Lolita, de Nabokov. Frases de su clásico para este Viernes de Dolores.

Es Viernes de Dolores. Primera operación salida de vacaciones de Semana Santa y onomástica de las Dolores que en el mundo somos, por mucho que se empeñaran hace años en cambiarnos la fecha al 15 de septiembre. Para quienes somos de la vieja escuela y con muchas Lolas en la familia seguimos celebrándolo hoy.

Y mi regalito para este día inicial de procesiones y torrijas es un repaso por Lolita, la más literaria y famosa salida de la pluma del escritor nacido ruso y nacionalizado norteamericano Vladimir Nabokov. Ahí va un breve análisis con una selección de frases.

Sobre Lolita

Publicada por primera vez en 1955, Lolita es considerada por muchos críticos como una obra maestra de la literatura universal contemporánea y un clásico moderno. En su día​ fue rechazada por cuatro editoriales, al ser catalogada como pornográfica. Fue The Olympia Press, una pequeña editorial de París especializada en obras eróticas, la que se atrevió a publicarla. Tres años después apareció en Estados Unidos.

Enseguida levantó una polvareda de escándalo, polémica y controversia, además de acusaciones por desafiar tabúes y mostrar sin tapujos los deseos más inconfesables y oscuros de la sociedad. Su popularidad se hizo aún mayor cuando Stanley Kubrick la llevó al cine en 1962 con guion del propio Nabokov. La protagonizaron James Mason, Shelley Winters, Peter Sellers y Sue Lyon. Posteriormente ha habido más versiones pero esta es la más recordada.

Así que tenemos una obra con diferentes prismas de lectura que van desde el relato romántico y erótico hasta el retrato de una sociedad bastante autocomplaciente. Y por supuesto, en estos nuevos tiempos de inquisición, censura literarias, arrobas y equis para géneros gramaticales y tanta corrección política, ya la han puesto en el punto de mira. La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la jovencísima Lolita no deja indiferente a nadie.

 Algunas de sus frases

  • Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba de pie, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita.
  • Era amor a primera vista, a última vista, a cualquier vista.
  • Y allí está ella, perdida entre todos, royendo un lápiz, detestada por los maestros, con los ojos de todos los muchachos fijos en su pelo y en su cuello, mi Lolita.
  • Por entonces yo estaba en un estado de excitación que lindaba con la locura; pero al propio tiempo tenía la astucia de un loco.
  • Pienso que todo es una cuestión de amor; cuanto más amas a un recuerdo, más fuerte y extraño es.
  • Ya todo estaba listo. Los nervios del placer estaban al descubierto. El menor placer bastaría para poner en libertad todo paraíso.
  • De repente estábamos locamente, torpemente, desvergonzadamente, agónicamente enamorados el uno del otro…
  • Oh, Lolita, tú eres mi niña, así como Virginia fue la de Poe y Beatriz la de Dante.
  • La miré y miré, y supe con tanta certeza como que me he de morir, que la amaba más que a nada imaginado o visto en la tierra.
  • Imagíname: no puedo existir si no me imaginas.
  • Nos amamos con un amor prematuro, con la violencia que a menudo destruye vidas adultas.
  • Allí, en la muelle arena, a pocos metros de nuestros mayores, nos quedábamos tendidos la mañana entera, en un petrificado paroxismo, y aprovechábamos cada bendita grieta abierta en el espacio y el tiempo; su mano, medio oculta en la arena, se deslizaba hacia mí, sus bellos dedos morenos se acercaban cada vez más, como en sueños;
  • Ella gritó con una súbita nota chillona en la voz, y agitó el cuerpo, y se contorsionó, y echó atrás la cabeza, y mi boca quejosa, señores del jurado, llegó casi hasta su cuello desnudo, mientras sofocaba contra su pecho izquierdo el último latido del éxtasis más prolongado que haya conocido nunca hombre o monstruo.
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