Libros similares a Un mundo feliz: distopías clásicas de ciencia ficción

Libros similares a Un mundo feliz: distopías clásicas de ciencia ficción

Libros similares a Un mundo feliz: distopías clásicas de ciencia ficción

Cuando se trata de hablar sobre ciencia ficción distópica, Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley, es referente obligado. El autor tenía 38 años cuando publicó el texto en Reino Unido con el respaldo de Chatto & Windus. La carrera de Huxley ya era notoria en el panorama literario gracias a Contrapunto (1928), donde destacaba su estilo rebelde y su tajante manera de hacer crítica social. Un mundo feliz, nos trae a la palestra un futuro distópico en el que la ingeniería genética, el control total de las masas y la manipulación mental son la regla.

John, “el Salvaje”, Lenina Crowne y Bernard Marx —quienes protagonizan la historia— encarnan desde sus trincheras las diferentes maneras de confrontar a este sistema totalitario que no se place en el concepto del “individuo” y que busca acabar con cualquier atisbo de singularidad. Por su crudeza al momento de abarcar tópicos políticos y de índole sexual, el texto fue prohibido en varios países. Hoy por hoy, son muchos los títulos que han bebido de esta narrativa —que cuestiona y expone, que no calla ante la opresión—, y aquí traemos algunos de ellos.

Hablemos un poco más de Un mundo feliz, de Aldous Huxley

Primero, es necesario acotar que el calendario de esta ficción es muy particular: los años se cuentan luego del nacimiento de Henry Ford. Esto, pues, el personaje fue idealizado. Ahora sí, en el 632 d. F., el mundo es dominado por un gobierno totalitario que establece el comportamiento a seguir y usa la ingeniería genética para controlar la natalidad.

En este contexto, no encontramos con Bernard Marx, considerado un “alfa defectuoso” —es más bajo que la media, por eso no es idóneo según los estándares—. Por su condición, y la notable discriminación, se siente un paria y cuestiona al sistema que considera culpable de erradicar el amor, promover la promiscuidad y querer manipularlo todo.

Marx conoce a Lenina Crowne —una espécimen perfecta según el sistema—, se siente atraído por ella, y, yendo contra los estereotipos y con nulas probabilidad de suerte en ser aceptado, le propone viajar a una reserva natural. Ella acepta. Al llegar al sitio —el cual contrasta totalmente con el mundo sintético en el que viven—, conocen a John, un humano que creció fuera del Estado controlador. El encuentro con este personaje —humanista criado fuera del régimen— da paso al conflicto principal de la trama: ¿qué realmente es la felicidad?, ¿estar dentro del sistema y sus mieles controladas o ser libre y auténtico?

En contraposición a los personajes ya mencionados, tenemos a la figura de Mustafá Mond. Él es parte del sistema, un controlador de la élite que considera que sí es necesario reprimir si realmente se requiere mantener el orden mundial. Toda anarquía y todo pensamiento independiente, según Mond, deben ser erradicados si lo que se desea es persistir en paz como especie.

¿Vale la pena existir en “paz” sin esencia?

El planteamiento de Un mundo feliz es contradictorio a lo sumo. Si bien, uno de los nortes de toda sociedad es erradicar el hambre, lograr la igualdad y acabar con las guerras, ¿seríamos capaces de sacrificar nuestra individualidad para lograrlo?, ¿no hay forma de obtener dicha premisa sin someter a un control tan extremo a la sociedad? Huxley, notablemente adelantado a su tiempo, cuestiona que la ciencia pueda ser usada para someter a la humanidad en busca de un bien “mayor”, puesto que en el proceso se despoja de su esencia al ser.

El autor, entre las líneas discursivas, plantea que de nada sirve la paz y todas las utopías soñadas si lo que nos hace humanos no está presente, si se coartan todas las libertades individuales, superponer la a la masa por encima del sujeto. Al leer Un mundo feliz es imposible no cuestionar qué tanto puede sacrificarse para alcanzar lo que se anhela como sociedad.

Fragmentos de Un mundo feliz

  • «Un estado totalitario verdaderamente eficiente sería aquel en el que el todopoderoso ejecutivo de los jefes políticos y su ejército de administradores controlen a una población de esclavos que no tienen que ser coaccionados, porque aman su servidumbre».

  • «Una de las principales funciones de un amigo es sufrir (de forma más leve y simbólica) los castigos que quisiéramos, pero no podemos, infligir a nuestros enemigos».

Libros similares a Un mundo feliz: distopías clásicas de ciencia ficción

1984, de George Orwell (1949)

Sin duda alguna, 1984 es una de las ditopías clásicas de ciencia ficción por excelencia. ¿Quién no ha leído sobre el Gran Hermano y el Partido totalitario?, muy seguramente, un considerable porcentaje de los que se consideran lectores asiduos. Y es que, así como sucede con Un mundo feliz, son muchas las obras que beben de esta creación de Orwell.

En este universo, Winston Smith se planta como un ente entrópico, un cuestionador, un generador de cambios: lo que el sistema no desea ni quiere. En su búsqueda de quiebre del estereotipo de manipulación y sometimiento implantado, abre un espacio en su corazón para Julia —algo prohibido por el régimen—. El culmen es trágico, por decir menos, tanto para el protagonista como para la masa subyugada al no sentir, no pensar.

Fragmentos de 1984

  • «El poder no es un medio; es un fin. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer la dictadura. El objetivo de… La persecución es persecución. El objeto de la tortura es tortura. El objeto del poder es poder. Ahora empiezas a entenderme».

  • «Ser parte de una minoría, incluso de una sola persona, no te volvía loco. Había verdad y mentira, y si te aferrabas a la verdad incluso contra todo el mundo, no estabas loco».

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury (1953)

Acaba con los libros y darás fin a la cultura, a la memoria de una civilización, su identidad, su historia, la execrarás del planeta. Esto es, en términos generales, el planteamiento de Bradbury en este texto. Guy Montag es uno de los hombres a los que se le ha designado cumplir tan macabro plan. Él lleva a cabo su labor al pie de la letra sin chistar, hasta que aparece Clarisse —un personaje antisistema— y pone en jaque sus creencias y deberes.

Tras ese encuentro, se da el necesario quiebre que da paso al héroe, ese mismo que pasa a ser un luchador por la preservación del pensamiento y la unicidad dentro de la colectividad. También es un llamado al rechazo a la superficialidad que de a poco ha estado invadiendo los diversos espacios, y que hoy por hoy, con el auge de las redes, impera más que nunca.

Fragmentos de Fahrenheit 451

  • «“Todos debemos dejar algo al morir”, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, una pintura, una casa, un muro construido, un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocó de alguna manera para que tu alma tenga un lugar adónde ir cuando mueras, y cuando la gente mire ese árbol o esa flor que plantaste, ahí estás».

  • «No necesitamos que nos dejen solos. Necesitamos que nos molesten de verdad de vez en cuando. ¿Cuánto hace que no te preocupas de verdad? ¿Por algo importante, por algo real?».

La naranja mecánica, de Anthony Burgess (1962)

Es muy probable que muchos vieran primero la película de Kubrick antes de leer el libro. Y no, no deben sentirse culpables por eso, es una buena manera de llegar a otro clásico literario de culto.

Tras la presentación de la desadaptada y violenta figura de Alex —el delincuente por excelencia—, Burgess introduce el concepto de la «reeducación». Esto es, en resumidas cuentas, un conjunto de torturas implementadas por el estado a los transgresores y que busca la eliminación del «yo problemático» dentro de la mente del anárquico. El libro pone en tela de juicio el poder del Estado sobre el individuo y los límites de la «rehabilitación» en pro de la paz de la comunidad.

Fragmentos de La naranja mecánica

  • «Lo importante es la elección moral. El mal debe coexistir con el bien para que la elección moral pueda operar. La vida se sustenta en la oposición constante de las entidades morales».

  • «A la mañana siguiente me desperté a las ocho, mis hermanos, y como todavía me sentía agotado, maltratado, azotado y golpeado, y mis ojos estaban pegados de forma horrible con cola para dormir, pensé que no iría a la escuela».

El cuento de la criada, de Margaret Atwood (1985)

En su obra —con firme base en las teocracias reales—, Margaret Atwood dio vida a la República de Gilead, un lugar en el que se esclaviza a las mujeres genéticamente óptimas y fértiles para que le den descendencia a los altos mandos y a la élite en el poder. En esta cruda distopía, se muestra la historia de una sirvienta que anhela liberarse del yugo, dejar de ser un simple recipiente de la semilla gobernante. Su nombre es Defred, y su deseo da un vuelco significativo a la trama.

Fragmentos de El cuento de la criada

  • «Pero ¿quién puede recordar el dolor una vez que ha pasado? Solo queda una sombra, ni siquiera en la mente, sino en la carne. El dolor te marca, pero es demasiado profundo para verlo. Ojos que no ven, corazón que no siente».

  • «Éramos las personas que no salíamos en los periódicos. Vivíamos en los espacios en blanco de los márgenes de la letra impresa. Nos daba más libertad. Vivíamos en los huecos entre las historias».