La Sra. Dalloway

La señora Dalloway.

La señora Dalloway.

La Sra. Dalloway de Virginia Woolf representa la máxima expresión británica del periodo entreguerras. Fue publicada en 1925 y ambientado en esos mismos días. Cuando en las calles y en las casas seguían abiertas las heridas sangrantes dejadas por La Gran Guerra. En ese momento nadie en la capital inglesa anticipaba el inicio de otro conflicto armado de implicaciones globales.

Más allá de los horrores, la alta sociedad londinense seguía sin prestar demasiada atención a esa realidad ajena a su entorno de lujos y comodidades. Por ende, en el texto de esta obra contiene una crítica contundente a esta manera tan frívola de ver al mundo.

Retrato al Londres de la postguerra, “condimentado” con datos biográficos

Virginia Woolf se ganó a pulso el que su nombre aparezca en la lista de los escritores universales. Es referencia obligada dentro de la vanguardia y el modernismo anglosajón. Entre otras cosas, destacó por su facilidad para llenar de versos y poesías muchos de sus relatos cargados de referencias reales.

La Sra. Dalloway supuso la creación más importante de su carrera en las letras. Los críticos empezaron a tomarla en serio gracias a un estilo original, difícil de imitar. Por otra parte, uno de los rasgos definitorios de esta obra, así como de las “formas” de su autora: hablar de muchas cosas, sin que (dentro del relato) pase nada.

Historia de un día

Una de las particularidades del texto es su argumento, pues tiene lugar en un solo día. Si bien en su desarrollo abundan los saltos temporales, estos solo acontecen al interior de los caracteres. Esto destaca una característica inherente a La Sra. Dalloway y de un aspecto con mucho peso específico en el discurso: el intimismo.

A diferencia de la mayoría de las novelas con esta peculiaridad, los lectores no solo tienen acceso a los pensamientos de los protagonistas y sus antagonistas. Todos los personajes que desfilan dentro de la trama gozan de su momento de introspección. Un análisis “en directo” de cómo ven el mundo y qué esperan de los demás. En muchos casos, justificando el porqué de sus acciones.

Breve resumen de la trama

“Un día en la vida de la Sra. Clarissa Dalloway”, sería, sin lugar a duda, una manera bastante simplista de resumir el argumento de esta novela. Durante la jornada en cuestión —en medio del cálido verano londinense— esta dama con acceso a las altas esferas del poder decide llevar a cabo una fiesta.

Virginia Woolf.

Virginia Woolf.

El objetivo: mantener una fachada

La reunión organizada por la Sra. Dalloway es un homenaje a su esposo, un diputado conservador muy bien ubicado. Ella no es feliz con él, por consiguiente, no le tiene afecto. Pero ese no es el punto, lo importante es el estatus que le otorga. Todos los presentes en el agasajo meditan sobre múltiples temas; las diatribas, banales o existencialistas, no incluyen únicamente a los invitados.

La verdadera figura de contrapeso la ejerce Septimus Warren Smith. Un veterano de guerra que la “heroína” de la historia no conoce, de cuya vida y muerte se entera gracias a los comentarios de los asistentes a la celebración. Precisamente Septimus guarda mucho de los datos autobiográficos con los que Woolf condimentó su obra.

Un relato sobre lo inocuo de la vida y la valentía de la muerte

Septimus Warren Smith era un maníaco depresivo, aficionado de escuchar a las aves, cantar en griego y que terminó con su vida lanzándose por una ventana. No es un detalle menor; para el momento de la publicación, la escritora ya había tenido una tentativa de suicido siguiendo este mismo método.

Estos no son los únicos rasgos en común de la autora con sus personajes. Discusiones en torno al feminismo y la bisexualidad también forman parte de la trama. Del mismo modo, el libro aborda los prejuicios de la sociedad con respecto a las enfermedades mentales (y cómo se juzga a los “locos”).

Una obra con fuerte contenido social

Lo más destacado en medio del amplio abanico de temas tratados en La Sra. Dalloway es la crítica expresada hacia la sociedad londinense. Las apariencias, el estatus social, el poder y las ansias que despierta. Dentro de la ficción, estas ideas son los motores del mundo.

El colonialismo es otro de los conceptos explayados por la autora con su respectiva cuota de análisis (y que termina vapuleado). Sin embargo, para plasmar pensamientos tan radicales para la época Woolf utilizó un alegato “entre líneas”. En donde las acciones y las expresiones de los personajes están completamente justificadas.

El estilo Woolf

No es un libro fácil. Carece de cualquier intención evasiva o de brindar a los lectores una solución ligera. Entre quienes no dominan el inglés, de acuerdo a la traducción a la que tengan acceso, los problemas para seguir la historia pudieran ser todavía mayores. Una situación harto complicada debido al uso inadecuado de los signos de puntuación realizados por algunos traductores confundidos.

Más allá de las comas y los puntos, Woolf deliberadamente rompe con “el deber ser”. El foco de la narración pasa de un personaje a otro, sin “previo anuncio” de esta transferencia. En ocasiones el relato “muta” de la primera a la tercera persona de un párrafo a otro de manera directa. Sin trucos o adornos.

Un capítulo único

Frase de Virginia Woolf.

Frase de Virginia Woolf.

Para complicar todavía más: la falta de delimitaciones o segmentos en el texto. Es decir, la autora —deliberadamente— prescinde de la estructura tradicional por capítulos. En consecuencia, las poco más de 300 páginas abarcadas por la narración, carecen de “divisiones estructurales”.

¿Un libro en el que no pasa nada?

Por lo general, la trama de una historia de ficción es empujada por la fuerza ejercida por un protagonista en pos de conseguir un objetivo. Del mismo modo, el hilo argumentativo es llevado por la oposición del antagonista, quien se esfuerza en contravenir las iniciativas o sentimientos del personaje principal. En La Sra. Dalloway no hay nada de esto.

La historia avanza porque las horas transcurren. Y los personajes viajan al pasado mientras “viven” un sin número de situaciones. Pero todo está dentro de sus cabezas, en sus recuerdos, en su conciencia. Los puntos de inflexión —aunque no son evidentes, sí los hay— se resuelven a través de monólogos internos. A esta modalidad de relato se le denomina narrativa de flujo de conciencia.

Lectura imprescindible

Leer La Sra. Dalloway requiere tiempo. Apartar un espacio en la agenda para navegar entre sus densas aguas sin apuros, con paciencia, sin distracciones. Es un libro indispensable para todo escritor o para quienes aspiran a conseguir este título. Antes de iniciar la aventura se debe estar preparado para retroceder siempre que sea necesario. Perderse es fácil, pero llegar al final bien vale la pena.

Para quienes se definen a sí mismos como “lectores versados” (o con cualquier término similar), representa una verdadera prueba de comprensión. También es un libro que se debe recibir sin presiones. Cuando llegue el momento adecuado, se disfruta. Y en caso contrario, siempre existirá la libertad de odiarlo.


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