La novena edición de Marpoética se ha afianzado en Marbella como un festival que no se conforma con llenar teatros y auditorios, sino que sale a la calle, se mezcla con la vida cotidiana y busca nuevos espacios para la palabra. En esta ocasión, el certamen ha combinado recitales en entornos sanitarios, diálogos literarios con figuras de primer nivel y propuestas musicales que acercan la poesía a públicos muy distintos.
Lejos de limitarse a los formatos clásicos, la programación ha puesto el foco en la dimensión sanadora, social y cotidiana de la poesía, llevando versos a hospitales, abriendo debates sobre el duelo y la fragilidad, y reivindicando la lectura como experiencia fundacional. Todo ello convierte a Marpoética en una cita que, más que un simple festival, funciona como un auténtico laboratorio de cómo se puede vivir hoy la literatura en España.
La poesía entra en el Hospital Costa del Sol
Uno de los gestos más significativos de esta edición ha sido la llegada de Marpoética al Hospital Universitario Costa del Sol, donde la poesía ha irrumpido en plena jornada clínica para colarse entre máquinas, pasillos y salas de espera. Los poetas Basilio Sánchez, premio Loewe, y Agustín Pérez Leal, Premio de Poesía Manuel Alcántara, han protagonizado un recital itinerante dirigido a pacientes, familiares y personal sanitario.
La actividad se enmarca en el propósito del festival de sacar la poesía de los márgenes de los libros y llevarla a escenarios poco habituales. Tras propuestas anteriores como el «Sendero Poético» en la montaña o «Faenando versos» junto al mar, el turno ha sido para un entorno tan sensible como el hospitalario, donde la rutina suele estar marcada por la espera, la incertidumbre y los tratamientos de larga duración.
Durante la visita, los escritores han recorrido varias áreas del centro, con paradas en Hemodiálisis, Radiodiagnóstico y Oncohematología. En todas ellas, el público ha recibido a los poetas con una mezcla de expectación y curiosidad, poco habitual en un día de consultas y pruebas, pero que pronto se ha transformado en atención silenciosa a cada poema leído.
El recital ha contado con el apoyo de la Comisión de Humanización del hospital, un órgano consultivo y asesor que trabaja para que los cuidados se desarrollen en un entorno más cercano y respetuoso con la dimensión emocional de pacientes, familias y profesionales. Han acompañado el recorrido, en representación del centro, Carmen Cuenca (directora de Enfermería), Purificación Alcalá (jefa de Bloque de Enfermería de Área Médica y Servicios de Soporte), María Isabel Méndez (supervisora de Enfermería de Pediatría y Neonatología) y Marina Carrasco (supervisora de Enfermería de Calidad).
En este contexto, la poesía no se ha planteado como un simple lujo cultural, sino casi como una herramienta de cuidado complementaria, un respiro en mitad de la carga emocional que acompaña a la enfermedad, y una forma de tejer vínculos diferentes entre quienes comparten espacios clínicos a diario.
Versos que dialogan con la enfermedad y el cuidado
A lo largo del recorrido, la propuesta de los dos autores ha girado en torno a la relación entre la palabra poética, la naturaleza y la experiencia del cuidado. Agustín Pérez Leal ha puesto el acento en cómo la poesía permite reconectar a las personas con aquello que las rodea: los árboles, los pájaros, el mar o las estrellas, elementos que el poeta entiende como una vía de unión con la vida y la alegría incluso en momentos difíciles.
El autor ha defendido que los versos tienen la capacidad de poner en contacto a unas personas con otras de forma discreta, casi subterránea, pero cargada de energía propia. Según ha explicado, esa corriente silenciosa enlaza a quienes escuchan hoy con las generaciones que han escrito y leído poesía desde que la humanidad empezó a reconocerse a sí misma, subrayando así la continuidad histórica del género.
Por su parte, Basilio Sánchez, médico recientemente jubilado tras una larga trayectoria en la UCI del Hospital Universitario de Cáceres, ha presentado la poesía como «la medicina más antigua del mundo». Desde su doble experiencia de poeta y sanitario, ha leído textos como «Siempre hay alguien que cuida», dedicado a quienes velan por los demás en contextos clínicos, donde el trabajo invisible de muchas personas sostiene los procesos de tratamiento.
Sánchez ha compartido además cómo la literatura le ayudó durante la fase más dura de la pandemia, cuando ejercía como intensivista. Ha explicado que la poesía no actúa como un fármaco al uso -no es dopamina, ni noradrenalina, ni un antibiótico-, pero ha defendido que una determinada actitud interior y disposición emocional puede influir de manera positiva en la evolución de la enfermedad, y que en ese terreno la lectura y la escritura de poemas tienen un papel importante.
El resultado ha sido un recital en el que la fragilidad, la enfermedad y el miedo no se han ocultado, pero se han mirado de frente a través de las palabras, abriendo la puerta a nuevas formas de acompañamiento que, sin sustituir a la medicina, amplían la idea de qué significa cuidar a alguien en un hospital.
La respuesta de pacientes y personal sanitario
La primera parada del recital se ha llevado a cabo en la sala de Hemodiálisis, un espacio donde muchos pacientes pasan varias horas por sesión, varias veces por semana, a lo largo de años. En un entorno tan marcado por la rutina, la aparición de los poetas ha supuesto un corte inesperado en el tiempo, un alto en el camino para escuchar versos en lugar de seguir pendiente solo de la televisión o la radio.
Entre quienes han vivido la experiencia desde la butaca se encuentra Josefa Atienza, de 79 años, que ha seguido las lecturas con atención. Al finalizar, ha reconocido que la actividad le ha gustado mucho y que incluso se le ha hecho corta, describiendo el recital como una fuente de alegría y admitiendo que le gustaría poder repetirla en el futuro.
No solo las personas enfermas han agradecido el gesto. El propio personal sanitario ha valorado el impacto de la poesía en la atmósfera de trabajo. Rafael Barrios, enfermero supervisor de la unidad de Hemodiálisis y Nefrología, ha calificado el encuentro de magnífico y ha subrayado que supone una forma distinta de vivir el día a día en un área donde suele reinar el silencio concentrado.
Según ha explicado Barrios, muchos pacientes pasan gran parte de sus sesiones viendo la televisión, escuchando la radio o leyendo en soledad, por lo que la propuesta de Marpoética ha funcionado como un elemento de ruptura de la rutina, generando un clima compartido en el que enfermos y profesionales han seguido con interés cada poema, compartiendo emociones más allá del ámbito estrictamente clínico.
El recorrido ha continuado después por la sala de espera de Radiodiagnóstico, donde el tráfico habitual de pacientes y acompañantes se ha detenido unos minutos para dejar sitio a las voces de los poetas. Finalmente, la jornada ha concluido en el área de Oncohematología, tanto en la sala de espera como en la de tratamiento, donde la carga emocional suele ser especialmente intensa por la naturaleza de las patologías que se atienden.
Oncología, dolor y evasión a través de la palabra
En la zona de Oncohematología, la actividad ha sido recibida como una oportunidad de desconexión dentro de días marcados por pruebas, quimioterapias y buena dosis de incertidumbre. La enfermera Raquel Márquez ha definido la propuesta como una iniciativa muy positiva porque permite a las personas que acuden a tratamiento despejar la mente, aunque solo sea durante unos minutos.
Para pacientes como Francisca Benítez, que sigue un proceso oncológico, el recital ha supuesto un paréntesis en medio de un camino largo y a menudo tedioso. Ella misma ha señalado que, gracias a la poesía, ha podido evadirse por un rato de los nervios y el cansancio que acumula cualquier persona en su situación, encontrando un respiro en los versos que se iban enlazando en la sala.
Este tipo de iniciativas encajan con el trabajo de la Comisión de Humanización del hospital, que busca integrar experiencias culturales y emocionales en los circuitos asistenciales para que los tratamientos resulten más llevaderos. La presencia de Marpoética en este contexto ha reforzado la idea de que el cuidado no se limita a pruebas y fármacos, sino que incluye también lo que tiene que ver con la palabra, la escucha y el acompañamiento.
La experiencia ha demostrado que, incluso en entornos clínicos, la poesía puede despertar una atención profunda y generar conversación entre personas que, quizá, fuera de ese marco no habrían acudido nunca a un recital. En cierto modo, el hospital se ha transformado por unas horas en un espacio cultural inesperado, con el festival como hilo conductor.
Con esta acción, Marpoética reafirma una de sus señas de identidad: entender la cultura no solo como espectáculo para públicos especializados, sino como un servicio compartido que puede infiltrarse en lugares diversos, desde la naturaleza hasta un centro sanitario, para acompañar las distintas etapas de la vida.
Piedad Bonnett abre el festival: dolor, identidad y poder sanador de la poesía
La inauguración oficial de la novena edición de Marpoética ha tenido como protagonista a la poeta colombiana Piedad Bonnett, una de las voces más reconocidas de la literatura hispanoamericana actual, ejemplo de poemas escritos por mujeres. Su intervención ha consistido en una conversación en el Teatro Ciudad de Marbella con el director literario del festival, Javier Vicedo, centrada en el valor sanador de la poesía y en cómo el verso permite transformar experiencias íntimas en reflexión colectiva.
La directora general de Cultura del Ayuntamiento de Marbella, Carmen Díaz, ha ejercido de anfitriona de la velada y ha reivindicado Marpoética como una cita esencial para la poesía en español, subrayando su evolución a lo largo de los años hacia un diálogo cada vez más estrecho con otras artes como la música, el teatro o el cine. En sus palabras, la poesía es pensamiento, música y creación de lenguaje, una de las formas más puras de creación.
Desde el escenario, Bonnett ha repasado algunas de las líneas centrales de su obra: la fragilidad, la memoria, la identidad y el dolor, asuntos que recorre con una escritura lúcida y directa. La autora ha contado cómo su propio camino hacia el poema nació de un profundo descontento personal y vital, un punto de inflexión que la llevó a virar desde la narrativa hacia el verso al descubrir que le resultaba más natural y posible encontrar tiempo para escribir poesía que para embarcarse en una novela larga.
La poeta ha insistido en que la poesía no se preocupa tanto por el concepto como por la energía del lenguaje, que se va desprendiendo de las ataduras de la razón para combinar las palabras de manera intuitiva, conectada con pulsiones oscuras y zonas poco iluminadas de la experiencia humana. Para Bonnett, buena parte de la literatura nace del desconcierto y la duda, y el poeta mira de frente a esas zonas incómodas en lugar de rehacer el camino.
En esa línea, ha explicado cómo su escritura aborda cuestiones como la cultura patriarcal, que condicionó su biografía al punto de obligarla durante un tiempo a participar en concursos con seudónimos masculinos. También ha hablado de cómo ha trasladado a sus libros la presión de los mandatos sociales, el duelo, la salud mental y la pérdida, temas presentes en títulos como «La mujer incierta» o el ya emblemático «Lo que no tiene nombre», donde narra el suicidio de su hijo.
El duelo, la mirada al dolor y la construcción del yo
A lo largo de la conversación, Bonnett ha explicado que su último trabajo autobiográfico, «La mujer incierta», no sigue un esquema lineal, sino que se articula como un mosaico de escenas y recuerdos que escapan del yo estable para dar voz a las distintas mujeres que la han habitado a lo largo de la vida: la niña sometida a una educación rígida, la joven confrontada con lo que se espera de ella, la madre atravesada por la pérdida y la escritora que se observa con ironía y cierto escepticismo.
Este enfoque le ha permitido problematizar el relato único sobre la identidad, planteando que la persona es una suma de versiones en conflicto y transformación. La autora ha insistido en que la literatura nace de la incertidumbre y de una mirada que nunca se conforma con la comodidad de lo blanco o negro, sino que se interesa por las zonas grises y los misterios que cada vida arrastra.
Cuando el diálogo ha derivado hacia el tema del duelo, Bonnett ha subrayado que la poesía -y la literatura en general- ayuda a tomar distancia del dolor sin negarlo, gracias a su capacidad para poner en palabras lo insoportable. Ha recordado versos como «No hay cicatriz / por brutal que parezca / que no encierre belleza», en los que se filtra la idea de que incluso en las heridas más profundas puede encontrarse un tipo de conocimiento.
La autora ha insistido en que el poeta mira el sufrimiento de frente, sin rodeos, y que la escritura se convierte en un modo de sostener lo que de otra manera podría resultar asfixiante. De hecho, ha explicado cómo «Lo que no tiene nombre» supuso para ella un punto de inflexión literaria y vital: al abordar la muerte de su hijo, convirtió el duelo en una forma de comprensión del mundo y la escritura en un mecanismo de consuelo y memoria.
La conversación con Vicedo ha permitido ver cómo Bonnett transforma experiencias personales muy dolorosas en un espacio común para los demás, sin renunciar a los aspectos más incómodos y poco amables de la existencia. Esa combinación de honestidad y reflexión ha sido uno de los momentos más intensos de la apertura de Marpoética, dejando claro el interés del festival por explorar la capacidad sanadora, pero también crítica, de la poesía.
La música de La Tania: copla, flamenco y pop en clave poética
La sesión inaugural en el Teatro Ciudad de Marbella se ha cerrado con la actuación de La Tania, cantante alicantina cuya propuesta musical combina copla, flamenco y sonoridades del pop contemporáneo. Su presencia ha reforzado la vocación del festival de tender puentes entre poesía y música, entendidas no como disciplinas separadas sino como lenguajes que se alimentan mutuamente.
En el escenario, La Tania ha presentado temas de su primer trabajo discográfico, «Amoríos, la verdad de mi coplilla», nominado a Mejor Álbum Folclórico en los Premios de la Academia de la Música. Piezas como «Romance de Juan Osuna», «Quereles», «Monigote», «Besitos de otro» o «El emigrante» han resonado en el teatro con una mezcla de raíz tradicional y mirada actual, despojando a la copla de los prejuicios que durante años la han encasillado como género obsoleto.
La artista, que comenzó estudiando interpretación de niña en su pueblo de El Campello (Alicante) y fue descubriendo su voz en montajes teatrales escolares, ha construido una trayectoria marcada por la intensidad escénica. Su camino la ha llevado hasta Madrid y a reconocimientos como el Goya a la Mejor Canción Original por «Los Almendros», un hito que, sin embargo, no le ha hecho perder de vista su manera personal de entender la música.
Durante el concierto en Marpoética, la voz de La Tania ha llenado cada rincón del teatro con un formato intimista donde las letras -de fuerte carga emocional y narrativa- han tenido todo el protagonismo. En ese cruce entre la tradición popular y una sensibilidad contemporánea, la artista se ha situado en un terreno muy cercano a la poesía, apoyando con su actuación el objetivo del festival de mostrar cómo la palabra cantada también puede ser literatura.
El tándem formado por Piedad Bonnett y La Tania en la noche inaugural ha simbolizado el encuentro de dos generaciones y dos formas distintas de mirar el mundo, pero unidas por la misma pasión por el idioma y por la capacidad de las palabras de poner en circulación emociones complejas. Esa combinación ha marcado el tono de una edición que apuesta por el cruce de voces y disciplinas.
Juan Manuel de Prada y los libros que fundan a un lector
Dentro de la programación de Marpoética, el ciclo «Diálogos» se ha estrenado en el Hospital Real de la Misericordia con la intervención del escritor Juan Manuel de Prada. Acompañado también por el director literario del festival, Javier Vicedo, el autor ha ofrecido una charla titulada «El lector que somos», en la que ha repasado los libros que marcaron el origen de su vocación literaria.
De Prada ha defendido que la lectura temprana, especialmente en la adolescencia, deja una huella difícil de borrar. En su opinión, cuando alguien se acerca a los libros a los veinte, treinta o cuarenta años, el impacto suele ser menor, porque ya no se vive con la misma intensidad la mezcla de preguntas, inquietud y desconcierto que caracteriza los años juveniles, ese periodo en el que un título puede llegar literalmente a cambiar la vida.
En su caso, la relación con la literatura comenzó muy pronto gracias a su abuelo, que le enseñó a leer antes incluso de ir al colegio. Aquellas primeras incursiones en la biblioteca de su pueblo, recorrida anaquel por anaquel, se convirtieron en un territorio de exploración donde la palabra escrita adquirió el peso de una revelación. El autor ha reconocido que las palabras marcaron su vida como un hierro candente, dejando claro hasta qué punto la lectura puede moldear una biografía.
Uno de los libros clave de esa etapa fue «Narraciones extraordinarias», de Edgar Allan Poe, al que accedió de niño casi a escondidas después de que sus padres intentaran limitarle su lectura por considerarlo poco adecuado para su edad. Lejos de frenarlo, esa prohibición hizo que leyera los relatos bajo las sábanas con una linterna, experimentando a la vez el placer de lo prohibido y el descubrimiento de historias perturbadoras que le dejaban en un estado de pánico fascinante.
De Prada ha contado cómo, con el tiempo, una relectura adolescente de Poe le permitió valorar de otra manera la maestría técnica del autor. A partir de ahí, su itinerario lector continuó con «Don Quijote de la Mancha» de Cervantes, «El Aleph» de Jorge Luis Borges y «En busca del tiempo perdido» de Marcel Proust, obras que no solo consolidaron su vocación, sino que le ofrecieron distintas formas de entender la literatura y el estilo.
Cervantes, Borges, Proust y la defensa de la gran literatura
Al referirse a Miguel de Cervantes, De Prada ha recordado que leyó por primera vez «Don Quijote» con apenas catorce años, en una edad en la que, según ha confesado, se adentraba en libros que muchos considerarían desaconsejables para un adolescente. Para él, eso no es un problema, sino casi una necesidad: opina que los más jóvenes deberían leer literatura adulta, ya que incluso los mejores cuentos considerados infantiles -como «La Bella y la Bestia» o «Alicia en el país de las maravillas»- no lo son en realidad.
El autor ha explicado que pasó una década leyendo «El Quijote» cada verano, de los catorce a los veinticuatro años, convencido de que la novela cervantina es una obra inagotable de la que siempre se puede extraer algo nuevo. Ha coincidido con Miguel de Unamuno al describirla como «el evangelio en español», y ha insistido en que, además de su enorme valor estético, el libro funciona como una verdadera escuela de vida y un manual de buen vivir.
En este punto, ha lanzado una reflexión sobre la fidelidad a las propias convicciones, apoyándose en la figura del hidalgo que permanece fiel a Dulcinea incluso después de ser derrotado por Sansón Carrasco en la playa de Barcelona. Para De Prada, la gran literatura enseña a mantener las ideas aunque estén fuera de moda o se burlen de ellas, y esa lección sigue siendo plenamente vigente.
El paso a Jorge Luis Borges ha servido para hablar de la forma literaria. En «El Aleph», De Prada descubrió el uso preciso del adjetivo, la musicalidad y la sintaxis irreprochable, lo que le llevó a comprender que escribir no consiste solo en contar una historia, sino en hacerlo de una manera determinada. A su juicio, existen relatos que quedan vetados para un autor si este no cuenta con el estilo adecuado para afrontarlos.
Finalmente, su encuentro con Marcel Proust y «En busca del tiempo perdido» abrió la puerta a otra dimensión de la experiencia lectora, en la que los aspectos más nimios de la vida se transforman en materia literaria cuando se narran con el enfoque preciso. De Prada ha recordado la célebre escena de la magdalena mojada en té como ejemplo de cómo la palabra puede invocar el mundo y combatir la fugacidad del tiempo y la muerte, dotando de sentido a lo que, en apariencia, es insignificante.
En conjunto, su intervención ha sido una defensa sin ambages de la gran literatura como patrimonio vivo, que sigue hablando a lectores de cualquier generación y lugar. De Prada ha criticado con dureza las versiones abreviadas y adaptaciones de los clásicos al castellano actual, que considera una forma de empobrecer la experiencia lectora, y ha reivindicado la necesidad de acercarse a estas obras tal y como fueron escritas, aceptando su complejidad.
El ciclo «Diálogos» de Marpoética se completa con la participación de otros nombres destacados del panorama cultural, como la escritora Marta Jiménez Serrano, autora del libro de éxito «Oxígeno», y el cineasta Fernando León de Aranoa, lo que muestra la voluntad del festival de conectar la poesía con la narrativa, el cine y distintos formatos de creación contemporánea.
Entre recitales en hospitales, conversaciones con autores de referencia y propuestas musicales que rompen etiquetas, Marpoética se consolida en Marbella como un festival que entiende la poesía como una experiencia amplia, capaz de dialogar con la enfermedad, el duelo, la memoria, la identidad y el placer de leer. Esta novena edición confirma que el certamen no solo programa actividades, sino que explora cómo la palabra puede seguir teniendo sentido en la vida cotidiana de quienes la escuchan dentro y fuera de los escenarios habituales.