Los problemas de leer en un mundo audiovisual.

A lo largo de los últimos años mucha gente me ha dicho que tal o cual libro era aburrido porque no pasaba nada durante las primeras veinte páginas. Y que, por lo tanto, habían dejado de leerlo. Lo que me entristece en momentos así es que, por falta de paciencia, esas personas se han perdido historias increíbles. Pensando en ello, me percaté de que en la actualidad estamos malacostumbrados. Los problemas de leer en un mundo audiovisual es que tenemos demasiados estímulos externos, que producen emociones inmediatas, y queremos sentir ya, ahora, al instante. Buscamos historias que vayan al grano, sin rodeos.

No voy a ser tan hipócrita de decir que la palabra escrita es siempre superior, ya que también disfruto de multitud de series y películas. Sin embargo, estas formas de arte han hecho que mucha gente olvide cómo disfrutar de las historias que se toman su tiempo, que crecen con mimo y cariño. En el caso de los que son aún más jóvenes que yo, incluso puede darse el caso de que no conozcan otra cosa.

Cuando había menos ruido

Comí civilización, me sentó mal y enfermé.

Aldous Huxley, “Un Mundo Feliz.”

Nací a principios de los noventa, en un mundo que era mayoritariamente analógico, al menos a nivel doméstico. No tenía Internet, ni teléfono móvil, así que cuando me tumbaba en la cama con un libro nada ni nadie podía distraerme. Hoy, en pleno año 2018, uno no puede abrir una novela sin que le lleguen cuatro mensajes de WathsApp y seis notificaciones de Twitter. Incluso mientras escribo este artículo no me ha quedado más remedio que consultar el móvil varias veces.

No quiero con esto demonizar la tecnología, ni mucho menos. Internet nos permite contactar con personas a miles de kilómetros de distancia, y descubrir formas de arte que de otra manera no conoceríamos. Pero también es una fuente de distracciones que nos impide zambullirnos en la introspección y silencio que una novela larga requiere. Y eso es algo que entendemos los de mi generación, que nacimos en una era predigital, y con mayor motivo los de las generaciones anteriores.

El poder de las palabras

Desconozco si tú, que me estás leyendo, tienes doce años o setenta. Pero en ambos casos te propongo lo siguiente: la próxima vez que dejes de lado un libro porque en la primera página no ha habido una explosión, o un duelo épico a muerte, continúa leyendo. Recuerda que muchas de las grandes historias se toman su tiempo para que conozcas a los personajes y las reglas de su mundo. Y eso es una aventura que merece la pena por sí misma.

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Novelista y escritor. Amo las buenas historias, el poder de las palabras, y las mezclas de géneros. Me muevo entre la fantasía, la ciencia ficción, el drama, la comedia, la ficción histórica, la novela psicológica, el terror, la épica y el relato paranormal. Aspiro a escribir los libros que a mí me hubiera gustado leer.

4 comentarios

  1.   Nishi dijo

    Gran artículo. Creo que tenemos más en común de lo que parece a simple vista. Estoy totalmente de acuerdo en que hoy en día es todo más inmediato, existe una sobreestimulación de los sentidos que cada vez nos dificulta más disfrutar de aquello que se toma su tiempo. Sinceramente, creo que es una pena, porque todas las grandes historias que leído (o visto, no olvidemos que también existen películas o series de desarrollo lento) van con calma. Yo lo veo como una verdadera virtud. En ocasiones, más y más rápido no significa mejor, porque acabas no empatizando con la historia, con los personajes o con la propia acción, al menos a nivel narrativo.

    Un saludo.

  2.   M. R. R. Escabias dijo

    Gracias por pasarte y comentar por aquí, Nishi, estoy de acuerdo con todo lo que has dicho.

    Un saludo.

  3.   Jorge dijo

    Me acuerdo de crío cuando me acostaba a las siete de la tarde, a leer un libro a la luz de una lámpara pequeña en la mesa de noche. Extraño esos días, me parece que fueron muy ricos a nivel de formación intelectual. Ahora todo me parece fabricado. Hasta escribir este comentario me fue difícil, ya no tengo la misma fluidez que tenía cuando leía más.

  4.   M. R. R. Escabias dijo

    Te entiendo perfectamente, Jorge.

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