La poesía atraviesa uno de esos momentos en los que parece que todo el mundo quiere verse con ella. Da igual que sea en un auditorio, en una biblioteca o directamente en la calle; lo cierto es que el género ha dejado de ser un reducto para eruditos y se ha convertido en un imán para públicos de todas las edades. Estas semanas, las citas se amontonan: premios de prestigio, recitales improvisados, talleres que exploran los límites del verso y nuevas voces que publican sus primeras obras. Y nadie quiere quedarse fuera.
En este ir y venir de actividades, hay un hilo común: la intención de acercar la poesía a la gente, de sacarla de los libros para ponerla en la plaza, en la radio o en un escenario con un violín de fondo. Las instituciones, los colectivos y los propios poetas se han propuesto demostrar que el verso sigue siendo una herramienta para pensar, emocionar y, sobre todo, para compartir.
Un galardón que sabe a Lorca
El broche de oro lo puso Jaime Siles en Granada. El poeta valenciano recibió el XII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada-Federico García Lorca, un reconocimiento que ya tiene nombre propio entre las letras hispanas. La entrega se celebró el pasado jueves en la Huerta de San Vicente, y sirvió para recordar que la obra de Siles lleva años mirando de tú a tú a los grandes, con una escritura que el jurado definió como «profunda» y capaz de expresar «las inquietudes más hondas del ser humano».
El propio poeta, emocionado, no dudó en agradecer a la ciudad y al jurado un premio que, según dijo, «lleva el nombre de Federico». Y es que, aunque hay diferencias de lenguaje y de época, la conexión con Federico García Lorca es evidente: ambos convierten la palabra en un instrumento de conocimiento, ya sea desde la música o desde la reflexión más pura. Con este galardón, Siles se suma a una lista de ganadores que incluye a figuras como Ángel González, Ida Vitale o Luis Alberto de Cuenca, un auténtico paseo por la mejor poesía del último medio siglo.
El verso se sale a la calle
Mientras tanto, las ciudades se llenan de actividades. En Guadalajara, el Ágora de Poesía ha vuelto a reunir a más de un centenar de personas a los pies del Torreón de Álvar Fáñez. La cita, que arrancó el curso con una veintena de recitantes, combina voces veteranas y noveles, y se ha convertido en una cita obligada para los amantes de la palabra. El concejal de Cultura, Javier Toquero, lo resumía a la perfección: «La cultura, en la calle, gratuita y accesible». Ahí es nada.
Quienes prefieran algo más experimental tienen una cita en la Biblioteca Municipal «Juan Pablo Forner» de Mérida. El Taller de Poesía Experimental abre sus puertas con una primera sesión a cargo de Jesús Alonso Ovejero, un creador que lleva décadas jugando con el verso y la imagen. La propuesta es un viaje por las posibilidades de la palabra más allá del papel, y promete sesiones de lo más sorprendentes.
Y si el agua es el tema, l’Alfàs del Pi lo tiene claro: el recital ‘Mientras haya agua’ fusiona la poesía con el violín para contar el viaje de una gota desde el glaciar hasta el grifo. Una manera distinta de hablar de algo tan cotidiano como el agua, y que ya tiene a la organización encantada con la acogida.
Bécquer, el eterno regreso
Hablando de clásicos, Gustavo Adolfo Bécquer sigue siendo un imán. En Sevilla, la Fundación Cajasol ha presentado el Club de Poesía dedicado al poeta romántico, un ciclo que durante un mes reunirá propuestas literarias, musicales y escénicas en torno a su figura. Y es que, aunque pasen los siglos, el autor de las ‘Rimas’ sigue despertando pasiones, como demuestra que su obra se siga leyendo, y mucho, en las aulas y en las sobremesas.
Nuevas voces con cosas que decir
En el apartado de publicaciones, Teresa Floro ha conseguido que su primer poemario, ‘Secretos empolvados’, vaya por la segunda edición. La periodista malagueña defiende una poesía «por capas», donde el erotismo y la contención conviven para hablar del deseo y sus contradicciones. Su labor al frente del Grupo Poético de Estepona también está dando que hablar, y no es para menos.
Y en El Toboso, José Martínez Jiménez ha presentado dos libros que son un guiño a Cervantes y a la música: ‘Retablillo de don Quijote’ y ‘Arde, sonatas y sonetos’. El primero recrea escenas del Quijote en versos clásicos; el segundo, más íntimo, explora la relación entre la poesía y la música. Dos propuestas que, como dice su autor, invitan a «saborear la palabra».
En definitiva, la poesía española está viva. Las instituciones se esfuerzan, los poetas escriben y el público responde. Mientras haya versos que contar, habrá alguien dispuesto a escucharlos. Como cantaría Serrat, andando se hace el camino, y aquí el camino lo trazan quienes no se resignan a que la poesía sea solo cosa de librerías.
