La librería del señor Livingstone, que firma Mónica Gutiérrez, es una novela feelgood o para sentirse bien, si nos ahorramos el anglicismo, subgénero muy de moda para lectores sin más pretensiones que las de pasar un rato agradable en el que quedarse con las mejores sensaciones de una historia. Si además está ambientada en una muy especial librería londinense y sus personajes son también de lo más singulares, el conjunto es exactamente lo que se va buscando. Esta es mi reseña.
La librería del señor Livingstone — Sinopsis
Esta novela nos cuenta la historia de Agnes Martí, una arqueóloga en paro que se ha trasladado a Londres en busca de una oportunidad laboral. Su ambición es trabajar para algún museo de la capital británica y su sueño ideal sería hacerlo en el British Museum, pero de momento se conforma con ir dejando currículums en distintos sitios y viviendo con una agradable compañera camarera en un acogedor café. Sin embargo, una tarde, desanimada y triste por ver que no le sale nada y sin ganas de volver a Barcelona para no reconocer su fracaso, decide dar un paseo. Es entonces cuando, sin darse cuenta, termina deambulando por el corazón del barrio del Temple y parándose delante de una recóndita librería cuyo pomo de la puerta tiene forma de pluma y el hermoso rótulo azul de Moonlight Books la invitan a entrar.
Enseguida conoce a Edward Livingstone, un librero muy particular que le explica que el local debe su nombre a un espectacular techo de cristal que permite contemplar la luna y las estrellas en las noches despejadas. Agnes se queda muy intrigada por la personalidad y el sentido del humor del señor Livingstone y decide aceptar la oferta de convertirse en su ayudante mientras continúa su búsqueda de trabajo.
La librería Moonlight Books y sus personajes
A partir de ahí quedará prendada de la coqueta librería, en la que no solo esa cúpula de cristal es su sitio más especial y atrayente, sino que también te puedes tomar el té de la tarde en el rincón de los románticos. Además, conocerá a los también muy singulares clientes habituales como el señor mayor que se parece a Mr. Magoo, la vecina lectora que no puede pasar si un libro cada semana y que viene a comentarlos siempre, o el pequeño Oliver Twist, un niño muy especial e inteligente al que su atareada madre abogada suele dejar allí a modo de guardería cuando sale del colegio. También entablará amistad con la bella editora (y prometida) de Edward. Así, el día a día se verá recompensado por momentos entrañables como las cenas junto a la chimenea del pub Darkness and Shadow o con su compañera de piso.
Además, Agnes, poco lectora hasta entonces, se verá atrapada tanto por las buenas lecturas que le recomienda Edward como por esos mínimos detalles cotidianos. Sin embargo, aunque Moonlight Books parece un oasis de paz en el Londres fuera de sus muros, en una noche de tormenta se produce el misterioso robo de un libro con mucho valor, que está expuesto como una joya y es muy importante para el señor Livingstone. Será entonces cuando hará su aparición el inspector John Lockwood, que rápidamente se sentirá atraído por Agnes. Y ella por él, por supuesto.
La librería del señor Livingstone — Reseña
Muy simple y clara: una muy agradable novela ideal para leer en cualquier época del año pero mucho más en esta de otoño y con vistas a Navidad. Si este subgénero literario ha triunfado, es por esa sencilla razón: la sensación única de estar disfrutando con una historia ligera, sin artificios ni complicaciones, sin intrigas excesivas ni corazones en un puño, sino acariciados por el romanticismo intrínseco a una librería como escenario de esa acción pausada.
Con personajes tan acogedores como el lugar y el fondo de un Londres que siempre es de admirar, La librería del señor Livingstone se lee como cualquier clásico de época, pero ambientado en el presente, que se destila con toques de humor y amor, algún malentendido o circunstancia que propia el desencuentro de los protagonistas y la seguridad de que todo se aclarará, volverá a su cauce y acabará como tiene que ser: de la mejor manera. De modo que el objetivo se cumple al cien por cien y también las expectativas de ese buen sabor de boca y sonrisa al terminar de leer.
Mónica Gutiérrez
Barcelonesa licenciada en Historia y Periodismo, su afición, o más bien pasión, por la literatura británica, de humor y con encanto, con debilidad por Jane Austen y las historias de época la ha hecho dedicarse a escribir ficción y especializarse en este género de novela feelgood. Ya lleva diez títulos publicados, muy bien recibidos por los lectores, y se ha llevado varios premios y menciones en concursos de narrativa breve y poesía.