para Enard, quien utiliza el silencio de los hospitales y la ruina de los antiguos sanatorios para construir una cartografĂa de lo que queda cuando todo parece desmoronarse a nuestro alrededor.
El relato se construye como un monĂłlogo interior que fluye al ritmo de los pasos del autor, quien reconoce que despuĂ©s de caminar media hora el pensamiento cambia y se entra en una especie de meditaciĂłn fĂ©rtil. En este sentido, la obra se convierte en un hĂbrido entre el ensayo y la narraciĂłn, donde lo que se cuenta es estrictamente real, aunque use herramientas propias de la novela para dar color a los fantasmas que habitan la capital alemana.
Caminar como forma de pensamiento y cultura

La erudiciĂłn de Enard es de esas que quitan el hipo, pero en este texto respira de forma natural, sin parecer un examen de historia. Por sus paseos desfilan figuras como Robert Walser, encontrado muerto en la nieve, o el espĂritu de W.G. Sebald, que actĂşa como un guĂa de ultratumba por los rincones más oscuros de la conciencia europea. No faltan referencias a la mĂşsica de Schubert o a la pintura de Caspar David Friedrich, elementos que ayudan a crear esa atmĂłsfera de «viaje de invierno» tan presente en todo el volumen.
El tĂo se conoce los recovecos de BerlĂn al dedillo, desde los vestigios del Muro hasta las estaciones fantasma que todavĂa parecen guardar el eco de la Guerra FrĂa. Esta obsesiĂłn por las fronteras no es casual; el autor explora tanto los lĂmites geográficos que dividieron el continente como las barreras invisibles del lenguaje y la mente. Habla de cĂłmo los ciudadanos de la antigua RDA se quedaron sin paĂs de la noche a la mañana, una herida histĂłrica que rima con la fragilidad de su amiga convaleciente en el hospital.
A lo largo de la obra, el autor reflexiona sobre el papel de la literatura como un puente que comunica distintas épocas. Para él, un libro es una forma de establecer un nudo entre el hoy y el anteayer, una herramienta necesaria en un mundo donde el negocio editorial y la forma tradicional de leer parecen estar bajo amenaza constante por los cambios globales y la digitalización del ocio.
Un continente de muros y literatura
La traducciĂłn al castellano, realizada con mucho tino por Robert Juan-Cantavella, logra mantener esa prosa lĂquida y de frase larga que caracteriza al francĂ©s original. Resulta fascinante cĂłmo Enard conecta la meteorologĂa de AristĂłteles con el romanticismo más puro, sugiriendo que las nubes son el espejo de un alma rota. Es una lectura que exige atenciĂłn, pero que recompensa al lector con una profundidad que pocas veces se encuentra en la producciĂłn literaria actual, tan dada a lo inmediato.
Ni corto ni perezoso, el autor ya ha dejado caer que la prĂłxima parada de esta serie nos llevará hacia el este. La segunda entrega de la tetralogĂa, que ya está terminada, promete un viaje desde Venecia hasta Estambul atravesando los Balcanes, manteniendo ese enfoque de no ficciĂłn que le permite explorar terrenos donde la imaginaciĂłn pura no llega a entrar. Parece que tendremos Enard para rato, siempre y cuando estemos dispuestos a calzarnos las botas y seguirle el ritmo por los confines del mundo.
Al final, lo que nos propone Mathias Enard es una inmersión total en la identidad europea a través de sus ruinas y sus libros, recordándonos que caminar es, en el fondo, una forma de resistencia contra el olvido. Esta primera entrega de su serie cardinal se asienta como un testimonio lúcido e imparcial sobre la fragilidad de la vida y la persistencia de la memoria, invitándonos a mirar de frente esas sombras del pasado que, lejos de desaparecer, siguen configurando el mapa de nuestro presente más inmediato.