La nueva adaptación sonora de «Caperucita en Manhattan» llega a la SER

  • La Cadena SER convierte "Caperucita en Manhattan" en su Cuento de Navidad con una versión radiofónica escrita por Esther García Llovet.
  • Un reparto de primeras figuras encabezado por Blanca Portillo, Luis Callejo y Nicole Béjar da vida a esta ficción sonora en tiempo casi real.
  • La adaptación actualiza el clásico de Carmen Martín Gaite para hablar de libertad, tecnología, redes sociales y migraciones en el Manhattan contemporáneo.
  • El estreno será el 25 de diciembre a las 12:00 en la antena de la SER, con reemisión el 6 de enero y disponibilidad posterior en SER Podcast.

Adaptación de Caperucita en Manhattan

La Cadena SER recupera «Caperucita en Manhattan» como gran relato navideño y la transforma en una ficción sonora de largo formato que se escuchará en toda España estas fiestas. La novela de Carmen Martín Gaite, convertida ya en un clásico contemporáneo, sirve de base para el tradicional Cuento de Navidad de la SER, un espacio que desde hace años combina literatura, interpretación y diseño sonoro.

Esta vez, la emisora apuesta por una reinterpretación radiofónica firmada por la escritora Esther García Llovet, que traslada el universo del libro a un plano secuencia sonoro pensado para que el oyente lo escuche del tirón, preferiblemente con cascos y sin interrupciones. El estreno está previsto para el 25 de diciembre a las 12:00 horas en antena, con una reemisión especial el 6 de enero a las 18:00 horas y posterior disponibilidad en SER Podcast y en las principales plataformas de audio.

El Cuento de Navidad de la SER: tradición radiofónica y homenaje a Martín Gaite

Desde 2013, el Cuento de Navidad se ha consolidado como una de las citas fijas de la programación navideña de la Cadena SER en España. Cada año se escoge un texto literario de referencia para convertirlo en una ficción sonora que acerque grandes historias a nuevas generaciones de oyentes, mezclando voces reconocidas, guion original y un trabajo técnico muy cuidado.

En esta edición, la cadena aprovecha el centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite para rendirle tributo con una historia que sigue dialogando con el presente. «Caperucita en Manhattan», publicada en los años ochenta, se ha mantenido viva por su frescura y por la forma en que reformula el cuento tradicional a través de la figura de Sara Allen, una niña curiosa y valiente que explora la ciudad de Nueva York.

Sira Fernández, directora de programas de la SER, subraya que el Cuento de Navidad es uno de los proyectos en los que más se vuelca la emisora, tanto por el tiempo de preparación como por la implicación de los equipos creativos. Explica que la elección de esta obra responde al deseo de reivindicar la vigencia de Martín Gaite y de rescatar un texto que, pese al tiempo transcurrido, sigue lleno de matices sobre cómo se construye la libertad y la identidad en un mundo complejo.

La propia Fernández incide en que esta propuesta radiofónica busca mostrar el potencial de la ficción sonora como puente entre generaciones, combinando un clásico literario con recursos narrativos actuales y un montaje pensado para que la experiencia de escucha resulte inmersiva tanto para el público joven como para quienes ya conocían la novela original.

Una adaptación de Esther García Llovet: viaje en tiempo real por Manhattan

La responsable del guion es Esther García Llovet, que se ha acercado al material de partida con respeto, pero también con voluntad de llevar la historia al presente. Su idea central ha sido construir un relato que suceda prácticamente en tiempo real, de manera que la narración acompañe al oyente como si caminara junto a la protagonista por las calles de Manhattan.

En sus propias palabras, García Llovet buscaba un viaje continuo, sin cortes bruscos, en el que los personajes se fueran cruzando de forma natural dentro de un mismo hilo argumental. Esa decisión la lleva a centrar todavía más el foco en Caperucita/Sara, que se convierte en eje casi absoluto de la acción, reforzando la sensación de que es ella quien mira, interpreta y cuestiona lo que ocurre a su alrededor.

La adaptación pone el acento en una Caperucita respondona, lista y muy despierta, más cercana a cómo hablan y piensan muchas niñas de hoy que a la imagen de la infancia de los ochenta. La autora aprovecha la famosa oralidad de Martín Gaite —esa manera de capturar conversaciones de la calle, de bar, de cafetería— para actualizarla y darle un tono más castizo, casi como si una parte de Vigo, Madrid o Algeciras se hubiera trasladado a Manhattan.

Esta mezcla de paisaje neoyorquino y voces con acento reconocible aporta a la ficción una textura particular, casi de trasplante cultural: personajes que suenan a aquí, pero se mueven entre rascacielos, taxis amarillos y el bullicio de la ciudad. García Llovet reconoce que el proyecto le imponía respeto, porque la obra y su autora son muy referenciadas, y asume su trabajo como una adaptación “humilde y divertida” que intenta no perder la esencia del original.

Otro de los rasgos distintivos de esta versión es la renuncia deliberada a la fórmula clásica del “érase una vez”. La narración se sitúa constantemente en el presente para que lo que le sucede a Sara pase “ahora mismo”, reforzando así la sensación de acompañamiento y la proximidad con la audiencia, algo especialmente efectivo en el formato radiofónico.

Libertad, pantallas y migraciones: temas que miran al presente

Más allá de la trama, la SER y García Llovet sitúan en el centro de la historia una idea que atraviesa tanto la novela original como esta adaptación: la libertad. La ficción parte de una pregunta que ha ganado peso en los últimos años: ¿qué significa ser realmente libres en un mundo saturado de estímulos, dispositivos y urgencias?

En el recorrido de Sara por Manhattan se cruzan luces, ruidos, pantallas y opciones aparentemente infinitas. La niña trata de averiguar qué decisiones toma por iniciativa propia y cuáles vienen marcadas por un sistema que empuja a consumir, moverse y reaccionar sin parar. Ese vértigo aparece también en la figura de su padre, que se pierde ante una colección interminable de tartas que prueba una tras otra sin llegar a saborearlas de verdad, una metáfora de la necesidad de tenerlo todo al alcance sin detenerse a disfrutarlo.

La tecnología adquiere un peso relevante en esta relectura. El teléfono móvil, siempre encendido y en el bolsillo, funciona como símbolo de esa conexión permanente que puede confundirse fácilmente con una sensación de autonomía. Sin embargo, el relato cuestiona hasta qué punto estar localizados, monitorizados y estimulados a cada minuto equivale a elegir por nosotros mismos.

En esa línea, Miss Lunatic pronuncia una de las frases más contundentes de la obra: “Las redes sociales son redes: te pescan, te atrapan y ya no te sueltan”. Con esta imagen, el personaje subraya cómo ciertos espacios digitales, que se presentan como herramientas de expresión y libertad, pueden convertirse en estructuras que condicionan el comportamiento y limitan el margen de maniobra.

La adaptación introduce también referencias más explícitas al contexto político y social de Estados Unidos en los últimos años, como la cruzada antiinmigración vinculada a la era Trump y el clima de polarización. García Llovet utiliza la figura de la migra como nuevo “lobo” del cuento, un agente agazapado a la espera de perseguir a quien hable español o no tenga papeles, lo que amplía la reflexión sobre la pérdida de libertades en un país que históricamente se ha presentado como símbolo de oportunidades.

Miss Lunatic, el miedo y la educación en la escucha

En el corazón emocional de la historia se sitúa Miss Lunatic, una mujer misteriosa que, en la novela, vive escondida en la Estatua de la Libertad durante el día y recorre la ciudad por la noche. En la ficción de la SER, este personaje mantiene su aura enigmática, pero gana relieve como voz que invita a cuestionar el miedo y a abrir la mirada al mundo.

Blanca Portillo, encargada de interpretarla en esta versión, ha comentado que también ella tuvo sus propias figuras “Miss Lunatic” en la vida real: algún profesor y, especialmente, su madre, que le mostraban que hay múltiples caminos posibles y que cada persona debe aprender a escoger el suyo. Ese modelo educativo, basado en observar, decidir y asumir las consecuencias, se proyecta en la relación que Miss Lunatic establece con Sara.

Portillo reflexiona igualmente sobre el papel del miedo en el cuento. A su juicio, no se trata de suprimirlo, porque “quien no tiene miedo es un demente”, sino de aceptarlo y enfrentarlo. El relato propone que el verdadero aprendizaje consiste en atravesar ese temor, sin dejar que paralice, y en descubrir que la curiosidad y la apertura pueden ser más fuertes que la inseguridad.

Otra de las claves que subraya la actriz es la importancia de la escucha y la atención al entorno. Miss Lunatic anima a la protagonista —y, por extensión, a los oyentes— a mirar alrededor, no descartar lo diferente de entrada y mantener cierta disposición a la sorpresa. Esa invitación a “abrir el corazón” conecta con la idea de que, incluso en una ciudad desbordante como Manhattan, todavía es posible encontrar pequeños espacios de alegría y encuentro.

En este sentido, la ficción radiofónica recupera el tono de cuento iniciático de la novela, pero lo sitúa muy claramente en los debates actuales sobre cómo educamos a niños y niñas en un contexto saturado de información y marcado por el peso de las pantallas, las redes y las narrativas del éxito inmediato.

Un reparto de voces reconocibles y un universo sonoro envolvente

Para levantar este proyecto, la Cadena SER ha reunido a un reparto de intérpretes muy conocido por el público español. La joven actriz Nicole Béjar asume el papel de Sara, una protagonista que exige una combinación de ingenuidad, descaro y decisión, mientras que Blanca Portillo encarna a la carismática Miss Lunatic, aportando matices de ternura, ironía y lucidez.

El elenco se completa con Luis Callejo como el Señor Wolf, un lobo muy distinto del villano clásico: no es un ogro temible, sino un caradura encantador, capaz de bailar, seducir y sacar a la abuela de su inmovilidad frente al televisor. El personaje se aproxima más al “lobito bueno” que a la figura amenazante de otros cuentos, aportando un punto de humor y complicidad a la historia.

Junto a ellos, Juan Vinuesa interpreta a Pedro, mientras que Pilar Bergés da vida a una camarera con mucha personalidad. El reparto se amplía con Pedro Casablanc como el señor Allen, Ana Torrent en el papel de señora Allen y Ana Wagener como la abuela de Sara, completando así una nómina de voces muy presentes en cine, teatro y televisión en España.

El diseño de la ficción se plantea como un “universo sonoro” en el que el oyente se sumerge de cabeza. La propia García Llovet ha señalado que, aunque ella imagine las escenas sin un sonido definido, la intención del equipo de la SER es que el audio construya una ciudad reconocible: tráfico, conversaciones cruzadas, ecos del metro, ruidos lejanos de obras o música que se escapa de un local.

Todo ese entorno acústico, unido a las interpretaciones, pretende que el público no solo escuche la historia, sino que la viva. La recomendación de consumo —casco, volumen medio-alto, poca distracción— responde justamente a ese objetivo de convertir el cuento de Navidad en una experiencia inmersiva, más próxima a una película sin imagen que a una lectura dramatizada convencional.

Un viaje de libertad, alegría y crítica social

Aunque el relato trata temas incómodos como la pérdida de libertades, la precariedad o el racismo, la adaptación conserva un tono luminoso y se permite apostar por un final feliz, fiel al espíritu navideño del proyecto. García Llovet señala que, en esta versión, “el lobo de nuestra Caperucita es un lobo bueno que nos ofrece un final feliz”, aunque no deja de recordar que los lobos de hoy —en forma de autoridades migratorias, discursos de odio o dinámicas de control— pueden “comerse a todo el mundo” si no se les planta cara.

La autora defiende la alegría como motor de cualquier viaje. Entiende que la historia de Sara no puede arrancar desde la tristeza absoluta, sino desde una energía curiosa, juguetona, que permita al personaje atravesar las dudas, la soledad o la intemperie que a veces acompañan a la conquista de la libertad personal.

En paralelo, la ficción subraya que romper el ritmo impuesto y salirse del camino marcado implica asumir riesgos. La libertad no se presenta como un estado ideal, cómodo y garantizado, sino como un proceso en el que hay que equivocarse, rectificar y aprender. Ese matiz evita un mensaje excesivamente edulcorado y conecta con la experiencia cotidiana de muchos oyentes.

Desde la emisora insisten en que este Cuento de Navidad pretende dialogar directamente con la realidad europea y española, donde también se viven tensiones en torno a la inmigración, el auge de discursos polarizados y el debate sobre el uso de la tecnología. Al situar a Caperucita en un Manhattan que podría reflejar cualquier gran metrópoli occidental, la historia funciona como espejo de preocupaciones compartidas a uno y otro lado del Atlántico.

La combinación de crítica social, ternura y humor, junto al ritmo casi cinematográfico del plano secuencia, busca que el oyente se deje llevar por la aventura, pero salga de ella con alguna pregunta resonando en la cabeza: qué significa hoy elegir, hasta dónde llega nuestra autonomía y qué precio estamos dispuestos a pagar por sentirnos verdaderamente libres.

Con esta nueva adaptación de «Caperucita en Manhattan» como Cuento de Navidad de la SER, la radio pública española refuerza su apuesta por la ficción sonora como espacio de experimentación y memoria literaria, recuperando a Carmen Martín Gaite para el gran público y planteando, desde un Manhattan lleno de luces y ruido, un debate muy actual sobre libertad, miedo, pantallas y esperanza que podrá escucharse en España y en cualquier lugar de Europa a través de las plataformas de audio.

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