La obra de la escritora argentina Mariana Enríquez vuelve a copar titulares en España. Por un lado, la miniserie ‘Mis muertos tristes’, dirigida por el cineasta chileno Pablo Larraín, ultima su puesta de largo mundial en el Festival de San Sebastián antes de aterrizar en Netflix el próximo 24 de septiembre. Por otro, la película ‘La virgen de la tosquera’, basada en sus relatos, ha sido elegida para representar a Argentina en la categoría de Mejor Película Iberoamericana de los Premios Goya, un doble filón que confirma el tirón internacional de la autora.
El anuncio de la candidatura al Goya, hecho en la Residencia del Embajador de España en Argentina, y el inminente estreno europeo de la serie apuntan a que el terror social y la memoria histórica que caracterizan a Enríquez encuentran un eco notable más allá de Latinoamérica. Ambas producciones comparten fuente literaria, pero también un enfoque que mezcla lo sobrenatural con las heridas colectivas.
La trama de ‘Mis muertos tristes’: fantasmas que huelen a marginalidad
La serie, compuesta por cuatro episodios, sigue a Ema, una médica recién jubilada que tiene la capacidad de percibir a los muertos, a los que llama «presencias». Tras años evitando ese don, debe enfrentarse al fallecimiento de su madre y a la llegada de su sobrina Julie, una joven con una conexión especial con el más allá. El asesinato de tres adolescentes en el barrio Piedrabuena, un sector golpeado por la violencia y la pobreza, rompe el equilibrio entre vivos y difuntos y expande el fenómeno por toda la comunidad vecinal.
Pablo Larraín define la serie como un reflejo de «una ciudad, una pobreza, una violencia, gente y clases que han sido olvidadas». En sus declaraciones, el director subraya que «el terror está en lo cotidiano», alejándose del susto fácil para mostrar realidades incómodas que vuelven a la superficie con intensidad. Esa mirada conecta con la literatura de Enríquez, donde lo paranormal no es un adorno, sino una herramienta para hablar de temas políticos y sociales.
De San Sebastián a Netflix: un estreno con sello europeo
La miniserie tendrá su presentación mundial en la Sección Oficial a competición de la 74ª edición del Festival de Cine de San Sebastián, que arranca el 18 de septiembre. Tras ese paso, llegará al catálogo de Netflix el 24 de septiembre. Es un recorrido habitual para las producciones de cierto prestigio, y supone un espaldarazo para el proyecto, que además cuenta con el respaldo de la productora Fabula, fundada por los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín.
El reparto lo encabezan Mercedes Morán y Dolores Fonzi, acompañadas por Alejandra Flechner, Carolina Álvarez, Carlos Portaluppi, Germán de Silva y la actriz chilena Luz Jiménez. En el equipo técnico destacan el director de fotografía Sergio Armstrong y el diseñador de producción Rodrigo Bazaes. El guion ha sido adaptado por la propia Mariana Enríquez junto a Guillermo Calderón, Anastasia Ayazi y Larraín, un trabajo coral que permitió integrar distintos cuentos de la autora, como «Julie» y «Cuando hablábamos con los muertos».
‘La virgen de la tosquera’, el otro asalto a los Goya
Justo en el mismo mes, la Academia de Cine Argentino ha decidido que ‘La virgen de la tosquera’ sea la candidata a los Premios Goya en la categoría iberoamericana. Dirigida por Laura Casabé, la película adapta los relatos «La virgen de la tosquera» y «El carrito», incluidos en el libro ‘Los peligros de fumar en la cama’. La historia transcurre durante el verano posterior a la crisis de 2001 y sigue a tres amigas que se enamoran del mismo hombre, con conjuros y un paraje extraño como telón de fondo.
La cinta compitió en la votación final con otras producciones de peso, y el anuncio se realizó con la presencia del embajador de España en Argentina y de Dolores Fonzi, que ya ganó el Goya el año anterior por ‘Belén’. Este doble reconocimiento subraya el interés europeo por la narrativa de Enríquez, que no deja de ampliar su alcance global.
Así, tanto la serie de Larraín como la película de Casabé confirman que el terror literario de Mariana Enríquez traspasa fronteras. Los fantasmas de sus historias no solo asustan, también dejan claro que las desigualdades sociales y la memoria son difíciles de enterrar. Con el festival donostiarra como escaparate y el Goya en el horizonte, la autora vuelve a estar en el centro de una conversación cultural que va más allá del género.
