Cada final de año se repite el ritual: listas, rankings y selecciones con los que los medios y los lectores intentan fijar cuáles han sido los mejores libros publicados en los últimos doce meses. No es una ciencia exacta, claro, pero sí un mapa valioso para orientarse entre las cientos de novedades que pasan fugazmente por librerías y pantallas. En 2025 la sensación general es clara: ha sido un año especialmente fértil, con títulos que han generado conversación, han recuperado episodios incómodos de la historia y han abierto caminos formales nuevos.
Buena parte de estas recomendaciones nacen de equipos pequeños de periodistas y críticos que, como repiten ellos mismos, no aspiran a dictar sentencia definitiva, sino a compartir entusiasmos. Hay listas que se construyen de enero a diciembre, sumando lecturas a medida que aparecen, y otras que se cocinan a última hora con la vista puesta en el lector que busca qué regalar en Navidad o qué llevarse de vacaciones. Lo interesante es ver cómo, pese a las diferencias de gusto, ciertos libros se repiten una y otra vez. Muchas de esas listas que se construyen sirven de guía para lectores y librerías.
Ficción que marca el año: de la intimidad al mito contemporáneo
La narrativa en español y en traducción ha ofrecido en 2025 una combinación muy potente de riesgo y legibilidad. En muchas de las listas consultadas aparecen novelas que tensan la frontera entre realidad y ficción, rescatan figuras históricas y revisitan géneros muy codificados desde miradas actuales.
Entre las obras en castellano, uno de los títulos que más se repite es Los nombres de Feliza, de Juan Gabriel Vásquez (Alfaguara). El escritor colombiano reconstruye la vida de la escultora Feliza Bursztyn a partir de una frase de Gabriel García Márquez -la artista “murió de tristeza” en un restaurante parisino- y levanta una biografía novelada que mezcla investigación, memoria personal y reflexión sobre la obsesión creativa. Varios críticos subrayan cómo el libro cierra dos círculos: el de la propia Feliza y el del joven Vásquez que, en su época de aprendiz en París, se cruzó con aquella necrológica, y se inscribe además en la conversación sobre libros escritos por mujeres que marcan la diferencia.
En un registro también híbrido, pero con foco europeo, El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (Random House), aparece como una de las apuestas fuertes del año. El autor viaja con el papa Francisco a Mongolia, invitado por el Vaticano, y aprovecha esa experiencia para articular un texto que es a la vez crónica de viaje, ensayo sobre la fe y relato de misterio en torno a la posibilidad de la resurrección. La coincidencia entre la publicación del libro y el empeoramiento de la salud del pontífice ha multiplicado su impacto mediático, pero las listas insisten sobre todo en su solidez literaria.
Al lado de estos nombres consolidados, varios medios reivindican la potencia de primeras novelas y hallazgos. Seismil, de Laura C. Vela (Niños Gratis) se presenta como un testimonio narrativo a medio camino entre memoria y ensayo íntimo, donde la autora trata de reapropiarse de su propia historia tras un suceso traumático en la adolescencia. La escritura, atravesada de culpa y de estigma, funciona aquí como forma de exploración y no tanto como ajuste de cuentas; por eso el libro suele incluirse en listados sobre lecturas centradas sobre la adolescencia.
En el ámbito hispanoamericano, Medea me cantó un corrido, de Dahlia de la Cerda (Sexto Piso), es otra de las novelas señaladas. En ella se cruzan mito griego y geografía mexicana para hablar de violencia contra las mujeres, duelo materno, maternidad elegida y guerra cotidiana. La mezcla de sátira, fábula, thriller y realismo mágico sitúa el libro en una zona limítrofe donde la imaginación sirve para decir lo que la mera crónica no alcanza a explicar.
En traducción al español, la biografía ficcionalizada también ha dado títulos muy comentados. El director, de Daniel Kehlmann (Random House), aborda la figura del cineasta G. W. Pabst, atrapado entre Hollywood, el ascenso del nazismo y sus propias ambiciones artísticas. Lejos de un simple biopic literario, la novela se lee como una reflexión sobre el poder del lenguaje y de la belleza cuando son apropiados por los totalitarismos. La Segunda Guerra Mundial funciona aquí como espejo deformante del presente.
Otro nombre recurrente es el del vietnamita-estadounidense Ocean Vuong. Su novela El emperador de Alegría (Anagrama) continúa la senda de En la Tierra somos fugazmente grandiosos y, según las reseñas especializadas, combina delicadeza poética y crudeza emocional en el retrato de una mujer mayor con deterioro cognitivo y un joven marcado por la pérdida. Los dos personajes, situados a ambos lados de un puente literal y simbólico, comparten una travesía vital que habla de duelo, memoria y cuidado.
Relatos, cuentos y formas breves que amplían el mapa
Más allá de la novela, el cuento y los libros de relatos han demostrado en 2025 una vitalidad poco habitual en un mercado que, en España, sigue privilegiando el largo aliento. Varias listas coinciden en destacar a Samanta Schweblin, cuya colección El buen mal (Seix Barral) reúne seis historias donde el dolor físico y emocional se vuelve casi un objeto. El volumen combina escenas perturbadoras —como el intento de suicidio frustrado de una mujer cargada de piedras en un lago— con momentos de ternura inesperada, todos ellos atravesados por símbolos recurrentes de agua, peso y silencio, y la autora suele aparecer en listados sobre autoras consolidadas.
En el ámbito español, Lo que no se ve, de Cristina Fernández Cubas (Tusquets), marca el regreso de una de las grandes cuentistas contemporáneas. Sus nuevos relatos vuelven a partir de situaciones cotidianas para deslizarse, casi sin anunciarlo, hacia lo inquietante y lo extraño. Críticos y suplementos coinciden en reprochar que, en España, el cuento siga sin ocupar el lugar que merece, mientras subrayan que cada libro de Fernández Cubas debería leerse como un pequeño acontecimiento literario.
Junto a estas autoras consolidadas, se señalan volúmenes de cuentos procedentes de voces emergentes, como Querer es perder, de Salomé Esper (Sigilo), o las recopilaciones firmadas por Elvira Navarro y Pilar Adón, que exploran la precariedad urbana, los miedos en espacios liminares y las relaciones de poder durante la infancia y la adolescencia.
No ficción: historia, memoria y pensamiento en clave europea
Si algo evidencian las listas de ensayos de este año es que el lector europeo —y especialmente el español— busca entender su propio pasado reciente. Varios títulos analizan, desde perspectivas complementarias, los años de la dictadura franquista y sus consecuencias sociales.
Entre ellos destaca Franco, de Julián Casanova (Crítica), una biografía extensa que aspira a convertirse en referencia sobre la figura del dictador. El historiador no se limita a repasar cronológicamente la vida del militar, sino que contextualiza su ascenso, repasa el funcionamiento del régimen y desmonta, con documentación, las tentativas contemporáneas de blanquear esa etapa. Muchos suplementos subrayan que se trata de un libro pensado tanto para especialistas como para lectores generales.
En paralelo, La hambruna española, de Miguel Ángel del Arco Blanco (Crítica), se cuela en las recomendaciones de historia como un estudio clave sobre el hambre de la posguerra. El autor sostiene que el desabastecimiento y la subalimentación no fueron solo una consecuencia inevitable de la guerra civil, sino también un instrumento deliberado del nuevo régimen para disciplinar y castigar. A partir de archivos, testimonios y prensa de la época, el libro reconstruye cómo la autarquía y la corrupción institucionalizada contribuyeron a la muerte de cientos de miles de personas.
La preocupación por el presente europeo se refleja en títulos como Europa encadenada. El neoliberalismo contra la Unión, de Sami Naïr (Galaxia Gutenberg), donde el filósofo y politólogo francés analiza el desgaste del proyecto comunitario ante los cambios geopolíticos y el auge de las extremas derechas. Naïr defiende que la Unión debe asumir su propia defensa económica y política si no quiere quedar subordinada a potencias externas en un contexto de guerra en Ucrania y de posible repliegue estadounidense.
Desde otro ángulo, La sociedad de la desconfianza, de Victoria Camps (Arpa), se centra en los efectos de un individualismo que ha erosionado las nociones de solidaridad y colaboración. La filósofa catalana se pregunta qué ocurre cuando dejamos de creer en lo común y propone reconstruir la confianza a partir de una ética cívica renovada, que combine responsabilidad individual y compromiso colectivo.
En clave más específicamente cultural, Mujeres que amamantan cachorros de lobo, de Adriana Cavarero (Galaxia Gutenberg), propone una relectura del cuerpo femenino y de la maternidad a través de mitos, textos filosóficos y testimonios contemporáneos. Cavarero conecta debates actuales sobre mujeres, identidades trans, deseo y poder con genealogías que habían quedado ocultas bajo una historiografía patriarcal.
Autobiografía, memoria y primeras personas que dialogan con la historia
Otro bloque que pesa mucho en las selecciones de 2025 es el de libros en primera persona, a medio camino entre autobiografía, diario íntimo y crónica histórica. Se aprecia un interés claro por aquellas obras donde lo privado sirve para iluminar procesos colectivos.
Entre los rescates, los tres volúmenes de Manuel Chaves Nogales. Diarios de la Segunda Guerra Mundial. Inéditos (1939-1944) (El Paso) permiten leer la mirada de uno de los grandes cronistas españoles sobre el conflicto que redefinió el siglo XX. Desde París y Londres, Chaves Nogales retrata la vida de la gente común en mitad de los bombardeos, el ascenso de los totalitarismos y la diplomacia errática de las potencias democráticas.
En la misma línea de testimonio íntimo vinculado a la gran historia, El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodínov (Impedimenta), se ha convertido en uno de los libros más citados. El autor búlgaro, conocido por Refugio del tiempo, rememora los meses en que vio apagarse la vida de su padre y enlaza esa experiencia con la memoria de la infancia, el cuidado y las formas en que el lenguaje intenta sostener lo que se deshace. El libro aparece tanto en listas de narrativa como en apartados de “primera persona”, prueba de su carácter híbrido.
Fuera del ámbito hispánico, Autobiografía de un rostro, de Lucy Grealy (Pepitas de calabaza), ha llamado la atención de los medios que han querido rescatar clásicos recientes que dialogan con debates actuales sobre cuerpo, belleza y vulnerabilidad. Grealy cuenta cómo un cáncer óseo infantil le desfiguró la cara y cómo tuvo que aprender a vivir bajo la doble presión de la enfermedad y del culto contemporáneo a la imagen perfecta. El libro, escrito con lucidez y sin victimismo, se lee hoy como un texto fundamental sobre identidad y mirada ajena.
En el terreno de las memorias ligadas al mundo del libro, Personaje secundario, de Enrique Murillo (Trama), ofrece una radiografía desde dentro de la edición española de las últimas décadas. Editor, traductor y periodista cultural, Murillo repasa sus años en sellos como Anagrama, Planeta o Alfaguara y describe las luces y sombras de un sector donde el prestigio intelectual convive con la precariedad laboral y las batallas comerciales.
Libros para entender el presente: Gaza, Palestina y la política de la mirada
El conflicto en Oriente Medio y, en concreto, la devastación de Gaza, ha generado una oleada de títulos que intentan aportar contexto y puntos de vista no hegemónicos. Las listas incorporan tanto trabajos de periodistas veteranos como ensayos escritos desde dentro de la propia comunidad palestina.
Entre los primeros, Historias de Gaza, de Mikel Ayestaran (Península), combina un repaso histórico de la franja con la crónica personal de dos décadas de viajes del autor por Oriente Medio. El reportero vasco alterna escenas de su trabajo sobre el terreno con testimonios de habitantes de Gaza y reflexiones sobre cómo han cambiado la cobertura mediática y la percepción internacional del conflicto.
Más combativo en el tono, Víctimas perfectas y la política del encanto, de Mohamed el‑Kurd (Capitán Swing), se sitúa en la intersección entre ensayo político y memoria personal. El periodista palestino, que ha vivido bajo ocupación israelí, cuestiona el modo en que los medios occidentales construyen la narrativa sobre Palestina y denuncia la exigencia implícita de que las víctimas se comporten de una manera “aceptable” para merecer empatía. El libro se ha destacado por su capacidad de incomodar y de desplazar el foco del mero recuento de hechos a la crítica del marco desde el que se cuentan.
Recomendaciones para regalar: thrillers, sagas familiares y rescates literarios
No todas las listas nacen en suplementos culturales especializados: las secciones de ocio y estilo de vida han elaborado también sus propios catálogos de “novelas para regalar”. Ahí conviven thrillers adictivos con sagas familiares y clásicos contemporáneos que vuelven a circular gracias a nuevas ediciones o a la presión de las redes sociales. Muchas guías de compra incluyen propuestas de novelas para regalar entre sus selecciones.
Entre las apuestas de novela negra, se mencionan títulos como No mientas, de Arturo del Burgo (Newton Compton), ambientado en el País Vasco, donde un asesino decide castigar las infidelidades de forma extremadamente violenta. Es el tipo de libro que los prescriptores recomiendan a lectores que devoran suspense y buscan giros constantes sin renunciar a un cierto anclaje local.
Para quienes prefieren historias más largas y envolventes, varias guías coinciden en Un poco de suerte, de Jane Smiley (Sexto Piso), primera entrega de una trilogía que recorre el siglo XX a través de la familia Langdon, granjeros de Iowa. La autora, ganadora del Pulitzer por Heredarás la tierra, combina aquí la crónica íntima con los grandes acontecimientos históricos —la Gran Depresión, las guerras mundiales— y construye personajes cuya evolución se sigue con la familiaridad de quien acompaña a amigos de toda la vida.
En el apartado de rescates, reaparecen libros como Amor sin fin, de Scott Spencer (Muñeca Infinita), publicado originalmente en 1979. La novela, que narra la pasión desbordada y obsesiva de un adolescente por una chica de clase alta, se ha convertido en recomendación habitual para lectoras interesadas en clásicos contemporáneos sobre amor juvenil llevado al límite. Críticos y blogueros coinciden en que, pese a su fecha de publicación, mantiene una fuerza emocional notable.
Entre las novedades más recientes, El sueño del jaguar, de Miguel Bonnefoy (Libros del Asteroide), ha conquistado a quienes buscan sagas familiares de corte lírico y sensorial. La novela sigue a varias generaciones marcadas por un país en transformación, con especial atención a los personajes que se resisten a aceptar el destino aparentemente fijado por su origen. La prosa de Bonnefoy, a medio camino entre la tradición latinoamericana y cierta contención francesa, se menciona a menudo como uno de sus principales atractivos.
Fotografía, cómic y poesía: otros territorios que también cuentan
Las listas más especializadas han querido subrayar que la conversación sobre “los mejores libros” no debería limitarse a la narrativa y el ensayo textual. El fotolibro, la novela gráfica y la poesía han aportado obras de alto nivel que, aunque menos visibles en el circuito generalista, merecen ser tenidas en cuenta.
En fotografía, nombres como Ricardo Cases o Txema Salvans aparecen repetidamente. El primero ha publicado Catálogo, un libro en el que documenta, casi a modo de autopsia, la destrucción de su biblioteca y archivo personal tras un episodio de lluvias torrenciales en Valencia. Páginas empapadas, cubiertas de barro y rescates parciales se convierten en una meditación visual sobre la pérdida y la memoria. Salvans, por su parte, en Sunday Morning, registra durante más de una década el aparcamiento de un hipermercado en El Prat de Llobregat, delicado estudio de cómo lo banal y lo imprevisible conviven en los no‑lugares de la periferia urbana.
En el ámbito de la novela gráfica, figuran recomendaciones como El disturbio eterno, de Joe Sacco (Reservoir Books), donde el periodista y dibujante retoma su exploración de la violencia política en distintos puntos del planeta, o títulos que se han colado en las listas generales de mejores lecturas: Hotel Abuel, de Marta Altieri, Bajo los árboles, donde nadie te ve, de Patrick Horvath, o El rey medusa, de Brecht Evens, todos ellos ya presentes también en selecciones centradas en narrativa.
En poesía, varios críticos han señalado compilaciones como Entre las criaturas y las cosas. Poesía reunida (1984‑2024), de Juan Antonio González Iglesias (Visor), que reúne diez libros donde el humanismo y el amor se despliegan en clave clásica, o volúmenes más experimentales como Escenas de lenguaje, de María Negroni (Kriller71), que indaga en ese territorio fronterizo entre lo visible y lo que solo puede nombrarse.
El panorama que dibujan todas estas selecciones es el de un año lector especialmente denso y variado, en el que conviven grandes nombres consagrados, rescates necesarios y debuts sorprendentes. Quien busque los “mejores libros” de 2025 no encontrará una lista única ni definitiva, pero sí un ramillete de obras que dialogan entre sí y ayudan a entender mejor tanto nuestro pasado reciente como las preguntas urgentes del presente, desde España y Europa hacia el resto del mundo, y remiten al canon de Babelia.