La literatura como manifestación cultural, trasciende género, raza, edad y posición social.
En los últimos años se escucha en diferentes foros la etiqueta literatura femenina, sin que en ningún lugar encontremos una definición o un concepto que nos indique a qué se refieren. Lo que sí es cierto es que ha dado lugar a numerosas preguntas en entrevistas a escritoras, a artículos enteros de opinión y a muchas discusiones.
Este artículo es un intento de entender a qué se refiere esta etiqueta y agrupar las consecuencias de esta clasficiación.
En un primer momento, podemos pensar que la literatura femenina es aquella que está dirigida a las mujeres. Bien es cierto las mujeres, en este momento, son las grandes compradoras de libros y las grandes prescriptoras de lectura: la mujer compra para leer, para regalar y para los hijos. Esto significa que dirigir las campañas de marketing literario a las mujeres, vende más porque las mujeres compran más. Esto hace que incluso se busque portadas que sean especialmente atractivas para las mujeres.
¿Significa que la literatura es una manifestación cultural femenina? Claro que no, lo que realmente significa es que el marketing literario y de cualquier otro producto se dirige al grupo de compradores más grande porque es dónde se maximiza la inversión en publicidad.
Podemos pensar que literatura femenina es aquella que leen mayoritariamente las mujeres.
Tradicionalmente hay libros que gustan más a las mujeres y otros más a los hombres. Es un hecho. Esto supondría que los libros que mayoritariamente son leídos por mujeres son femeninos y los tradicionalmente leídos por hombres son masculinos, pero en cambio no se habla de Literatura Masculina, por lo que entendemos que la etiqueta Femenina no se refiere a esto porque los gustos no son excluyentes, las mayorías no clasifican y la unanimidad en gustos no existe.
La misma situación ocurriría con los deportes; o con el cine, pero, si bien existe el tópico de que a las mujeres les gustan las comedias románticas y a los hombres las películas de acción, nunca escuchamos la etiqueta de película femenina. ¿Por qué? Volvemos a un tema de marketing: la lectura es un acto solitario, el cine en cambio es social. Al cine vamos en pareja, en familia o con amigos, como regla general. Como clasificar es excluir, a ningún productor le interesa que su película se clasifique como masculina o como femenina. Y hemos vuelto al tema del marketing.
¿Son las obras escritas por mujeres femeninas y las escritas por hombres masculinas? Está claro que el argumento se cae por su propio peso, pero no por ello debemos dejar de valorarlo.
Por reducción al absurdo, podría aplicarse el mismo argumento a la escritura según la raza del autor o según su orientación sexual, ¿alguien se imagina diciendo que Lorca escribía literatura gay? Y, ¿Qué pasaría con tantos libros escritos con pseudónimo? ¿Todos los adolescentes enganchados a Harry Potter están leyendo literatura femenina?
Claramente no es a esto a lo que se refiere la etiqueta.
Al igual que la opción anterior, esta clasificación nos llevaría a conclusiones tan extrañas como que Mujercitas, Luise May Ascott, es literatura femenina o que Mark Twain escribió literatura masculina cuando creó a Tom Sawyer o Huckelberry Finn, o que Günter Grass hizo literatura infantil con El Tambor de Hojalata porque el protagonista era un niño.
La literatura es una manifestación cultural de disfrute individual.
He encontrado posturas que defienden que la literatura femenina es aquella en la que se tratan temas, a sus ojos, femeninos, como la maternidad, los abortos, la infertilidad, los abusos, la lucha por conseguir un hueco en el mundo de los negocios o de la política político. La clasificación de estos temas como femeninos requeriría más que un artículo un ensayo antropológico. Son temas sociales y humanos. La sociedad evoluciona y los temas se enriquecen. Hasta ahora estas vivencias han sido residuales en la literatura, o al menos en la alta literatura, cuando son vivencias enraizadas en lo más profundo del ser humano, como también lo estuvo durante siglos, por ejemplo, la discriminación racial. La literatura es un reflejo de las preocupaciones sociales del momento. Estos temas, lejos de tener género, provocan emociones universales, comunes a hombres y a mujeres, que llegan a la literatura de forma masiva con cierto retardo a la vez que aparecen nuevos temas como los aportados por los millenials, por ejemplo, que enriquecen y revitalizan la literatura. Continuando con el ejemplo del cine, clasificar estos temas como femeninos, haría clasificar de femenina la mayor parte de la filmografía de Almodóvar que desarrolla emociones muy poco manidas acerca de la maternidad.
Llegados a este punto, no puedo más que concluir que la literatura, al igual que el resto de la cultura, es universal, que no tiene género, por más que el gusto por etiquetar nos lleve a clasificaciones confusas, que para unos no tienen sentido y que los que lo encuentran no se ponen de acuerdo en lo que significan.
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